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Los tarahumaras sufren hambre |
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Escrito por El Observador
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Domingo 08 de Julio 2012 |
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Sesenta y cinco mil indígenas están en riesgo alimentario
Por Omar Arcega Hace 6 meses de que los medios de comunicación dieron a conocer la situación de hambruna que vivía el pueblo tarahumara en la sierra de Chihuahua. En esos días la sociedad civil se organizó y pudieron llegar toneladas de alimentos a esa región junto con recursos monetarios. La Iglesia que lleva décadas trabajando en la zona también redobló esfuerzos. Fue una cruzada nacional que mostró cómo las grandes causas pueden unir a los mexicanos (El Observador, No.863) Ciento ochenta días después platicamos con el padre Javier Ávila, un jesuita responsable de la pastoral social de la diócesis de la Sierra Tarahumara sobre cómo se ha canalizado la ayuda y qué retos aun hay que vencer. Los esfuerzos Con alrededor de 500 toneladas de alimentos recibidas, el padre Ávila considera que la respuesta de la sociedad fue «muy positiva»; aún hoy se están repartiendo los últimos kilos de ese esfuerzo. El padre Javier recalca que no es mero asistencialismo pues «las autoridades de comunidades indígenas han pedido que se les apoye, pero a cambio de trabajos; algunos de ellos son mejoramiento de tierras, zanjas para evitar erosiones» . Afirma que ya no se ha recibido de parte de la sociedad apoyos masivos pero «Cáritas Chihuahua sigue al pendiente y aportando recursos a esta labor». Los aportes económicos recibidos han servido «para el manejo de las provisiones y de los repartos: fletes, cargadores etc…» El futuro El encargado de la pastoral social afirma que sigue la misma situación de riesgo alimentario pues «no se ha cosechado, la sequía esta muy fuerte todavía, está incluso escaseando el agua en los pozos y manantiales». Reconoce que «si no llueve en este mes (Julio) las cosas se pondrán peor porque el maíz que sea sembrado no se podrá cosechar». Señaló que situaciones como estas ponen en «evidencia la ausencia de políticas públicas estatales y federales para los indígenas». Agradeció la ayuda generada por la sociedad para los poco más de 65,000 personas que están en permanente riesgo alimentario. Recordó que «como católicos debemos estar al pendiente, no esperar a que llegue una emergencia alimentaria en una región lejana, sino ver qué ocurre en nuestra propia comunidad con la gente pobre».
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