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EDUCAR EN EL AMOR Y PARA EL AMOR, UNO DE LOS RETOS DE LA IGLESIA
Monseñor Víctor René Rodríguez Gómez*, obispo auxiliar de Texcoco y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, conversa con El Observador sobre los retos que como Pueblo de Dios nos corresponden para generar un clima de paz en nuestro país
¿Qué lectura hace de la situación de violencia que vive nuestro país?
Los obispos de México vemos la situación como un problema de «salud pública». Nos damos cuenta de que hay grandes factores que afectan a la seguridad de nuestro país; por ejemplo, que se va perdiendo el sentido de legalidad: la corrupción en la que participamos, en pequeña o mediana escala, es algo que se da hasta dentro de la familia, en el trabajo y así se va extendiendo esta cultura de ilegalidad que trae consecuencias como la impunidad, que genera violencia e inseguridad.
¿Dónde hunde sus raíces esta situación de «deterioro del tejido social» en México?
Una de esas raíces pueden ser todos los movimientos migratorios dentro del país o hacia fuera de gente que va y viene; con ello se va perdiendo el sentido de pertenencia y el sentido de compromiso con el lugar de origen, esto pasa con una comunidad de dimensiones humanas; pero, en cuanto a las grandes ciudades, estas generan problemas como el aislamiento, el individualismo, el consumismo, que provocan también violencia e inseguridad y que son, en cierta forma, consecuencias de las mismas: así se retroalimentan.
Siento que este deterioro es un asunto que nos involucra a todos. Como episcopado vemos la conveniencia de participar desde las personas, pero también desde las instituciones, que queremos contribuir al bien de nuestro país, y entre ellas está la sociedad civil muy representada por las universidades, las familias y, de manera especial, por la Iglesia.
La mayoría de los habitantes de este país nos declaramos católicos; sin embargo, el clima de «descomposición del tejido social» al que hemos aludido, no da razón de ello, ¿qué opinión le merece?
Es una situación que nos preocupa. En el último censo aparece que el 85% de católicos más un 8 o 9 % de cristianos no católicos, estamos hablando de cerca del 95% de creyentes, de cristianos, y sin embargo, toda esa religiosidad del pueblo mexicano, especialmente la devoción a la Virgen de Guadalupe, no se reflejan en el comportamiento que genere mejores condiciones de armonía y de paz entre nosotros.
¿Cuál es el camino para hacerle frente a esta situación?
Una de las preocupaciones de la Iglesia es la formación de las personas para que así también se encuentren mejores relaciones en la vida de la familia y repercuta en la sociedad. Los obispos mexicanos hemos asumido compromisos importantes, como por ejemplo, en relación a la tarea que tiene que ver con la educación, al menos en las instituciones a nuestro alcance: que puedan encarnar el principio de educar en el amor y para el amor y la convivencia, en la verdad y para la búsqueda de la verdad, en la justicia y para la búsqueda de la justicia y la paz.
Además, la familia, que tiene fundamentalmente el privilegio de transmitir la vida, también tiene el deber de cuidarla, protegerla y promoverla en todas sus formas y manifestaciones.
*Nombrado obispo desde el 2006, en la 88a. Asamblea Plenaria, en 2009, fue elegido por los obispos de México Secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano para el trienio 2009-2012. Es también responsable de los trabajos de la Dimensión para la Pastoral de las Fuerzas Armadas. |