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Escrito por Ignacio Navarro Valle
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Domingo 26 de Agosto 2007 |
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CONTRACULTURA 
Es positivo que en los medios de comunicación el tema ambiental se esté presentando continuamente, quizá, financiado por movimientos ideológicos y políticos del mundo, pero no es mi propósito analizarlos, sino reflexionar por qué hemos llegado a esta alarma mundial en el imaginario colectivo.
Por Ignacio Navarro Valle
Es positivo que en los medios de comunicación el tema ambiental se esté presentando continuamente, quizá, financiado por movimientos ideológicos y políticos del mundo, pero no es mi propósito analizarlos, sino reflexionar por qué hemos llegado a esta alarma mundial en el imaginario colectivo.
Despertar la conciencia de que todos habitamos la tierra, nos viene bien. A ello contribuyen las galerías que en la Internet puede uno apreciar de imágenes del globo terráqueo tomadas desde el espacio, captándolo —las más de las veces— en sus predominantes colores azul, verde y blanco, avanzando silenciosamente a 14 kilómetros por segundo, por el espacio sideral. ¡Fenomenal!
De aquí que a esas imágenes de alarma, llevadas a las pantallas del cine con crudeza y científica sustentación, se les premie con el Oscar cinematográfico como mejor documental. ¡Excelente!
Solo que esto, por sí mismo, no es suficiente, porque recordemos que el acelerado cambio climático es producto, entre otras cosas, de costumbres (culturas) concretas y personales que han solapado el discriminado despilfarro de los recursos que nos proporciona gratuitamente el planeta. El aire, agua y tierra, indispensables para la sustentación de cualquier iniciativa humana, sea ésta individual o colectiva, se ven, hoy, sometidos a riegos de escasez y deterioro criminal, antes insospechados. ¿Se imagina trabajar o vivir en un lugar donde se carezca de agua, y/o la existente sea mal oliente y contaminada, o que el aire que respiremos, en vez de proveernos oxígeno, suministre bióxido de carbono? No, ¿verdad?
Por eso la invitación a que, a través de nuestras acciones positivas, provoquemos la contracultura que restaure el equilibrio en todos los seres que habitamos la Tierra. |