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DILEMAS ÉTICOS 
¿Por qué Dios habrá elegido un establo para el nacimiento de su Hijo, un sitio con estiércol, sin paredes, sin luz, un lugar frío y no una casa con todas las comodidades, ya no digamos un hospital con doctores, quirófano y todo lo demás?
Por Sergio Ibarra Después de la Pascua de Resurrección, la Navidad es la fiesta de guardar, de reflexión, de recogimiento espiritual, más importante del año eclesiástico. Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. No había actas de nacimiento, ni registros electrónicos. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345 cuando, por influencia de san Juan Crisóstomo y san Gregorio Nacianzeno, se proclamó el 25 de diciembre como fecha para celebrar la Natividad. De esta manera seguía la política de la Iglesia primitiva de absorber, en lugar de reprimir, los ritos paganos existentes, que desde los primeros tiempos habían celebrado el solsticio de invierno y la llegada de la primavera. Pero... ¿por qué Dios habrá elegido un establo para el nacimiento de su Hijo, un sitio con estiércol, sin paredes, sin luz, un lugar frío y no una casa con todas las comodidades, ya no digamos un hospital con doctores, quirófano y todo lo demás? ¿Por qué habrá elegido a los animales como los primeros que adoraron a Jesús, animales que servían al hombre y no a los hombres? ¿Por qué habrá elegido la mansedumbre de la mula y del buey y no la bravura de un león o la agilidad de un avestruz? ¿Por qué habrá elegido a los pastores como sus primeros acompañantes y no a los reyes, a los intelectuales o a los políticos? ¿Por qué estos seres solitarios y aislados, seres tiernos, generosos y sencillos como los primeros guardianes de Jesús y no un sofisticado grupo de sabios o un ejercito? ¿Por qué fue rodeado en el primer día de su vida por los donativos de los pastores que le rodeaban: leche recién ordeñada, huevos calientes y queso, y no por regalos suntuosos y todo el kit que hoy impone el nacimiento de un niño? Refrendar nuestra fe implica corroborar que estas preguntas tienen respuestas con un sentido divino; contienen mensajes y enseñanzas que nos recuerdan que lo mejor de la vida es lo más sencillo, que está en nosotros y nuestro prójimo. Habiendo nacido, fue rechazado; siendo una criatura, fue perseguido, y siendo adulto, ya sabemos lo que ocurrió. Jesús nos deja una lección desde su nacimiento. Ser católico es vivir sin miedo. En un ambiente hostil el compromiso es mayor. La voz de la fe consciente. Estos días conmemoramos una Navidad más. Doy gracias a Dios por darme la oportunidad de vivirla y compartir con nuestros lectores este dilema: el refrendar nuestra fe. Feliz Navidad. |