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TEMA DE LA SEMANA
Inmersos en un mundo de signos - El significado de los números en las Sagradas Escrituras - Las matemáticas de Dios
Inmersos en un mundo de signos
Hasta Dios se vale de ellos, pues sin signos y símbolos la comunicación sería imposible .
Nuestro Señor Jesucristo habla de discernir los «signos» de los tiempos (cfr. Lc 12, 54-56) y de las «señales» que acompañarán a los que crean en Él (cfr. Mc 16, 17-18). Tras ser bautizado por Juan descendió sobre Él el Espíritu Santo con «apariencia» de paloma (cfr. Mt 3, 16). Es que los signos son absolutamente necesarios para hacerse entender. Un niño difícilmente será capaz de percibir el amor de sus padres si éstos no se lo demuestran a través de actos; se puede amar mucho, pero el amado no lo notará si faltan los signos que lo demuestren.
Del signo al símbolo
Los signos, pues, «señalan» o «significan» algo, o sea que sirven como referentes o imágenes de una cosa. Pero si los signos, además, son capaces de transmitir una idea, entonces se habla de «símbolos». Es decir, un símbolo tiene siempre un significado más amplio; un símbolo acaba siendo una representación sensorial de una realidad más allá. Como definiera el filósofo y antropólogo francés Pablo Ricoeur, el símbolo es un signo cuyo significante (palabra, objeto, gesto, etc.) posee un «doble significado», de manera tal que el significado primero y manifiesto remite a un segundo significado que sólo puede ser alcanzado a través del primero.
La civilización habría sido imposible
José Luis Herrera Arce, en su Ensayo sobre la Cultura, escribe que «sin los símbolos, el hombre jamás hubiera podido recorrer la ruta que hoy llamamos civilización»; después de todo, «hasta los más íntimos detalles de nuestra vida está llena de símbolos; digamos por ejemplo el semáforo, nos indica acciones que simboliza por medio de los colores. Pero sin lugar a dudas, los que han sido más importantes en nuestra vida son los lenguajes, partiendo del oral, por el que, por medio de sonidos, tenemos la capacidad de indicarles a otros sobre las cosas, los fenómenos o las esencias. Y los sonidos los convertimos en gráficos [escritura]».
Lo que hace falta para entender un símbolo
Puesto que los símbolos significan algo sólo para quien haya adquirido la habilidad de interpretarlos, ésta es la razón por las cual ciertos signos pasan desapercibidos para algunas personas, mientras que tienen especial importancia para otras. Así, por ejemplo, los cristianos del siglo II popularizaron el uso de la figura del pez -en griego ichthus, letras que corresponden al acróstico «Jesús Cristo Hijo de Dios Salvador»- en los tiempos de persecución: bastaba con que un cristiano trazara disimuladamente el dibujo simplificado de un pez en el polvo del suelo (o en cualquier otro lado) para que su interlocutor, de ser cristiano, supiera que se hallaba en compañía de un correligionario; de otro modo, el no cristiano simplemente veía un pez sin sospechar nada.
Signos externos, para todos
Casi todas las religiones tienen símbolos externos que las identifican frente al resto de las creencias; así, la Cruz es el signo por excelencia de los cristianos - «En cuanto a mí, no quiero sentirme orgulloso más que de la Cruz de Cristo Jesús, nuestro Señor» (Gal 6, 14), dice san Pablo-, mientras que la media luna con una estrella lo es para los musulmanes ; la estatua de Buda y la rueda del dharma, para los budistas , y la llamada «estrella de David» y también la menorah o candelabro de siete brazos lo es para los practicantes de la religión judía.
La fascinación por lo secreto
Pero ningún símbolo suele causar más curiosidad que aquel que es tenido como «secreto». Las religiones paganas -masonería, espiritismo, gnosticismo, wicca, etc.- son muy proclives al uso de tales signos, aun cuando muchos de ellos se ha vuelto ya del conocimiento público. Pongamos, por ejemplo, el caso de la masonería, cuyos miembros han estado moviendo casi todos los hilos de la historia desde el siglo XVIII: la revolución francesa, la fundación de naciones americanas (México, Venezuela, Estados Unidos, Cuba...), la imposición del laicismo mundial, etc. En la religión masónica abundan los objetos simbólicos (la escuadra, el triángulo, la plomada, el mandil, sus templos con suelo ajedrezado y hemiciclo de bóveda con siete estrellas, etc.). Pero como poco de esto suele estar a la vista, lo que genera más expectación son sus símbolos gestuales, por ejemplo, sus saludos.
Apretón de manos
Enseña Ricardo de la Cierva, historiador y político español, que se llama «retejar» a la forma peculiar de saludarse los masones para reconocerse en y fuera de la logia mediante «toques»(dar con el dedo pulgar de la mano derecha tres golpecitos en la primera falange del índice del otro mientras se le estrecha la mano). El desconocimiento del modo real del saludo masónico -si bien puede haber variantes- ha dado lugar a que cualquier apretón de manos entre políticos, empresarios prominentes, alta jerarquía católica o gente de la nobleza sea frecuentemente visto con sospecha.
El ósculo de paz
Según comenta el masón Guillermo Fuchslocher, dentro del rito francés moderno se practica «el ósculo de paz o triple beso masónico francés, que se da en la mejilla izquierda, la mejilla derecha y nuevamente la mejilla izquierda». En cambio, el saludo común entre los franceses no masones-y en general entre los europeos continentales- es el doble beso dado entre labio y mejilla o entre mejilla y mejilla con los besos en el aire. Entre los masones de países poco dados a besar se prefiere la práctica del triple abrazo.
Los símbolos político-religiosos en México
La simbología masónica estuvo visible en la vida cotidiana de México durante las décadas de gobierno del partido que acaba de recuperar el poder Ejecutivo en las elecciones del 1º de julio -sus principales miembros suelen ser de religión masónica-: desde algunas monedas hasta las omnipresentes bancas metálicas de los parques públicos de toda la nación, se dejaba ver el símbolo no ritual pero sí político-masónico del gorro frigio con la leyenda «Libertad» (casi todas las bancas ya han sido sustituidas por otras sin este emblema).
Se supone que en la antigua Roma los esclavos frigios, cuando eran liberados, acostumbraban usar un gorro característico (igual al de los personajes animados llamados pitufos). Los masones lo tomaron más tarde como su símbolo de libertad. Explica el Grupo Masónico Humanitas 21 en su página web: «En los misterios de Eleusis, al colocarle el gorro frigio al iniciado se le decía: ‘Recibe este gorro que es un símbolo más valioso que cualquier corona real'». Sin embargo, según la logia a la que se pertenezca, los masones pueden usar en sus ceremonias rituales diversos tipos de sombreros: birrete, triángulo, gorro, etc.
Cristo, el mayor signo
En resumen, se crea en lo que se crea, los símbolos son inevitables. El Creador de todo lo visible y lo invisible así lo planeó. Y todas sus creaturas dan, por signos, testimonio de Él. Más aún, cuando el Verbo de Dios se hizo hombre se convirtió por antonomasia en «el signo» que Dios ha dado de Sí mismo (cfr. Lc 2,12; 2,34); porque Jesucristo, verdadero Dios, a través de su humanidad visible nos permite conocer a Dios invisible.
D. R. G. B.
El significado de los números en las Sagradas Escrituras No debe hablarse de una «numerología bíblica» si por «numerología» se entiende la práctica adivinatoria a través de los números. Pero sí conviene estudiar el simbolismo de los números en la Palabra de Dios para entender mejor su mensaje
Al matemático griego Pitágoras se le ocurrió, allá por el año 530 a. C., que los números podían servir para mucho más que cuantificar: llegó a la conclusión de que muchas propiedades y comportamientos de los objetos pueden ser formulados matemáticamente, y, por tanto, supuso equivocadamente que los números son el principio de todo en el universo. Semejante cosmovisión lo llevó incluso a fundar una secta filosófico-religiosa que creía en una «vibración numérica».
LA NUMEROLOGÍA HOY
En general, en las antiguas culturas paganas se acabó creyendo en una relación mística entre los números, los seres vivos y las fuerzas físicas y espirituales. De ahí nació la pseudociencia de la numerología, la práctica adivinatoria que utiliza los números.
A pesar de su probado carácter anticientífico, hoy sobrevive a través de la astrología, la magia y otras prácticas propias de la New Age. Sus promotores aseguran que la numerología permite investigar la «vibración secreta» del código de una persona a fin de enseñarle a utilizar los números para su beneficio. Para averiguar el número de alguien, algunos enseñan que deben sumarse los números de su fecha de nacimiento; pero otros dicen que lo que hay que sumar es el valor de las letras (que los adivinadores han asignado a capricho) del nombre y apellido del sujeto. Claro, los resultados entre un sistema y otro difieren diametralmente, demostrando su rotunda falsedad.
SIGNIFICADOS OCULTISTAS
Como la simbología atribuida a un número depende de la decisión de su inventor y de su sostenimiento en una cultura determinada, mientras un número significa «equis» cosa en una numerología, puede indicar «ye» en otra. Aquí unos ejemplos:
En algunos cultos satánicos, el 5 es el número de la muerte; en cambio, para las sectas masónicas indica la luz, el matrimonio y la naturaleza, y para algunos magos es la energía e indicio de buena suerte.
La masonería tiene al 8 como indicativo de la amistad, mientras que en otras religiones paganas es señal de lo malo. El «nuevo mesías» Alfredo Benítez dice, en cambio, que el 8 representa el poder y la justicia.
Según algunos magos numerólogos, el seis representa lo auténtico, lo necesario, lo adecuado; y, según la masonería, indica salud y justicia.
Semejante divergencia debiera ser más que suficiente para hacer entender al hombre que ni los números, ni el té, ni las líneas de la mano, ni las piedras adivinatorias (runas), ni las cartas tienen el poder de predecir el futuro de nadie. Sólo a Dios pertenece el tiempo, y Él , como único Señor del Universo y de la Historia, determina qué ha de permitir qué ocurra y qué no.
LOS NÚMEROS EN LA BIBLIA
En las Sagradas Escrituras el uso de ciertos números tiene, sin duda, un significado simbólico. Pero no sería correcto hablar de una «numerología bíblica», entendida ésta como un arte adivinatorio y de magia. En la Biblia no hay esoterismos, pero sí simbolismos, y no sólo numéricos: hay toda clase de signos o figuras aun en los hechos históricos, los cuales remiten a otros acontecimientos; por ejemplo, el acto en que Abraham va a sacrificar a su hijo Isaac es figura indiscutible del Padre que acepta el sacrificio de su Hijo Jesucristo para la salvación de la humanidad.
Las Escrituras suelen usar ciertos números para enseñar una verdad espiritual, pero hay que tener en cuenta que muchas veces un número en la Biblia es simplemente un número. Aunque el moderno hombre occidental no suela entender los números simbólicos bíblicos, eso no significa que hayan sido puestos ahí como mensajes secretos o códigos ocultos: Dios no juega a las escondidas (ni siquiera cuando la Biblia usa el género literario apocalíptico); su voluntad fue ofrecer a los suyos «la verdad completa» (Jn 16, 13). Más bien, para entender los números simbólicos en las Escrituras hay que estudiarlos a la luz del magisterio de la Iglesia.
Diana R. García B.
Las matemáticas de Dios
Los números en la Biblia pueden indicar simplemente una cantidad real, por ejemplo: «Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén» (II Re 22, 1); «Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros» (Jn 11, 18). Pero otras veces tienen un simbolismo y, por tanto, comunican un mensaje. En la lengua hebrea las letras tienen un valor numérico, y el número obtenido con la combinación de letras se llama gemátrico. En cada cifra puede haber escondida una palabra. La Biblia trae varios ejemplos de estos números gemátricos. Por ejemplo: cuando salieron los israelitas de Egipto dice que salieron 603,550 hombres, sin contar mujeres y niños; pero si se sustituyen las letras de la frase «todos los hijos de Israel» (en hebreo) por sus correspondientes valores numéricos da precisamente 603,550, por lo cual lo que se está diciendo es que salieron no esa cantidad real de hombres sino todos los hijos de Israel, que seguramente eran bastante menos numerosos (dos parteras bastaban para asistir los nacimientos de todos los hebreos, cfr. Ex 1, 15-16).
UNO El número uno simboliza a Dios, que es único; por tanto, indica exclusividad, primado y excelencia: «Uno solo es el Bueno» (Mt 19, 17); 30 «El Padre y Yo somos una sola cosa» (Jn 10, 30)
DOS Es necesario el testimonio de dos para que una afirmación sea válida: «El testimonio de uno solo no basta para condenar a muerte a alguien» (Nm 35, 30). «Si yo diera testimonio de Mí mismo, mi testimonio no valdría. Pero hay Otro que da testimonio de Mí» (Jn 5, 31-32); «Yo doy testimonio de Mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de Mí» (Jn 8, 18).
TRES El número tres representa la totalidad pues Dios es Uno, en Trino: «¡Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria» (Is 6,3).
CUATRO El número cuatro simboliza el mundo, el cosmos, ya que son cuatro los puntos cardinales (cfr. Ez 37, 9; Ap 4, 6). Cuando se dice que en el Paraíso había cuatro ríos (cfr. Gn 4,10) significa que todo el cosmos era un Paraíso antes del pecado de Adán y Eva. Ez 37,9 Apoc 4,6.
SIETE El siete y sus múltiplos representan la perfección. Por eso Jesús dirá a Pedro que debe perdonar a su hermano hasta 70 veces siete. El Apocalipsis emplea 54 veces el número siete para describir simbólicamente las realidades divinas: las siete Iglesias del Asia, los siete espíritus del trono de Dios, las siete trompetas, los siete candeleros, los siete cuernos, etc.
DOCE El número doce significa elección. Por eso se hablará de las 12 tribus de Israel, cuando en realidad eran más (en la división del territorio en 12 partes, la tribu de Leví quedó fuera de la repartición). Jesús eligió 12 apóstoles y el Apocalipsis habla de 12 estrellas que coronan a la Mujer.
CUARENTA Representa un tiempo de purificación, el cambio de un período a otro y los años de una generación. Por eso el diluvio dura 40 días y 40 noches, los israelitas están 40 años en el desierto, Moisés permanece 40 días en el monte Sinaí, Elías peregrina otros 40 días hasta allí, y Jesús ayuna 40 días (porque es el cambio de su vida privada a su vida pública).
MIL El número mil significa multitud, gran cantidad (cfr. Dn 5, 1; I Rey 3,4). A veces este número puede entrar en combinación con otros; así, en el Apocalipsis dice que al final del mundo se salvarán 144,000 individuos de las tribus de Israel, porque es la combinación de 12x12x1000, y significa entonces los elegidos del Antiguo Testamento (12) y los elegidos del Nuevo Testamento (12), en una gran cantidad (x 1000). |