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COLUMNA ABIERTA 
Una alternativa fácil es sacar exactamente la misma lista que se hizo el año pasado y pasarla en limpio y cambiarle la fecha. Apuesto que muy pocas cosas han cambiado.
Por Walter Turnbull ¿Propósitos de año nuevo? Si, ¿por qué no? Los podría hacer cada quien el día de su cumpleaños o al comenzar el año litúrgico o con el comienzo de la primavera... en realidad todos los días deberíamos hacer nuestra lista de buenos propósitos, e irla renovando cada día, pero el fin de año oficial es un buena ocasión, no cabe duda. Una alternativa fácil es sacar exactamente la misma lista que se hizo el año pasado y pasarla en limpio y cambiarle la fecha. Apuesto que muy pocas cosas han cambiado. Si usted es uno de aquellos que tuvo la voluntad y la oportunidad de cumplir alguno de esos propósitos cabalmente, lo felicito. Ojalá que usted, y muchos más a ejemplo de usted, sigan por ese camino. Para el mundo, lo más natural es que se esperen, o al menos se deseen, mejoras en la salud, en la economía, en el bienestar... Conseguir un mejor trabajo, independizarme, ampliar mi cartera de clientes, una mejor casa, un coche mejor, el último celular, el último aparato multimedia, unas vacaciones más ambiciosas... Los propósitos podrían ser trabajar más, más disciplina y menos ocio para merecer esas vacaciones, más relaciones con la gente adecuada, más constancia en el ahorro... A un nivel más humano, nos vendría bien preocuparnos por nuestra superación y nuestras relaciones humanas y familiares. Sería recomendable prepararse más, asistir a buenos cursos y leer buenos libros, dedicar más tiempo a la familia, comunicarse más con los hijos, compartir con ellos momentos de calidad, tener más detalles con la pareja, evitar la ira, el mal humor y el negativismo, volver a hacer ejercicio, escuchar más música que me guste sin molestar a los demás, asistir a eventos culturales, aprender un hobby, dejar de fumar, comer menos y más saludablemente... «Si pudiera volver a empezar contemplaría más atardeceres, nadaría más ríos, plantaría más rosas...». A nivel cristiano solamente una cosa nos debería preocupar: ¿Cómo voy a avanzar en el camino de mi salvación, que es finalmente para lo que estoy en este mundo? ¿Cómo voy a alejarme de ese vicio y acercarme a la virtud? ¿Cómo voy a servir más y mejor al prójimo? Si los otros propósitos contribuyen a éste, sean bienvenidos; si no, habría que cambiarlos. Tal vez, para alcanzar la santidad, algún día, al comenzar cada día, en vez de maquinar «¿qué más me gustaría adquirir?», tendremos que preguntarnos: «¿A qué más puedo renunciar?» o «¿Qué más puedo dar?» o «¿En qué otra forma puedo servir?». Que tengamos todos un santificante año nuevo. |