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ALACENA 
La película «El padre Pro» es protagonizada por otro presbítero jesuita que se disfraza, el padre Pedro Reyes
Este 23 de noviembre se cumplieron 80 años del fusilamiento del jesuita Miguel Agustín Pro, durante la persecución religiosa, y con este motivo se estrena una película biográfica bajo la dirección de Miguel Rico, con guión del sacerdote jesuita, Alberto Vargas. La cinta, que aporta información y anécdotas inéditas, se apega estrictamente a la vida del padre Pro, pero también refleja los problemas sociales y políticos que tuvo que enfrentar el sacerdote durante su ministerio, dada la prohibición y condena del gobierno de Plutarco Elías Calles a cualquier acto de culto religioso público. Las razones de la película La producción de esta película fue posible gracias a las aportaciones voluntarias de distintas personas, y fue grabada en locaciones de México y Europa, continente en el que vivió el padre Pro luego de que, a causa de la Revolución Mexicana, cerraran los seminarios en nuestro país. La intención de esta gran producción cinematográfica de ninguna manera es levantar polvaredas con el Estado, sino mostrar, con base en fuentes documentales y testimoniales fidedignas, la vida de uno de los personajes más importantes de la vida de la Iglesia en el siglo XX: el beato Agustín Pro. Un jesuita interpreta a otro jesuita El actor Pedro Reyes, además de ser presbítero jesuita, trabaja a favor de los derechos laborales de mineros de Pasta de Conchos, Coahuila. El padre Reyes relata su experiencia como actor al representar al bato mexicano Miguel Agustín Pro, también presbítero de la Compañía de Jesús: «Cuando me propusieron el proyecto, lo primero que sentí no fue el parecido que tenía con Miguel, sino la diferencia. Porque hablamos de 80 años de distancia». La vocación del padre Reyes Pedro Reyes, mexicano nacido en Estados Unidos, hijo de una familia devota y de un padre médico, vivió siempre en el hospital, entre los enfermos y necesitados; urgido de otras experiencias, radicó en Ensenada para estudiar oceanología; allí recibió invitaciones para el sacerdocio: «Sólo que no me agradaba la idea de estar encerrado en el seminario ocho años», y regresó a la capital. En México, participó en varias compañías teatrales; estudió comunicación y un diplomado en teología para laicos; más tarde, «entre las colonias, entre la gente trabajadora», ingresó a la Compañía de Jesús e inició su recorrido hacia el sacerdocio ministerial. Pedro Reyes, entonces diácono transitorio en espera de su ordenación presbiteral, recibió la invitación de participar como protagonista en un filme sobre la vida del padre Miguel Agustín Pro Juárez. Miguel. Sólo Miguel El padre Reyes habla del beato como si hubiera hablado con él por la mañana, como si fuera uno más de los mineros de Pasta de Conchos con los que trabaja en la defensa de sus derechos laborales, y vuelve a estrechar los 80 años que lo separan del padre Pro: «Su trabajo con los obreros, con los mineros, resonaba en mi experiencia con el trabajo en las maquilas, en las empresas, con los obreros, en sus casas, en donde he intentado hacerme su amigo». «Miguel participó en una misión en San Tiburcio, con campesinos sencillos, y años más tarde recordaría que allí encontró a jesuitas felices entre gente también feliz. Creo que eso era Miguel, una búsqueda de una alegría que no es superficial, que viene de más adentro y que busca extenderse, alcanzar a los demás. Quizá de allí venga esa frase de Miguel: ‘Yo soy barretero: el chalán de los mineros’», dice Pedro Reyes con su sonrisa imperturbable y la mirada como la de un niño. Las miras del padre Reyes Además de los mineros, Pedro Reyes trabaja con electricistas y maestros en corrientes de democratización sindical. En el plano religioso, dentro de la Compañía de Jesús, el padre Reyes pretende seguir estudiando, sobre todo filosofía: «Mi trabajo siempre ha ido hacia este rubro, hacia la filosofía del poder y, desde allí, plantear una manera de acercarnos a los derechos humanos que no dependa tanto de un marco normativo, y una manera de construir un mundo más incluyente donde todos tengamos voz y palabra». La causa de los cristeros El padre Reyes, explica: «Me preguntaron alguna vez si valía la pena recuperar las causas de los cristeros, pero es muy complejo; creo que las causas que quedaron como más visibles del movimiento cristero ya pasaron, pasó su manera de entenderse y pasó su manera de defenderse como lo hicieron entonces». Los ojos en el presente El padre Reyes prefiere poner los ojos en el presente: «Creo que es importante pensar cómo queremos vivir. Aunque creamos que existe una democracia por la diversidad de partidos, a fin de cuentas el grupo que gobierna sigue siendo chiquito y eso no es una sociedad democrática». «Uno de los retos de representar a Miguel es que es un personaje de una época muy compleja de la que probablemente entendió poco porque llegó a México un año antes de ser fusilado y porque la situación misma difícilmente alguien la entendía por completo. Miguel se vio de pronto en esta situación y buscó qué era lo que él podía hacer para acompañar al pueblo. Lo que encontró es que podía ser un sacerdote íntegro, pleno, en serio, metido en donde tuviera que meterse para serlo. Lo que hay que recuperar es la imagen de este hombre y de muchos otros hombres y mujeres que en ese tiempo estaban tratando de ver cómo podían ayudar en medio de la complejidad del momento», concluye el actor presbítero. Fuente: SIAME / Felipe Monroy |