Año de la Fe
   Domingo 26 de Mayo 2013   Inicio arrow No. 894 (26 de agosto de 2012) arrow México en Kenia
Inicio
Buscar
Archivo
Contacto
Nosotros
Directorio
Suscripciones
Boletín gratuito
¡Escucha México!
Enlaces
¡Ayúdenos!
Franquicia
Noticias Aleteia

Feed de El Observador Sucripcion por mail de El Observador Facebook de El Observador Twitter de El Observador

PUBLICIDAD

Publicidad

Publicidad


Blog de un periodista católico: Jaime Septién

Red de periodistas, escritores y medios católicos de habla hispana

Buscando la verdad

Red Global Católica

Valorar la sexualidad de acuerdo al plan de Dios

Divulgación de información científica relacionada con la sexualidad

Televisión católica / Iluminando al mundo

México en Kenia Imprimir
Escrito por P. Ignacio Flores García   
Domingo 26 de Agosto 2012

Image En un país donde el catolicismo se abre puertas, los misioneros comparten sus experiencias de evangelización

Tenía apenas unos meses en la misión de Kenia y me resultaba difícil entender la realidad cultural de este lugar. El pensamiento de nuestros hermanos africanos y muchos aspectos de su vida son diferentes a los nuestros. Pero, por otra parte, es muy alentador ver cómo los misioneros, que han estado trabajando desde hace muchos años en esta tierra, realizan su labor con gran entusiasmo, ya que participan en la construcción del Reino de Dios. Lo hacen, sobre todo, con mucha paciencia y entrega. Ellos realizan esta tarea evangelizadora como bien se diría: a fuego lento o poco a poco.

Quiero contarles la experiencia que tuve en una de las misiones situada a unas tres horas de distancia de la ciudad de Nairobi. Me refiero a la misión de Mashuru, donde los sacerdotes y hermanos Pablo y José Bejarano comparten la Buena Nueva entre el pueblo maasai. Yo me sentía muy entusiasmado porque conocí el lugar; y, sobre todo, por estar en una iglesia que pudiera estar llena de ancianos, guerreros y toda la comunidad maasai.

Esperé ansiosamente el siguiente día para encontrarme con el pueblo maasai en la celebración de la Misa, pero esto no sucedió: solamente se hallaban el Padre Pablo, dos religiosas que atienden una escuela, dos catequistas, los seminaristas que habían ido de visita y nadie más.

Ese día no me dije nada a mí mismo. Pensé que tal vez al día siguiente vería una Misa como antes la había imaginado: con la gente maasai. Al otro día, sucedió lo mismo y de nuevo me quedé callado ante aquella situación que me parecía extraña.

En la noche, en un momento de oración, interrogué al Cristo misionero que nos había invitado a compartir su cariño y amor con personas de esta región: ¿Por qué no viene la gente a escuchar tu Palabra?, ¿por qué no se acercan a pedirte bendiciones? Yo trataba de expresar mi desilusión. En ese momento, valoré también los momentos vividos después de las Misas de esos dos días y, antes de continuar con las preguntas, se me dieron las respuestas, pues me acordé de ese pasaje de la Biblia donde Jesús nos promete que, donde estuvieran dos o tres reunidos en su nombre, ahí estaría Él, y, en efecto, así fue.

Pensé en el Padre Pablo, quien celebró las Misas y que, a pesar de su edad de 72 años y las condiciones físicas tan duras de esa misión, estuvo ahí para acercarnos a Dios. Por otra parte, tanto las Hermanas religiosas como los catequistas eran kenianos dedicados totalmente a la obra misionera entre sus hermanos. Y, finalmente, también nos encontrábamos los seminaristas, quienes habíamos sido invitados a conocer los retos de ese trabajo evangelizador. Por supuesto que, después de haber hecho esta breve meditación, me pareció como si ya se me hubiera contestado el interrogatorio que realicé. Entonces, me dije «a fuego lento, amigo, a fuego lento y poco a poco».

De esta manera, queridos lectores, es como poco a poco madura la mies del Señor en esta y otras misiones donde Jesús nos invita a compartir su mensaje. Por último, sólo quiero agregar que, después de unos días, en una de las celebraciones, ya no nos encontrábamos tan solos porque muchos hermanos maasai: mujeres, niños, jóvenes, guerreros y algunos ancianos nos acompañaron a compartir el amor de Dios en la Santa Misa. ¡Jóvenes!, anímense a compartir el proyecto de Jesús en México y el mundo entero. Cristo necesita corazones jóvenes y dispuestos a compartir la Buena Nueva del Reino de Dios.

P. Ignacio Flores García
Misionero de Guadalupe

www.mg.org.mx

<Anterior   Siguiente>

Pancarta
Los artículos firmados son responsabilidad del autor. Las palabras de "El Observador de la Actualidad" y el logo son Marca Registrada. Derechos Reservados: Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2013