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Entre el 27 y el 28 de julio fueron profanadas hostias
consagradas en dos parroquias del sur del país. En ambos casos el
ultraje se hizo por la madrugada y hasta el momento no hay detenidos.
Yucatán En una capilla dedicada a Santa Teresa de Calcuta en el municipio de Caucel,en la madrugada del viernes 27 entraron uno o varios, rompieron el sagrario con un martillo y derramaron las formas eucarísticas (las hostias) en la explanada que hay junto a la cuasiparroquia. El párroco, el sacerdote Baltazar Cervera, afirmó que se percataron de la profanación cuando el sacristán llegó por la mañana y descubrió abierta la capillita del Santísimo y se dio cuenta de que el sagrario fue arrancado y destruido para después tirar las hostias en el patio. A este acto se suma el robo de una placa colocada en 2003, frente el sitio donde Juan Pablo II ofició una Misa, el 11 de agosto de 1993, ubicado también al poniente de la capital, para conmemorar los primeros 10 años de ese encuentro, al que se estima asistieron un millón de personas. El robo se habría suscitado hace unas tres semanas, de acuerdo con un señalamiento del párroco de la comunidad de San Pedro; sin embargo, las autoridades del municipio de Mérida conocieron del hecho en los últimos días. Tlaxcala En la iglesia de San Mateo Actipan, Calpulalpan, la madrugada del sábado 28 de julio se robaron las hostias consagradas, tres óleos, dos de ellos del siglo 18 y uno del 17, así como un copón, un cáliz y dinero de limosnas. El obispo de Tlaxcala, monseñor Francisco Moreno Barrón, indicó que se presentó ya la denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR), en contra de quien resulte responsable por el delito de «sacrilegio». El obispo recordó que si el robo de hostias es un acto consciente y deliberado se atenta contra la Eucaristía y directamente los ladrones están fuera de la Iglesia y necesitan pedir el perdón; pero si «fue un acto irreflexivo y sólo buscaban bienes materiales, sólo recae sobre ellos esa pena, pero deben darse cuenta que han dañado al pueblo de Dios y arrepentirse por sus actos». |