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TEMA DE LA SEMANA
Primera buena noticia: Dios ama a los homosexuales - No hay
que confundir el pecado con el pecador - Segunda buena noticia: Dios
quiere lo mejor para ellos - Lo que enseña la Biblia sobre la
homosexualidad - Tercera buena noticia: El Señor los sana - Testimonios
de curación
Primera buena noticia: Dios ama a los homosexuales Dice san Pablo que «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rm 5, 8); es que el Señor «quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (I Tim 2, 4). Y cuando dice «todos» no habla en sentido figurado; Dios realmente desea la salvación de los asesinos y de los pacíficos, de los adúlteros y de los fieles, de los mentirosos y de los veraces, de los flojos y de los esforzados, de los homosexuales y de los heterosexuales... DESVENTAJAS Cualquier hombre, por el sólo hecho de serlo, ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. A veces, sin embargo, esta imagen sufre deformaciones debido a prácticas contrarias a la naturaleza humana y a la voluntad divina. El estilo de vida homosexual es un ejemplo de estas prácticas, pues hasta desde el punto de vista biológico conlleva importantes daños potenciales. Por ejemplo, el virus del papiloma humano también provoca cáncer en el ano, siendo 70 veces más frecuente entre varones homosexuales que en cualquier otro sector de la población. Igualmente, el tabaquismo es hasta 3 veces mayor, el alcoholismo hasta 7 veces mayor, y la drogadicción hasta 19 veces mayor entre homosexuales que entre heterosexuales. Además, la mayoría de los casos de SIDA se sigue dando en los gay; en Canadá, por ejemplo, el 76% de los casos los padecen ellos, y en San Francisco ( el «paraíso gay» de EU) el 80%. Por todo lo anterior la esperanza de vida de un homosexual es en promedio 20 años menor. DESORDEN PSICOLÓGICO A la homosexualidad siempre se le concibió en las altas instancias médicas de todos los países como una patología, una enfermedad psicológica como la poligamia, el travestismo, la bisexualidad, la bestialidad, la pederastia, etc. Y aunque también se sospechó que pudieran estar implicados factores hereditarios, en la actualidad ya quedó plenamente comprobado a nivel científico que no existe ningún «gen gay». Como enfermedad psicológica, la homosexualidad suele ser puerta para otros trastornos emocionales; por eso la tasa de suicidios entre los que la padecen es en promedio 5 veces mayor —en algunos países hasta 14 veces—que la que se da en heterosexuales. Además, hay una frecuentísima relación entre la pedofilia y la homosexualidad; una investigación realizada en Estados Unidos por John Jay y el College New York en 2004 sobre casos de sacerdotes católicos que habían cometido abusos contra menores de edad, reveló que «más del 80% de los pedófilos son homosexuales». Es verdad que en 1973, en uno de los episodios más oscuros en la historia de la medicina, la homosexualidad fue retirada del «Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales» de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, y que, por obediencia ciega, el resto del mundo se sintió obligado a copiar su postura. Sin embargo, la razón de que ya no se le catalogara como enfermedad no fue porque se comprobara que no lo era, sino porque, tras años de presiones del lobby gay, que intentaba influir en los congresos de psiquiatría mediante insultos, amenazas, boicots y otros modos de presión, finalmente los médicos se dieron por vencidos y emitieron una votación en la que había que decidir si se excluiría a la homosexualidad de la lista de enfermedades a fin de ya no padecer más contratiempos, o bien si se mantendrían en la verdad a sabiendas de que seguirían los ataques; entonces el 58% de los psiquiatras consultados optaron por la opción más cómoda. ANTINATURAL La fisiología ha dejado claro que el cuerpo humano no fue diseñado para el sexo anal, que es la práctica típica entre los varones homosexuales. Aun así, hay quienes insisten en la naturalidad de este acto, y para ello hasta proponen a los animales como ejemplo. Aunque se han descrito conductas homosexuales en los pingüinos, por mencionar un caso entre cientos de especies, la verdad es que sólo cuando se presentan desencadenantes ambientales y de alteración de su hábitat o entorno natural —con lo que se ven amenazados sus patrones de conducta—, se llegan a dar manifestaciones como la homosexualidad. En los babuinos la pedofilia, la homosexualidad y el infanticidio sólo ocurre cuando se ve alterado su nicho ecológico de supervivencia por privación de libertad y hacinamiento en cautiverio. La ciencia ha demostrado que la homosexualidad no tiene su origen en la genética de los animales sino en el desequilibrio de su medio ambiente. Un animal no nace homosexual, y ni siquiera se convierte en homosexual al paso del tiempo; más bien, sin abandonar su natural inclinación heterosexual, en ocasiones extraordinarias puede llegar a presentar conductas homosexuales a fin de evitar conflictos con los de su especie; entonces las realiza como una manifestación de aceptación o de otros estados afectivos, como el dominio. En el caso de los seres humanos, las prácticas homosexuales también ocurren como consecuencia de los desequilibrios en el entorno; la homosexualidad femenina y masculina está ligada a vivencias traumáticas como el abuso sexual durante la infancia o adolescencia, no haber recibido (o percibido) afecto por parte del padre, y la muerte prematura de la madre (esto último para el caso del lesbianismo), etc. Los actos homosexuales ocasionales son muy frecuentes en cárceles y cuarteles, donde el individuo no tiene posibilidad de relacionarse con gente del sexo opuesto y vive en un ambiente de gran estrés. Pero el amor de Dios es superior a todo esto, y puede liberar de la difícil carga de la homosexualidad a quien quiera vivir en el camino que su Creador desea para él. Diana R. García B.
No hay que confundir el pecado con el pecador La Iglesia, en su función de custodiar la doctrina revelada por Dios, recuerda que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural... No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357). Pero eso no quiere decir que Dios y la Iglesia detesten a los homosexuales; al contrario, sienten un profundo amor y preocupación por ellos, y piden a todas las personas que los traten bien: «Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta» (n, 2358). Actualmente hay bastantes sectas religiosas, así como corrientes disidentes aun dentro de la Iglesia católica, que pretenden enseñar una nueva teología según la cual Dios les dio la condición homosexual a ciertos individuos como un don, lo cual significaría que es de su agrado y que el Señor se siente complacido cada vez que se realizan actos homosexuales con amor. Nada más falso. Dios no ama el pecado, pero sí al pecador. Dios ama a los homosexuales porque son sus hijos, pero no ama que practiquen el pecado de la homosexualidad.
Segunda buena noticia: Dios quiere lo mejor para ellos Dios quiere para todos sus hijos, incluidos los homosexuales, lo mejor, que es la salvación eterna. «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Pero, mientras no haya arrepentimiento del pecado cometido ni esfuerzos de conversión, el ser humano se encamina hacia su propia condenación: «¡No os engañéis! Ni los impuros... ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales... heredarán el Reino de Dios. Y tales habéis sido algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sino santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios» (I Cor 6, 9-11). LLAMADOS A LA SANTIDAD El Señor tiene poder para liberar a los atrapados bajo el yugo de cualquier perversión sexual, y llevarlos por el camino de la santidad. Dice el padre Benedict Groeschel: «Una persona pudiera tener una orientación homosexual y ser un santo. Esto puede ocurrir si lleva una vida totalmente casta, y muchos la llevan». Recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica que si bien «un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas», o sea que «no eligen su condición homosexual», estas personas igualmente «están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida», «están llamadas a la castidad» y «deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana» (nn. 2358 y 2359). EL MUNDO DICE LO CONTRARIO Pero la Revelación de Dios, dada a su Iglesia, navega contracorriente. Hoy la sociología moderna intenta convencer a la humanidad de que la homosexualidad es una «orientación sexual» y no una perversión sexual (perversión, del latín pervers?o, que significa invertir, dar la vuelta o perturbar el orden o estado de las cosas). Y poco a poco la concepción del homosexualismo como algo no sólo positivo sino hasta exaltable —en los medios de comunicación se aplaude cada vez que un individuo hace del conocimiento público su homosexualidad, y los gobiernos de muchos países financian las «marchas del orgullo gay»— va haciendo mella incluso en la mente de buen número de cristianos. CONFUSIÓN FRECUENTE La confusión se acrecienta día con día en medio de dudas como: «¿Acaso Dios no nos dio el mandato del amor?; ¿por qué condenar las relaciones íntimas entre homosexuales si sólo son una expresión del amor que se tienen?». Y se pierde de vista que esos mismos argumentos sirven para intentar justificar la avaricia, la masturbación, la poligamia, el adulterio, la fornicación, el robo, la bestialidad, la pederastia, etc.; todos los que cometen homosexualidad o cualquiera de estos actos lo hacen debido a un amor «desordenado», un amor equivocado hacia algo, hacia alguien o hacia sí mismos. LA IGLESIA ACLARA LAS COSAS El 1º de octubre de 1986 la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un documento titulado Atención pastoral a las personas homosexuales, en el que explica, entre los motivos de su redacción, la necesidad de rectificar algunas actitudes pastorales surgidas a raíz de la publicación de un documento anterior, la Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual, del 29 de diciembre de 1975. Dice la Congregación para la Doctrina de la Fe: «En aquella Declaración se subrayaba el deber de tratar de comprender la condición homosexual y se observaba cómo la culpabilidad de los actos homosexuales debía ser juzgada con prudencia... Sin embargo, en la discusión que siguió a las publicación de la Declaración, se propusieron unas interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual misma, hasta el punto que alguno se atrevió incluso a definirla indiferente o, sin más, buena...Quienes se encuentran en esta condición deben, por tanto, ser objeto de una particular solicitud pastoral, para que no lleguen a creer que la realización concreta de tal tendencia en las relaciones homosexuales es una opción moralmente aceptable». NINGUNA DISCRIMINACIÓN Así como Dios no discrimina a los homosexuales sino que busca su salvación eterna, lo mismo hace su Iglesia cuando les pide abstenerse de las prácticas impuras. Escribe el padre Jorge Loring, S.J.: «Varias veces, hablando con homosexuales, me han dicho que la Iglesia los margina. Esto no es cierto. La Iglesia ama a los homosexuales lo mismo que a los heterosexuales; pero les exige que dominen su tendencia. Lo mismo que exige que se domine al casado que le atrae su vecina. No siempre podemos hacer lo que nos gusta. Si al cleptómano le gusta robar, no por eso se lo aprobamos. Las inclinaciones no son pecado, pues son instintivas; no son responsables. Pero los actos voluntarios para satisfacer esas inclinaciones, sí son responsables. La realización de tendencias desordenadas es pecado; pero su dominio es virtud. Un homosexual que se vence puede llegar a los altares, que es la cumbre de lo que podemos ser en este mundo». D. R. G. B.
Lo que enseña la Biblia sobre la homosexualidad En el capítulo 19 del Génesis se narra cómo la ciudad de Sodoma alcanzó un nivel generalizado de perversión sexual: «Los hombres de Sodoma se agolparon alrededor de la casa. Estaba la población en pleno, sin excepción alguna, desde el más joven hasta el más viejo. Entonces llamaron a Lot y le dijeron: “¿Dónde están esos hombres que vinieron a tu casa esta noche? Tráelos afuera para que tengamos relaciones con ellos”» (Gn 19, 4-5). En el capítulo anterior ya se leía: «Dijo, pues, Yahveh: ‘Grande es el clamor de Sodoma y Gomorra, y su pecado es gravísimo’» (Gn 18, 20). Finalmente los dos hombres que visitaban a Lot, y que en realidad eran ángeles, le revelan: «Vamos a destruir este lugar, ... Yahveh nos ha enviado a destruirlos» (Gn 19, 13). A partir de entonces se llama sodomía a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Pero no es la única vez en que las Escrituras hacen referencia al problema de la homosexualidad. Aquí hay algunas otras citas: + «No te acostarás con un varón como si fuera un mujer: es una abominación» (Lv 18, 22). + «Si un hombre se acuesta con otro hombre como si fuera una mujer, los dos cometen una cosa abominable; por eso serán castigados...» (Lv 20, 13). + « Cambiaron la gloria del Dios incorruptible... Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira... Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. Del mismo modo, los hombres dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío. Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, Él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe» (Rm 1, 23-28). + «La Ley no ha sido dada para el justo sino para los prevaricadores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para... los sodomitas... y para todos los que se oponen a la sana doctrina ( I Tim 1, 9-10). + «...Dios condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a cenizas, poniéndolas como ejemplo para los que en el futuro vivirían impíamente» (II Pe 2, 6).
Tercera buena noticia: El Señor los sana Para sanar hay que recurrir a Dios sin por eso desdeñar la ayuda que pueda venir de los profesionistas de la salud (cfr. Eclo 38, 9-14), haciendo uno, al mismo tiempo, lo que esté de su parte: oración constante, ayunos, sacrificios, frecuentar los sacramentos... Es verdad que Dios ha sanado a muchos en apenas unos segundos —esto generalmente durante retiros de la Renovación Carismática o semejantes—, pero la mayoría de las veces se trata de un proceso largo. La demora de la curación puede tentar a desistir, mas es importante no abdicar en la lucha (cfr. Lc 18, 1-8). Se lee en el artículo titulado Proceso de curación de la homosexualidad en la espiritualidad católica, del sitio de internet http://ubiamoribioculus.blogspot.mx/ (blog dedicado al problema del homosexualismo y a sanarlo), que «la curación de la homosexualidad consiste en un proceso de descubrir con compasión las heridas emocionales del pasado, resolver el enojo contra aquellos que las han causado a través de un proceso de perdón, utilizar técnicas de conocimiento y de comportamiento, admitir la impotencia ante el sufrimiento emocional y apoyarse en la espiritualidad católica y en los sacramentos. Aunque cada uno de estos pasos es importante, en mi experiencia clínica de los últimos 20 años con cientos de adolescentes y jóvenes, la clave de su recuperación ha sido el perdón y la espiritualidad. Ninguna medida de perspicacia, amor y afirmación de otros adultos, de auto-determinación, de conocimiento o comportamiento pueden resolver las heridas emocionales tan profundamente grabadas que estas personas arrastran. Sólo el amor de Dios es capaz de superar la dolorosa soledad y tristeza, así como los miedos y las inseguridades al proporcionar un sentimiento de haber sido amado profundamente, de ser especial y de haber sido protegido en todas las etapas de la vida. A medida que las heridas emocionales se curan, las inclinaciones y conductas homosexuales disminuyen y con el tiempo desaparecen». También recoge datos de varios estudios que revelan que el psicoanálisis cura la homosexualidad de entre el 23% y el 27% de los pacientes, mientras que los tratamientos basados en un proceso de perdón y de espiritualidad cristiana tienen una tasa de curación cercana al 100%. Si bien el lobby gay ha influido en psicólogos y psiquiatras para que asuman la postura de que esta «orientación sexual» no puede cambiar y que a los que quieran volverse heterosexuales hay que impedírselo porque los tratamientos «les causan daño emocional» —en Brasil, por ejemplo, desde 1999 el Consejo Federal de Psicología prohíbe dar tratamientos a los homosexuales para curarlos—, al paso de los años la ciencia ha tenido que reconocer justo lo contrario. Así, la más actualizada edición del manual clásico Essential Psychopathology and Its Treatment, de 2009, dice que las terapias son eficaces y no dañinas. Hoy hay diversas instituciones no religiosas especializadas en la curación de aquellas personas homosexuales que quieran dejar de serlo, como la NARTH (National Association for Research and Therapy of Homosexuality, www.narth.com). Y también hay otras con un claro enfoque religioso, como la católica Courage Latino (http://www.courage-latino.org). Pero hay más recursos, incluyendo libros como: + Comprender y sanar la homosexualidad. Del psicólogo y ex homosexual Richard Cohen (LibrosLibres). + Quiero dejar de ser homosexual. Del doctor en psiquiatría Joseph Nicolosi (Encuentro). + Cómo prevenir la homosexualidad. También de Joseph Nicolosi (Palabra). + Homosexualidad y esperanza. terapia de curación en la experiencia de un psicólogo. Del psicólogo holandés Gerard van den Aardweg (EUNSA). + Un más allá para la homosexualidad. Del ex homosexual David Morrison (Palabra). Libro recomendado por el arzobispo de Filadelfia, monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. D. R. G. B.
Testimonios de curación LA SALUD POR MARÍA.- Luca Tolve es un ex homosexual italiano, ahora felizmente casado con Teresa. «Me sentía solo, faltaba algo... Pero recordó a la Virgen María, tomó un Rosario y comenzó a recitar lo poco que recordaba de sus oraciones de niño. Entonces «no salía de casa sino para ir a Misa». Y se sanó. HACIA LA FELICIDAD .- En noviembre de 2008 Marta Lozano presentó su libro-testimonio Una historia sobre el maltrato y la homosexualidad, donde narra cómo logró la paz tras luchar contra su tendencia homosexual: «Antes simplemente no me sentía mujer. Ahora, en cambio, me siento plenamente identificada con el sexo femenino. Soy más libre y más feliz». LA CLAVE, EL AMOR DE DIOS.- Rubén García cuenta: «Empecé a a sentir inclinaciones homosexuales desde niño, a raíz de la carencia de afecto de mi padrastro, que me trataba con mucha dureza, y yo tendía a protegerme en el mundo femenino. Desde entonces, inconscientemente, empecé a buscar el afecto que no tuve de mi padre en otros hombres». Cuenta que en la homosexualidad buscas «el placer a toda costa, y te metes en una dinámica de permanente insatisfacción, confiando en que por ahí darás con una relación verdadera. Pero eso es imposible, puesto que acabas utilizando a los demás». Su sanación empezó al asistir a un retiro espiritual en el que una mujer le dijo que Dios lo amaba.«¿Que Dios me ama? ¿A mí? ¿A pesar de lo que he hecho? Poco después me confesé y experimenté una paz como nunca. Y hoy, después de años junto a Dios, frecuentando los sacramentos, vivo una felicidad que no se compara con el estilo de vida que llevaba antes». LA PERSECUCIÓN VALE LA PENA.- El estadounidense Michael Glatze había fundado una revista de activismo gay titulada Young Gay America y escrito el libro XY Survival Guide; pero, tras una crisis personal originada en un problema de salud, abandonó la homosexualidad y declaró púbicamente su cristianismo. «Elegí dejar el estilo de vida homosexual porque encontré mi fundamento en Dios, porque ya no necesitaba la aceptación de los que me rodeaban». Pero entonces «se volvieron contra mí, fui perseguido por los que habían sido mis amigos». Sin embargo, «estoy en el mejor lugar que podría desear. Tengo que dar gracias a Dios por eso». DE PASTOR A GAY, Y AHORA CATÓLICO.-Richard Evans descubrió desde adolescente que le atraían los chicos más que las chicas, pero también sabía por la Biblia que la homosexualidad era contraria la plan de Dios, así que intentó llevar una vida correcta. Se casó y se hizo pastor protestante de las Asambleas de Dios, puesto que ejerció por 12 años. Pero a los 34 dejó a su esposa y su carrera para abrazar la vida gay por 15 años. Luego se estrenó la película La Pasión de Cristo y, al verla, renació en él el hambre por lo divino. Empezó su sanación, que finalmente lo llevó a hacerse católico. Dice: «No importan mis sentimientos homosexuales, sino que lo que importa es lo que hago con ellos». Por eso vive en castidad: «La mía es una vida de espiritualidad tranquila y no deseo otra cosa». HOMOSEXUAL POR 21 AÑOS.- «Fui homosexual activo durante veintiún años, hasta que me convencí de la necesidad de cambiar», dice el neozelandés Noel B. Mosen. «Con la ayuda de Dios, lo conseguí. Ahora llevo seis años felizmente casado y no experimento ninguno de los deseos homosexuales que antes dominaban mi vida. En todo el mundo son miles las personas que han cambiado, igual que yo. Mi experiencia es que la homosexualidad no es una condición estable ni satisfactoria». GRACIAS, IGLESIA.- David Morrison, escritor estadounidense, testifica: «Estoy profundamente agradecido a la Iglesia católica por su doctrina. La Iglesia católica es casi la única entre las religiones cristianas que rehúsa, por un lado, tener una actitud paternalista hacia las personas con inclinaciones homosexuales, por medio de un evangelio acomodado; y por el otro, tener una actitud brutal hacia estas personas, por medio de un mensaje irremediablemente hostil. «Desde que tenía 21 años hasta los 28 fui un activista homosexual. A veces llamábamos a nuestros actos sexuales ‘hacer el amor’, pero no eran otra cosa que usarse el uno al otro. Eso no es amor, y constituye un drástico contraste con la experiencia que he vivido después de comprometerme a ser casto». RESPUESTA EQUIVOCADA.- Alberto Pérez, español de 20 años, era homosexual desde los 14, pero se curó. «Comprendí que las atracciones homosexuales tienen su origen en problemas emocionales». |