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OBRAS Y RAZONES
Dos problemas han dominado la información sobre el Vaticano
en días pasados. La destitución del presidente del Instituto de las
Obras Religiosas (IOR) y la filtración de documentos confidenciales
Por Jorge E. Traslosheros Dos problemas han dominado la información sobre el Vaticano en días pasados. La destitución del presidente del Instituto de las Obras Religiosas (IOR) y la filtración de documentos confidenciales a la prensa con la publicación de un libro y la aprehensión del mayordomo del Papa como principal, que no único, sospechoso. Las dos cosas no están relacionadas, en principio; pero lo primero es necesario para comprender lo segundo. Empecemos con el dinero. El IOR fue fundado por Pío XII en 1942 para administrar las obras religiosas ligadas al Vaticano. Durante décadas se manejó de manera «parroquial», es decir, a discreción del encargado en turno, sin obligación alguna de rendir cuentas. Este manejo patrimonialista provocó que, en la década de los ochentas, el instituto se involucrara en el famoso escándalo del Banco Ambrosiano, por serios errores cometidos por el obispo Paul C.Marcinkus. Las cosas debían cambiar y Juan Pablo II ordenó su reforma. Al tiempo, el inefable cardenal Sodano, con intereses en el IOR, le regresó a su forma opaca de administración. Entonces Benedicto XVI fue elegido Papa de «transición», pero resultó ser un reformador y entre sus objetivos han estado las finanzas del Vaticano. Ordenó llevar al IOR al máximo estándar internacional de transparencia para entrar en la lista blanca de organizaciones financieras. El instituto, en consecuencia, se profesionalizó con laicos de muy alto perfil. Entre otras cosas, se nombró a Ettore Gotti Tedeschi, uno de los banqueros más destacados de Italia, como presidente y a cuatro «comisarios» para vigilar el acontecer del banco. Tedeschi, contra los deseos del Papa, sefue por la libre y el IOR no logró la confianza de la comunidad financiera internacional, como tampoco de las autoridades italianas que sometieron a investigación al banquero. Estos hechos alertaron a los cuatro comisarios, entre quienes se encuentra el norteamericano Carl A. Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón. Esta organización cuenta con dos millones de afiliados y sostiene a una de las compañías de seguros de vida de mayor prestigio en Estados Unidos, cuyas ganancias sirven a una impresionante red de solidaridad a nivel internacional. Es decir, los Caballeros de Colón hacen algo análogo al IOR; pero con la calidad y transparencia deseadas por Benedicto. Su nombramiento no pudo ser más afortunado. El pasado 24 de mayo sucedió algo nuevo en la historia del Vaticano. Los comisarios, laicos, con independencia de cualquier cardenal, le retiraron su confianza a Tedeschi. Según explicó Anderson, lo corrieron por fallar al cumplimiento de sus deberes, abandonar y no asistir a reuniones, diseminar información imprecisa respecto al Instituto, filtrar documentación confidencial, dividir al personal, mantener una conducta progresivamente errática. En suma, por hacer mal su chamba. Estamos, pues, ante la demostración del éxito de la reforma promovida por Benedicto, quien ahora propone a Hans Tietmeyer,ex número uno del Bundesbank, como presidente del IOR. Las reformas de Benedicto XVI, como la descrita, han encontrado fuerte resistencia en ciertos sectores del Vaticano. Ven con pesar que Benedicto ni se muere ni se detiene. Y es aquí, en la acción reformadora, donde la destitución de Tedeschi se conecta con el escándalo de los «vatiliks», asunto que abordaremos la próxima semana. |