|

Cuánto lamento que el afán moderno del laicismo quiera cambiar todo lo religioso en laico y, trastornar hasta el rito mas sagrado en vulgar forma profana.
Por Rafael Gallardo García, obispo emérito de Tampico Hace pocos días, en una página muy consultada de internet, me llamó la atención una noticia con el título «Nueva opción para confesar tus pecados». Pensé luego en una fórmula autorizada por la Iglesia. Pero «mi gozo se fue al pozo» cuando seguí leyendo y me enteré de que se trata de una propuesta cibernética a los navegantes de internet: «confiésate en línea para aliviar el sentimiento de culpa». Ampliaba la explicación, señalando «una oportunidad de confesar anónimamente sus pecados», asegurando que internet ya ofrece varios sitios confesionales, iniciados por una cadena evangélica (del Norte) ... y que, «una editorial canadiense lanzó el sitio para que las personas publiquen sus placeres culpables y otros los examinen...». Cuánto lamento que el afán moderno del laicismo quiera cambiar todo lo religioso en laico y, trastornar hasta el rito mas sagrado en vulgar forma profana. Ahora se extiende tanto que ya invade el terreno mas íntimo y santo de la Confesión. A quienes se les ha ocurrido esta suplantación de valores espontáneamente les puede uno aplicar esos dichos populares de que, «quieren dar gato por liebre», o ese otro de «que aunque la mona se vista de seda, mona se queda», o los mas folklóricos de que «a cualquier taco le llaman cena», o que «a falta de pan, buenas son las tortillas». Se origina una tremenda confusión al rebajar el significado de confesión, quitándole su sentido sacramental. A todos nos enseñaron, desde nuestra formación del Catecismo, que este gran sacramento incluye varios actos que integran su totalidad: no basta confesarse, hay que arrepentirse, hay que pedir perdón a Dios y a la Iglesia, y hay que tener propósito de enmienda. Si no se dan todos esos elementos no hay Confesión sacramental. Además, su gran valor consiste en recibir el perdón que es la Gracia divina, que reconforta el alma y nos ayuda a superar nuestras faltas. Para lo cual hay que recibir la absolución. Todo otro sistema, que se detenga únicamente en descargar la conciencia, podrá ser terapia, elemento psiquiátrico o formulismo hueco de las religiones que cultivan el sentimentalismo, pero no tendrán nada que ver con la verdadera y real Confesión Quien quiera repasar la doctrina legítima y oficial recurra al texto del Catecismo de la Iglesia Católica, 2a. Parte, 2a. Sección, Cap.II. Evitemos la confusión, para hacer bien nuestra Confesión. |