|

Todos esperamos la Navidad con gusto, aunque también con distintas actitudes.
Por José G. Martín Rábago, arzobispo de León Todos esperamos la Navidad con gusto, aunque también con distintas actitudes. Puede ser que la Navidad sea esperada solamente por su contenido de reuniones familiares, convivencias, abrazos de felicitación, regalos, etc. Habrá quienes la esperen solamente con la intención de lucrar en lo económico promoviendo el consumismo. Quizá algunos aprovecharán la ocasión para difundir alguna noticia, novela o película con la finalidad de despertar dudas en lo relativo a las verdades de nuestra fe. Otros muchos esperan la Navidad en su verdadero sentido. Son conscientes de que Cristo Jesús nace para nuestra salvación, y disponen su corazón para recibirlo renovando para ello su conducta cada día. En nuestros días, muchos niegan a Dios, o si afirman creer en Él, con su vida dicen lo contrario. Cuando el hombre decide realizar su vida prescindiendo de Dios, lo único que logra es empantanarse en su soberbia y egoísmo destruyéndose a sí mismo. Durante nuestra permanencia en esta Tierra no podemos ver al Padre celestial; sin embargo, en su infinito amor, nos da a su Hijo hecho hombre, por tanto visible, tangible, audible, «porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» ( Jn 3 16). De esta manera, al conocer a Jesucristo conocemos al Padre: «El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre» (Jn 14, 9). Viene el Señor, el Hijo de Dios que es la Vida en plenitud y que nos participa de ella: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). Ante la venida de Cristo, que dio su vida por nosotros, no podemos menos de sentirnos sacudidos desde lo más profundo de nuestro ser. Necesitamos hacer mucha oración, todos y constantemente, para que el hombre no pervierta su corazón, ni quede ciego por su egoísmo. Adviento es, ante todo, un tiempo que alienta nuestra esperanza; la liturgia de estos días nos repite con insistencia: ¡El Señor viene, y viene a salvarnos! Adviento es, pues, un tiempo marcado por la esperanza. |