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VIGÍA 
Faltaban aún cuatro meses para el nacimiento de su hijo. María oyó que alguien tocaba a su puerta. Al abrirla, vio frente a sí a un hombre joven.
Por Javier Algara Faltaban aún cuatro meses para el nacimiento de su hijo. María oyó que alguien tocaba a su puerta. Al abrirla, vio frente a sí a un hombre joven. — Salve, María —le saludó él. Por un momento, María pensó que era otro mensajero del Altísimo, pero su tono de voz no le provocó la paz que había sentido aquella vez. Además, a éste ya lo conocía. Era del rumbo; un metiche, revoltoso y bueno-para-nada. ¿Qué querría? — Ya me fijé que esperas un bebé — dijo el mozalbete en tono confidencial—. Y también oí, pues los chismes corren, ¿qué quieres?, que la cosa no está muy clara respecto al papá. Eso te va a traer problemas. En una de malas hasta te van a querer lapidar. Te doy un consejo: puedes abortar —terminó, con aire satisfecho de su buena acción. — José está feliz de poder adoptar al niño —respondió María—. Eso ya no es problema. — Bueno, ya conoces a José —acotó el joven, un buenazo, siempre tan angelical, Dios para acá y para allá. Como si con eso resolviera todo. Pero las lenguas son las lenguas y te van a hacer la vida de cuadritos. De mí te acuerdas. A Dios déjalo en la sinagoga. Así es el mundo, ni modo. Hay que ser prácticos. Un aborto discretito, barato y legal te quita esas broncas. María no podía creer lo que escuchaba. — Es más —siguió imparable el hombre aquel—, aunque la gente te la perdonara, ¿qué le espera a tu hijo en este pueblo? Pura marginación y pobreza. José, tu marido, ¿cuánto gana en su taller? Ni el mínimo, te apuesto. Y, para colmo, los malditos romanos y sus impuestos… Vamos, ni que tu hijo fuera a ser el Mesías —se burló—. Y si lo fuera, ¡peor! ¿No te acuerdas de lo que dice Isaías sobre el Mesías? Los ricos y los sacerdotes te lo van a crucificar; ni lo vas a poder reconocer por los golpes. El imperialismo y todo eso, ya sabes. ¿Para eso lo quieres traer al mundo? ¿Para que sufra él? ¿Para que sufras tú también? Piensa en ti. Es tu vida. La única que tienes. Además, ¿tú crees que a alguien le va a importar un bledo lo que vaya a decir, o hacer, o… s-u-f-r-i-r el Mesías, habiendo en este mundo problemas mucho más urgentes e importantes que lo que pueda pasar en el otro? ¡Por favoooor! María guardó silencio. Es de sabios evitar discutir con los necios. Ella ya había tomado su decisión. La de la vida... para todos. |