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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA 
Lo que me pasó cuando intenté algo diferente en vísperas de Navidad.
Por Claudio de Castro Siempre paso feliz los días previos a la Navidad. Me emociono profundamente por el amor de Dios. Pero veo a muchos, tan agitados y preocupados, que no disfrutan la Navidad. Hace algunos años decidí intentar algo diferente, vivir una aventura por Jesús... en vísperas de la Navidad. Por su amor, saludaría a cuantos encontrara en mi camino con un: ¡Feliz Navidad! ¿Algo tan sencillo, podrá hacer la diferencia? Encontré a muchos, ocupados y malhumorados y no me prestaron atención. En los almacenes había un caos, una desesperación por comprar. Parecía que nadie tenía tiempo para las otras personas, para amar, compartir y recordar el sentido verdadero de la Navidad. Empecé con serenidad en el corazón y una oración en el alma. Recuerdo que me acerqué a una señora que tomaba un boleto numerado en una panadería, esperando ser atendida. Tenía una agitación grande por tomarlo primero que yo. Me miró disgustada cuando me acerqué. — ¡Feliz Navidad! —le dije amablemente. Me miró extrañada, como preguntándose «¿A éste qué le pasó?». No me desanimé por esta respuesta. Traté de amar y comprender a la buena señora, con sus problemas y sus virtudes. Seguí adelante con el proyecto... y pronto empecé a recibir sonrisas inesperadas y unas pocas palabras que me llenaron de ánimo: «Muchas gracias... Feliz Navidad». De todos, el que más me impresionó fue un policía que caminaba malhumorado. Iba del otro lado de la calle cuando lo llamé: — ¡Oficial!... Se volteó rápidamente colocando su mano sobre el arma. Me observó con sospecha. Le sonreí y exclamé: — ¡Feliz Navidad! Dejó su pistola en el estuche. Me miró unos segundos preguntándose qué pasaba. De pronto sonrió. Algo en él había cambiado. Fue increíble. Levantó la mano saludando y respondió entusiasmado sin perder la sonrisa: — ¡Feliz Navidad para usted también! Al rato continuó su camino, sonriendo, con una alegría interior que se le desbordaba en la mirada. Y yo, también sorprendido, seguía sonriendo, pensando en la alegría contagiosa de la Navidad, en las cosas maravillosas de Jesús. |