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DILEMAS ÉTICOS 
En el discurso de las organizaciones postmodernas, o sea las de este principio de siglo, la integridad se ha convertido en un concepto popular.
Por Sergio Ibarra En el discurso de las organizaciones postmodernas, o sea las de este principio de siglo, la integridad se ha convertido en un concepto popular. Está presente en los enunciados conductuales y de las misiones de las instituciones y las empresas. Se le han designado infinidad de códigos para su interpretación. «Sea íntegro», «Cumpla con integridad», «Sirva íntegramente», y cosas por el estilo. La expectativa es que la gente con integridad resistirá al oportunismo. Una razón de la popularidad de la integridad es que tiene una connotación relacionada con el autocontrol. Es decir, quien es íntegro distingue cuál debe ser la conducta apropiada en cada situación. Se distinguen en el ámbito de la estrategia dos formas en las que las conductas se pueden instituir, una mediante la observación y obediencia de reglas y órdenes. El argumento de este enfoque se basa en la visión del modelo antropológico que describe a los seres humanos como criaturas aisladas cuya conducta estará guiada por el interés material individual. Las estrategias basadas en la integridad, por otro lado, implican la auto regulación y control conductual basado en estándares. El modelo antropológico implícito asume que los seres humanos son criaturas sociales, pero que no guían su conducta solamente por el mero interés individual; por tanto contempla también valores, ideales, amistad y compañerismo. Hay quien ha definido que la integridad implica la aceptación o imposición a sí mismo de reglas o normas. Estas razones quizás sean las que han originado que se hable más de integridad que de «moralidad». La moralidad tiene una connotación adicional dada por imposiciones externas de normas rígidas que distinguen lo correcto de lo errado, lo que está bien de lo que está mal. Integridad, por la otra parte, tiene una connotación de que estas reglas o normas se dan por una elección propia, lo que hace más flexibles los estándares de conducta. El problema es que, en su aplicación, a pesar de su alto uso y referencia, el concepto de integridad permanece sin una definición. Entonces la pregunta es: ¿qué quiere decir integridad? Con frecuencia se apela al adagio de «practica lo que predicas». Etimológicamente, integridad viene del latín integritas, que significa totalmente intocable, que no ha tenido turno. La connotación que da a integridad esta definición en términos actuales es lo incorruptible. Esta es, quizás, la mejor forma de entender integridad en nuestro tiempo, como aquella persona que lucha contra la corrupción, que está dispuesta a resistir la oportunidad que la corrupción presenta. La Virgen María es ejemplo de integridad, de haber resistido tentaciones y haber actuado conforme al mandato de Dios, desde su embarazo y las vergüenzas que debió representar el pasar por ello, enfrentar a una sociedad que debió rechazarle, hasta su partida, dejando una estela de conducta íntegra en serio, pues una cosa es decir, otra es hacer. |