«Yo deseaba mucho tener hijitos», dijiste con lágrimas en los ojos al recordar a tus dos bebés muertos antes de nacer. Déjame decirte algo: eres madre de dos hijos.
Por Yusi Cervantes Leyzaola
«Yo deseaba mucho tener hijitos», dijiste con lágrimas en los ojos al recordar a tus dos bebés muertos antes de nacer. Déjame decirte algo que ya sabes, pero que tal vez no has valorado en su justa dimensión: eres madre de dos hijos. No llegó a buen término el embarazo, sufriste dos abortos que provocan un gran dolor en tu corazón; por lo tanto, no tienes a tus hijos físicamente cerca de ti, no los verás crecer ni escucharás sus risas. Su muerte definitivamente es una gran pérdida, es natural la profunda tristeza que te llena en estos momentos. Pero recuerda: eres madre de dos seres, espíritus completos, que existen gracias a que tú y tu esposo aceptaron ser co-creadores con Dios. Esto es tan grande que no puedo transmitirte el pleno significado de este hecho. Tus hijos están en presencia de Dios, en su amor, y desde ahí te aman. Sin ti no existirían, y no es que Dios no pudiera crearlos como le viniera en gana, sino que Dios no se desdice a sí mismo, y en su plan creador quiso necesitar del padre y la madre humanos para crear a las personas humanas.
Tenemos la equivocada costumbre de decir «va a ser mamá», «vamos a ser padres» o frases similares cuando una mujer está embarazada. No es cierto. Ese hombre y esa mujer ya son padres, lo son desde el momento en que conciben a un hijo, porque desde ese instante ya existe un ser humano cuyo cuerpo lleva la información genética de ambos y cuyo espíritu ya está ahí. Son padres, lo sepan o no, lo quieran o no, llegue a término el embarazo o no. Por eso me encantó cuando unos amigos, al saber la noticia de que estaban embarazados (ella físicamente, con un nuevo ser en su vientre, ambos espiritualmente) comunicaron la noticia en estos términos: «Somos padres». Ojalá comenzáramos a cambiar nuestro lenguaje y ya no pusiéramos en futuro lo que es presente. El del nacimiento es un gran momento, sin duda: poder ver y abrazar al hijo es maravilloso, pero ese hijo existe desde meses atrás. La infancia pasa en un instante, los hijos pronto se van, y en el contexto de una historia eterna, lo más trascendente es haber colaborado con Dios para que esos hijos existan. Eres madre, no lo olvides, ábrete a ello y ten presentes a tus hijos, ámalos y permítete saber que ellos te aman. Seguramente ellos te tienen presente siempre ante Dios y le piden que derrame su gracia en ti.
La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiado de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al tel. 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico:
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