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REFLEXIONES AL VUELO
Siguiendo a cierta distancia con los argumentos falsos
esgrimidos por las catolicofóbicas por la licencia para matar en su
burlona serie intitulada «catolicadas», encontramos otro muy astuto
Por Walter Turnbull Siguiendo a cierta distancia con los argumentos falsos esgrimidos por las catolicofóbicas por la licencia para matar en su burlona serie intitulada «catolicadas», encontramos otro muy astuto: «En varios países del mundo trabajan cientos de personas bajo el nombre de ‘católicas por el derecho a decidir’, por una mejor Iglesia, que promueva el amor al prójimo, que respete la diversidad, que no juzgue ni castigue a las mujeres, sino que las acompañe y camine junto a ellas», dice la monjita dulce y alivianada. Comienza por mencionar muchas personas y países. Como si eso por sí solo le diera fuerza al alegato. Recuerdo aquella famosa frase (por cierto, usada por un partido en la actual campaña política): «un millón de americanos no pueden estar equivocados», que usó alguna vez alguna marca comercial. Pretende soslayar, el que acuñó este argumento, que millones de personas trabajaron para Hitler; que millones de americanos apoyaron a Obama; que miles de personas en varios países se dedican al tráfico de personas; que cientos de personas en todo el mundo defienden el consumo de drogas; que miles de hombres en todo el mundo ejercen violencia contra sus mujeres. Que podrían incluso ser inmensa mayoría, como los adolescentes que creen que es legítimo que golpeen a su novia, o como los que piensan que la corrupción es aceptable y necesaria, o como los que en México usamos medicinas prohibidas por la OMS, o como los que vemos telenovelas... ¿Debemos creer que todos ellos tienen razón? ¿Que lo que hacen está bien hecho? Me temo que no. La cantidad de adeptos no demuestra la validez de una creencia, ni la calidad de un producto ni la honradez de un candidato. Por lo pronto, la lista de acusaciones ya está hecha: 1) La Iglesia es mala, 2) En la Iglesia no se ama al prójimo, 3) En la Iglesia no se respeta la diversidad, 4) En la Iglesia se juzga y castiga a las mujeres... Y aunque el argumento es endeble y no demuestre nada, se aplica la consigna de Goebbels: tú miente, que algo queda. |