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Escrito por Justo López Melús   
Domingo 02 de Diciembre 2007

FLOR DE HARINA (Sal 147, 14)

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Que seamos, unos para con otros, fuente, no de faltas, sino de riqueza interior.

Por el padre Justo López Melús

No hay actos indiferentes. Todo gesto tiene alguna influencia. Se ha dicho, escribe Loew, que en el fondo del corazón de todo hombre duerme un cerdo. Pero hay también dormido un noble caballero. Eva, ¿a cuál de los dos despertarás? Nunca dejas a un hombre como lo encontraste. Saldrá de tus manos mejor o peor. Si escoges despertar al caballero, ten cuidado del otro. En cuanto a ti, Adán, no eres inocente. No te excuses demasiado de prisa: «La mujer que me diste me ha tentado». Pero, y tú, ¿qué has querido despertar en ella?

Uno de los casos históricos más bellos, y que más ha influido en una vida, es el caso de Beatriz sobre Dante. Desde que Dante la descubrió, a la edad de nueve años, según cuenta en La Vida Nueva, ha supuesto para él un tirón irresistible que transformó su vida definitivamente. Beatriz ha sido la sublimación de un sentimiento humano, la interpretación de un amor humano a lo divino, el beneficio de la chispa divina que necesita el amor humano para ser digno de llamarse amor.

Buero Vallejo, en Casi un cuento de hadas, presenta a dos personajes con perfiles muy claros. Leticia es una princesa bella, pero necia. Riquet, un príncipe inteligente, pero muy feo. Se enamoran. El amor, la fe, la esperanza, hacen que Riquet suscite y despierte la inteligencia de Leticia, y que Leticia suscite y traspase su belleza a Riquet.

Dios mío, rezaba Guy de Larigaudie, haz que nuestras hermanas, las jóvenes, sean armoniosas de cuerpo, sanas y de alma transparente. Que ellas sean la pureza y la gracia en nuestras vidas rudas. Haz que nada malo se deslice entre nosotros. Que seamos, unos para con otros, fuente, no de faltas, sino de riqueza interior.


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