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A FONDO
Como maestro experimentado, el Papa Benedicto XVI recurre a los ejemplos para darse a entender. Entre más claros y sencillos sean los ejemplos, más fuerza suelen tener.
Como maestro experimentado, el Papa Benedicto XVI recurre a los ejemplos para darse a entender. Entre más claros y sencillos sean los ejemplos, más fuerza suelen tener. El ejemplo confronta la doctrina con la realidad y demuestra su verdad. Por eso, no dudó en hacerlo delante de los sesudos magistrados e intelectuales de Alemania, ni ante los solemnes señores cardenales y teólogos de la Curia romana. Tanto profanos como religiosos necesitamos aprender. Recogemos aquí dos ejemplos de sus últimos discursos, esperando que nos ayuden a preparar su visita y comprender sus enseñanzas.
El discurso más importante que pronunció el Papa durante su visita a Alemania tuvo lugar ante el Parlamento. El contenido versó sobre los fundamentos del derecho y de la justicia, que son los pilares donde se asienta la democracia. Explicó a los políticos e intelectuales alemanes, que «la razón positivista, que se presenta de modo exclusivo y que no es capaz de percibir nada más que lo que es funcional, se parece a esos edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, sin querer recibir ya ambas como del gran mundo de Dios». Solemos evitar el aire y el sol naturales y, aprovechándonos de ellos, los convertimos en artificiales y terminamos por asfixiarnos. Buscamos a toda costa sobreponer lo funcional a lo humano y lo artificial a lo natural; llegamos así a eliminar a los seres humanos naturalmente concebidos para después reproducir otros en el laboratorio. La ecología debe ser humana e integral y la democracia justa para que sean verdaderas. No basta declararse amigo de la naturaleza, sino que es necesario interpretarla correctamente y respetar sus leyes. Existe una gramática natural escrita por la Razón creadora. Quien mantiene su inteligencia y su corazón cerrados a las leyes establecidas por Dios, termina destruyendo a la creación y al hombre. La fe ayuda a la razón a ser razonable y a construir edificios abiertos, con aire y con sol, para no ahogarnos en la insensatez.
En su discurso de fin de año a la Curia romana, el Papa, al referirse a la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid, recordó su encuentro con los jóvenes voluntarios, unos 20 mil, que empeñaron su trabajo y su talento en servir gratis a los demás. Los encontró cansados, pero contentos. Esos jóvenes no buscaron prestigio, ni salario, ni siquiera ganarse el cielo o evitar el infierno. «Esos jóvenes -explica el Papa- hicieron el bien simplemente porque es hermoso hacer el bien a los demás». ¿Qué los motivó? ¿De dónde brotó su alegría? Del amor a Jesucristo. Nada más. En cambio, quienes sólo buscan ganancia y provecho personal, «esos hacen el bien, por decirlo así, sólo para sí mismos. Son como la mujer de Lot que, mirando hacia atrás, se convirtió en una estatua de sal». Y concluye el Papa: «¡Cuántas veces la vida de los cristianos se caracteriza por mirar sobre todo a sí mismos!». Que es mirar hacia atrás. ¿Nos habremos convertido en estatuas de sal? ¿Cómo nos encontrará el Santo Padre ahora que nos visite? Esos jóvenes voluntarios nos están enseñando «un nuevo modo de ser cristianos». Lo normal.
+ Mario De Gasperín Gasperín |