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Escrito por Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.   
Domingo 01 de Enero 2012

TRIPAS DE FRAILE

Image En México, todo masón que se precie de serlo debe combatir sin tregua a la Iglesia Católica. El anticlericalismo es el principal argumento esgrimido por la militancia masónica mexicana.

Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.

En México, todo masón que se precie de serlo debe combatir sin tregua a la Iglesia Católica. El anticlericalismo es el principal argumento esgrimido por la militancia masónica mexicana. Con particular virulencia, las logias en este suelo se han involucrado en la defensa del estado laico, entendiéndolo a su modo, esto es, no la independencia entre las esferas civil y eclesiástica (laicismo positivo), sino la remoción de cualquier vestigio de injerencia de lo católico en la vida pública (laicidad).

No entienden ni pueden hacerlo que en pleno siglo XXI la libertad religiosa es una condición para garantizar la vida democrática, de modo que como en los mejores tiempos del jacobinismo recalcitrante, siguen ellos empeñados en exhumar las acusaciones que hace un siglo y medio sirvieron para lapidar a las instituciones eclesiásticas a través de leyes draconianas que fueron subiendo de tono hasta llegar, en 1926, a la aprobación de la ley reglamentaria del artículo 130 constitucional y a las adiciones del código penal federal en materia de culto público y disciplina externa, vigente, aunque fuera letra muerta, hasta 1992.

A nadie extrañe, entonces, que apenas enterada del asunto, la senadora María de los Ángeles Moreno, presidenta de la Comisión del Distrito Federal en el Senado de la República, y masona del más elevado rango, comprometiera al instituto político en el que milita, el Partido Revolucionario Institucional, aseverando que por cuenta de ella corre que el PRI en el Senado de la República frene la libertad religiosa en México.

El proyecto de reforma del artículo 24 de la Carta Magna, presentado por la Comisión de Puntos Constitucionales al Congreso de la Unión, y aprobado por el pleno de la Cámara del 15 de diciembre pasado, está redactado en estos moderados términos: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de tener o adoptar; o no tener ni adoptar, la religión o las creencias de su elección, así como la libertad para manifestar su religión o creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la celebración de ritos, las practicas, la difusión y la enseñanza; siempre que no constituyan un delito o una falta sancionada por la ley».

Sin embargo, para la senadora Moreno, el Estado mexicano debe seguir ejerciendo el oficio de censor religioso que se adjudicó a nombre de la Nación, para reprimir no a la religión, sino a la Iglesia católica, acusada por la facción republicana de haber colaborado con el bando Conservador para imponer, en 1864, un sistema de gobierno monárquico a despecho del republicano, adoptado en 1824.

Lo irónico del caso es que, salvo la breve gestión presidencial de Francisco I. Madero, cuya candidatura fue respaldada por el recién creado Partido Católico Nacional, este país ha sido regenteado por un gobierno presidencialista, ‘monárquico’ en su gestión (monos, ‘uno’, y arjein, ‘gobierno’: gobierno de uno solo), merced a las atribuciones conferidas al titular del poder ejecutivo por la Constitución de 1917.

Sería deseable que los católicos en México, jerarquía y fieles laicos, no esperemos que este tipo de iniciativas de ley se sigan presentando como «dádivas» de parte de los legisladores, cuyo oficio no es producir el derecho, sino tutelar y reconocer (positivar), mediante la ley, lo que ya es un hecho. La libertad religiosa, en los términos que plantea la reforma propuesta, contiene un margen de mínimo respeto entre dos esferas autónomas entre sí y representa un avance en la materia.

Reflexionar

Para algunos, el estado debe ser censor de las expresiones religiosas, una idea del siglo XIX que violenta derechos.

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