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El padre Ángel Ciappi es sacerdote diocesano hace 14 años,
trabaja en la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico. En estos años ha
servido como párroco, vicario de Asuntos Económicos, vicario de
Desarrollo; es promotor de los talleres de «Oración y Vida» y es sobre
este tema que platicó con El Observador
¿Cómo le sirve al católico un taller de oración? Orar es indispensable para la vida espiritual y para una vida humana plena. Orar es relacionarse con Dios. Aunque todo el día estemos en presencia de Dios y conscientes de estar en comunión con Él, es indispensable, como en toda relación profunda, que haya momentos fuertes, dedicados exclusivamente a estar a solas con Cristo para dialogar con Él, pero sobre todo, escucharle y abrirse a su presencia y acción. Los talleres de oración son una herramienta para aprender a orar. ¿Son los talleres de oración una nueva forma de evangelización? ¿Por qué? Se constata que muchos católicos no saben orar ni cultivan su relación con Dios mediante la oración. Hemos enfatizado mucho los sacramentos (que son indispensables) y la asistencia a la Santa Misa (que también es indispensable). Pero sin cultivar la oración, difícilmente se progresa en la vida espiritual. Por otro lado, muchos creen que orar es decir oraciones o leer meditaciones. Hemos de recobrar la centralidad de la Palabra de Dios como vehículo para apoyar nuestro trato con Él en la oración. Vemos muchos católicos que luchan por agradar a Dios con sus solas fuerzas, en lugar de cultivar una comunión más plena con Dios y dejar que el mismo Dios, actuando en ellos, venza todo mal y todo pecado. Pienso que la Nueva Evangelización debe incluir el enseñar a orar y el acompañarnos mutuamente a desarrollar una profunda comunión con Dios: que Él tome posesión de nuestra vida y de todo lo que somos y tenemos y que, a la vez, hemos recibido de Él. ¿En qué se sustenta un taller de oración? Básicamente, los talleres de oración se forman con fieles interesados en aprender a orar bien. Se aprende practicando; de ahí el nombre de taller. Para ofrecerlo se debe contactar a la oficina local de talleres de oración y coordinar la disponibilidad de un guía laico formado, que es quien dirige las sesiones del taller. Luego se acuerdan las fechas y horas. El taller busca servir de apoyo, pero se busca que, una vez concluido el taller, los participantes, apoyados por sus comunidades parroquiales, continúen practicando lo aprendido y ensayado a lo largo del taller. La oración no es algo que se aprende y ya, o que se practica por unos meses solamente. Es un proceso que nos lleva a profundizar nuestra comunión con Dios, y, por tanto, es algo para toda la vida. ¿Cómo se aprende a orar? Se aprende dedicando tiempo a estar a solas con Dios. Hay muchos métodos. Para mí es indispensable el apoyar nuestra relación en la Sagrada Escritura. La Lectio Divina es un método probado por siglos en la Iglesia Católica. En el aprendizaje es necesaria la disciplina de un tiempo diario fijo. Sugiero buscar el mejor momento del día y dedicarle ese tiempo a Dios cada día, sea media hora, una hora o más. Luego, cada uno en su trato con Dios va dialogando con Él hasta llegar a la cantidad diaria adecuada y el momento adecuado. Lo más importante del método que se siga es estar abierto a lo que el Espíritu nos va indicando. ¿Qué es lo importante de la oración? Lo importante en la oración no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace. La oración bien hecha nos abre a que su voluntad se haga en nosotros y por medio nuestro. Esto transforma totalmente nuestra vida, de ser personas buenas que quieren agradar a Dios y tratar bien a sus hermanos, a personas a través de las cuales el mismo Dios, presente en ellas, ama a través de ellas. Por: María Velázquez Dorantes |