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Mi lucha contra «El hombre que fue Jueves», de G. K. Chesterton
Por María Mayela Fernández Martínez No pude haberlo imaginado. Buscando algún título de Chesterton, encontré éste. Un libro de escasas páginas se me presentaba como un reto fácil y asimilable para leerlo en unas cuantas horas; por mucho, días. Pero he aquí, que este libro de apariencia inofensiva ha roto con mis estándares de lectura y me ha hecho descubrir mis fuentes más profundas de perseverancia. Yo, que me he jactado siempre de leer rápidamente, que he pensado que la comprensión de los textos se me da…he roto con este paradigma personal; más bien, Chesterton, con este libro de bolsillo, rompió con él cuando mi accidentada lectura subsistió por varios meses, hasta que llegó el anhelado final. Quisiera hablar de mi lucha feroz contra El hombre que fue Jueves. Desde las primeras páginas, comenzaron dos desafíos: el primero, entender y seguir la trama; el segundo, tener la perseverancia de leerlo a ratos, en cualquier lugar, con una obligación devota y testaruda; leer ese pequeño libro que me había propuesto y que no podía abandonar, como no puede un torero dejar a un toro sin torear o un cantante a una canción sin cantar. Mi empeño en terminar de leerlo se hacía patente cada día, en el que avanzaba apenas unas líneas y muchas veces tuve que releer... para olvidar entonces lo que ya había leído. Lo traje en mi bolsa hasta el día de hoy, que leí las últimas líneas. El hombre que fue Jueves es una breve pero truculenta novela, que tiene varios ingredientes explosivos: ironía maestra, humor inglés, trama policiaca y filosofía. ¿Qué hacer con estos componentes? ¿Cómo seguir la trama sin perderse? ¡Pero si son pocas páginas! ¡Es un libro raquítico! Sí, pero esta mezcla puede hacer que uno se pierda en sus laberintos bien trazados, en su nihilismo desbordado... tanto, que podemos llegar a preguntarnos:¿ será que soy un lector, o un lector disfrazado de intelectual o un intelectual que finge ser poeta o anarquista o conservador?... ¿Quién soy? Y después llegaremos a esta reflexión: si no llego a saber quién es el que lee este libro, con mucha mayor razón estaré confundido respecto a los intrincados sucesos que se plantean. Dentro de esta confusión, lo que sí puede apreciarse es el ridículo de las situaciones y las persecuciones, el aire chocarrero de los misterios, y puede descubrirse en éstos que las apariencias son sólo máscaras y que, finalmente, se es quien se es, que todos nos disfrazamos, que los disfraces y los estereotipos son intercambiables, discutibles, seleccionables, atribuibles y relativos. El absurdo del disfrazado de alguien que se disfraza, o el del poeta que se disfraza de anárquico para esconder que es policía, es uno de los tantos enredos que ponen al lector (si es que lo es o persevera en serlo) atento a lo que puede suceder, pues un actor disfrazado de poeta podría estar actuando como policía cuando en realidad también es un anárquico ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes los malos? Chesterton me llevó a una pesadilla, como la que denuncia su título en inglés: The man who was Thursday: a Nightmare. Sí, fue mi pesadilla, mi vergüenza por haber sido incapaz de leerlo de corrido, de entender con claridad lo que estaba leyendo, pero reconozco que me permitió probar mi tenacidad por terminarlo. Puedo decir que gané la batalla contra El hombre que fue Jueves: Terminé de leerlo. La narración sugiere un origen onírico, pero no creo que el autor haya escrito dormido este acertijo literario. No me atrevería a escribir el argumento, mucho menos la trama. Tan sólo puedo comentar que tal vez Chesterton, disfrazado de Gabriel Syme (el personaje principal, un poeta disfrazado de anarquista) no pudo esconderse, haya sido esto deliberado o no. A través de la novela podemos encontrar elementos alegóricos de la fe cristiana incrustados aquí y allá, como si fueran piezas aisladas; pero fueron, seguramente, insertados con cuidado en los párrafos, cargados de frases sin sentido, acciones surrealistas y ficticias, mientras los pensamientos de Chesterton iban más lejos, posiblemente persiguiendo en forma inconsciente las verdades de la fe cristiana. Aunque se dice que quince años después de la publicación de este libro Chesterton se convirtió al catolicismo, existían ya en sus textos las señales de su búsqueda de la verdad, aunque para ello diera tantas vueltas. ...¿Que si volvería a leer El hombre que fue Jueves? Tal vez, algún día, cuando haya leído otros libros de Chesterton y tenga, entonces, mayor sagacidad. |