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Fray Cristian es nicaragüense, es comunicador social y fraile
de la congregación de los Carmelitas Descalzos. En 2004 entra a la
orden con el deseo de consagrarse al Señor y trabajar en la comunidad;
inicia su experiencia de postulantado en Costa Rica. Se encuentra
iniciando el cuarto año en la formación teológica y conversó con El
Observador sobre la espiritualidad de los Carmelitas Descalzos como una
experiencia de comunidad orante.
¿Cómo vive un fraile la espiritualidad de los Carmelitas Descalzos? Los Carmelitas Descalzos, como todo Cristiano, beben de la Eucaristía, las Sagradas Escrituras y la Liturgia. Es una vida que está envuelta dentro de los sacramentos, de todo aquello que nos presenta la Iglesia para vivir como cristianos; el carmelita descalzo le agrega algo más y es el carisma de nuestros padres, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; ellos nos invitan a hacer comunidades orantes al servicio del Reino, con la experiencia de la oración, ese encuentro amigo con Jesús, como lo dice Santa Teresa. ¿Cómo se conjuga oración y apostolado? Fruto de la oración viene el apostolado y si tanto la oración como el apostolado lo hacemos en comunidad, como comunidad nos proyectamos al servicio de los otros para dar testimonio ante los demás; es una vivencia de continua atención a Cristo, a los hermanos y en las realidades en las que está el carmelita descalzo. ¿Qué papel juega la contemplación y el fervor apostólico en un Carmelita Descalzo? La contemplación es una experiencia orante, una experiencia de encuentro con el Señor, y luego viene el fervor apostólico; si es verdadero ese encuentro con el Señor, esa misma oración te impulsa a tener fervor, a entregarte por los demás, a desgastarte por ellos, a servir. La oración no tiene que ser un trato intimista pensando sólo en mi persona y mis necesidades; la oración se convierte en una experiencia apostólica, en llevar cada una de las realidades que vamos conociendo en la vida cotidiana, en lo que vemos en los medios, y, tras el encuentro con Cristo, nos vemos impulsados a imitarle y a servir a los otros, a tener ese deseo y ser obsequio de Cristo. ¿Cómo experimenta el carisma teresiano y al mismo tiempo lo lleva a la práctica? Podemos estar nosotros muchas veces leyendo nuestras Constituciones y las Sagradas Escrituras y conocer hasta de memoria citas bíblicas y frases de muchos santos, pero si no vamos haciendo un camino de verdadero encuentro con el Señor entonces no lo vamos a llevar a la práctica. Debe haber un gran deseo de servir y querer hacer vida cada una de las palabras que se nos presentan y los Carmelitas Descalzos estamos llamados e invitados a vivirlo; supone un esfuerzo de parte nuestra para llevarlo a la vida, porque si no, entonces todo se va en palabras bonitas. ¿Qué es un Carmelita Descalzo en la sociedad de hoy? Pienso un poco en la experiencia que tuvo Santa Teresa de Jesús ante las situaciones que vivía la Iglesia de su tiempo, la Iglesia del siglo XVI: la situación de separación, los movimientos protestantes, el luteranismo, la profanación de la Eucaristía y también en la situación de América: la necesidad de la evangelización, eso la movió a ella a dar respuesta sobre necesidades que tenía en su mano. El carmelita en la sociedad de hoy debe tener una vida coherente, de acuerdo con lo que ha comprometido, e ir haciendo una experiencia profunda con el Señor y empezar a iluminar cada una de las realidades, porque el contemplativo está invitado a ver más allá de lo que ven otros, y tratar de iluminarlas. Hay un gran campo donde dar respuesta, donde nos vamos moviendo y desarrollando, en cada uno de los apostolados. Tampoco hay que olvidar la evangelización que nos plantean las nuevas tierras de internet. Por: María Velázquez Dorantes. |