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Dios en la vida pública: la verdad es más grande que la democracia Imprimir
Escrito por El Observador   
Domingo 09 de Diciembre 2007

REPORTAJE

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IX Congreso Católicos y vida pública

El pasado noviembre la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, y la Asociación Católica de Propagandistas realizaron el IX Congreso Católicos y vida pública, en la capital española, «como una invitación a recuperar el reconocimiento de Dios en nuestro mundo». Siguiendo esa línea seríamos todos más felices. Pero la propuesta, se nos advierte, tiene un inconveniente: sólo es viable con cristianos dispuestos a dar testimonio hasta las últimas consecuencias.

En esta IX edición, respaldada por más de 300 personalidades de la vida pública española e internacional que formaron parte del comité asesor, participaron 57 ponentes y 200 comunicantes ante una concurrencia superior al millar y medio.

No es posible un Estado ateo

El Nuncio de Su Santidad, monseñor Manuel Monteiro de Castro, a cuyo cargo estuvo el discurso de inauguración, recurrió a una frase de san Juan Crisóstomo que sintetiza el mensaje de este Congreso a la perfección: «Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupa por la salvación de los demás»; y en otra parte de su alocución sostuvo: «Los cristianos, cada uno de nosotros, siguiendo las huellas del Maestro Divino, estamos llamados a ser ‘signo de contradicción’ en medio de una sociedad en la cual algunos, en nombre de la propia libertad, rechazan a Dios y otros niegan o procuran ocultar la presencia de Dios, la verdad sobre Dios».

Parte del segmento inaugural fue el discurso de Alfredo Dagnino Guerra, presidente de la institución organizadora, quien aseguró: «No es posible un Estado ateo, lo dice el cardenal Ratzinger en Iglesia, comunismo y política. No lo es en ningún caso en cuanto Estado de derecho duradero; esto implica que Dios no puede quedar relegado incondicionalmente a la esfera de lo privado. No es posible un Estado confesionalmente laicista ni de iure ni de facto que excluya a Dios de la esfera pública; el Estado no puede ser indiferente a Dios, no puede ser indiferente a la religión, no puede ser indiferente a las convicciones morales... no funcionaría la democracia».

Nos llamamos cristianos porque sabemos cómo será el fin de la Historia

Muy esperada era la ponencia «Laicidad y laicismo en la sociedad democrática», de George Weigel, biógrafo de Juan Pablo II y teólogo de las Ethics and Public Policy Center de Washington. Weigel declaró: «La libertad religiosa es el primero de los derechos humanos, ya que es el reconocimiento de que cada persona dispone de su propio espacio interior que no puede ser invadido por el Estado». «Hizo ver —reseña Ricardo Benjumea—que, si nos llamamos cristianos, es porque sabemos cómo será el fin de la Historia; pero de ahí se deriva una manera de estar en el mundo, un vendaval de alegría y de libertad, que debería llegar a todos los rincones de la sociedad, lo que, sin embargo, no está ocurriendo».

En las diversas mesas redondas que se formaron para el desarrollo del congreso hubo intervenciones magníficas. Hacemos referencia a una, sin demérito de las demás: Jorge Fernández Díaz, diputado del Congreso por Barcelona, dijo: «Ahora se niega la existencia de verdades absolutas, ya que entonces no es posible distinguirlas de la mentira». «Los legisladores consideran que la Ley de Dios y la Ley Natural ya no tienen nada qué decir. Son ellos los que ahora deciden lo que está bien y lo que está mal». «Nos encontramos en una época de secularización, de dictadura de lo políticamente correcto, en la que el proyecto es acabar con las creencias religiosas y las raíces tradicionales».

Lo público no es monopolio de lo estatal

La conferencia de clausura, titulada «Exigencia y compromiso del católico en la vida pública», fue dictada por el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid. En comentario de Ricardo Benjumea, «otra de las razones de ser del Congreso Católicos y vida pública es deshacer el equívoco clásico de que lo público es monopolio de lo estatal. El cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, subrayó este error en la conferencia de clausura, un error que, además, encierra graves peligros, como se observa en ‘la tendencia progresiva a la absorción por parte del Estado de todos los espacios en los que se desenvuelve la existencia diaria de las personas’. En otras palabras: el Estado no se limita ya a reconocer realidades que le preceden, como el matrimonio, la familia, las instituciones religiosas, la nación..., sino que se arroga la capacidad de definir y modelar estas realidades conforme al simple criterio de las mayorías parlamentarias. Este proceso se da en un ambiente cultural marcado por la ideología del laicismo, el relativismo moral y un ‘individualismo egoísta’, cuyas consecuencias ‘están a la vista: crisis destructora del matrimonio y de la familia, envejecimiento demográfico y una generación desamparada y huérfana muchas veces de amor y de afecto, y una huída moral, huída de toda obligación y compromiso a favor del prójimo que implique renuncias y molestias personales. Ante este panorama, la respuesta —dijo el cardenal— debe ser ‘la nueva evangelización, objetivo que se marcó Juan Pablo II y en el que ahonda, día tras día, con su magisterio, nuestro Santo Padre actual’».

Todo permitido, excepto proclamar a Dios

Volviendo a las palabras de don Alfredo Dagnino Guerra, esto es subrayable: ante la amenaza de que la verdad se debilite y se esfume, «todo, entonces, tiende a ser arbitrario, a decidirse según el gusto propio. Esto crea la apariencia de una imponente libertad. Pero sólo es apariencia. Detrás de esa máscara, el hombre se hace esclavo de sus instintos más elementales, y, sobre todo, de los intereses del poder. El hombre se queda solo, desvalido. Todo está permitido; todo, excepto afirmar algo definitivo, excepto proclamar a Dios. Y en un mundo así gana el más fuerte, pero pierde siempre el hombre, pierde su dignidad, pierde su honor, pierde su libertad». Porque, sin Dios, «todo se vuelve manipulable, todo es relativo, todo es negociable».

Con información de Alfa y Omega y GACETA.es

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