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Un católico no debe votar por un candidato que por su
solvencia moral no garantice el buen uso de los recursos públicos
1. La Iglesia no apoya a ningún partido político, pero los fieles laicos pueden afiliarse al que deseen y votar por el de su preferencia siempre y cuando no contradiga sus convicciones morales y religiosas y sea el que garantice el bien común de los ciudadanos. 2. Un católico no puede votar por partidos que atenten contra la dignidad humana con propuestas como el aborto, la eutanasia, la manipulación de embriones, legalización de drogas, machismo y discriminación étnica. 3. Un católico no debe votar por partidos que prohíban la libre manifestación de las convicciones religiosas, que niegue el derecho inalienable de los padres de familia a escoger el tipo de educación que, de acuerdo con sus convicciones, quieran para sus hijos. 4. Un católico no debe votar por un candidato que por su solvencia moral no garantice el buen uso de los recursos públicos, que atente contra la familia promoviendo el «matrimonio» y la adopción entre personas del mismo sexo. 5. El católico debe observar que el candidato de su preferencia respalde con su ejemplo las virtudes humanas y cristianas como son el respeto a los demás, el saber escuchar, el diálogo, el decir la verdad, la honestidad, la fidelidad conyugal y el amor a su familia. Que demuestre con hechos su espíritu de servicio a los demás, con especial preferencia hacia los pobres, y que en todo y sobre todo defienda la dignidad de la persona humana. 6. Un católico está obligado a conocer los principios morales y la doctrina de los partidos y candidatos y a no dejarse manipular. Es pecado grave comprar o vender votos y colaborar de cualquier manera en un fraude electoral. 7. Un católico emitirá su voto pensando en el bien común y no según intereses personales o de partido. Si no encuentra un partido o candidato que concuerde con sus principios religiosos y morales, debe votar, según su juicio y en conciencia, por el menos malo. 8. Un católico debe brindar a las instituciones ciudadanas que participan y cuidan de los procesos democráticos su respeto y apoyo. 9. No se puede usar a Dios o la religión para hacer propaganda política o para ganar votos. Están prohibidas las venganzas, «ajustes de cuentas», muertes políticas y, sobre todo, el matar las esperanzas de los más débiles con políticas económicas equivocadas. 10. La calumnia y los anónimos denotan cobardía y son pecado. No hay mentiras piadosas ni es verdad que en política todo se vale. Pensar así es fomentar el cinismo y el deterioro social. |