|
CORRESPONDENCIA 
Mi alegría y gozo no son sólo por que estamos sanos (aunque adoloridos) sino porque en todo veo el amor de Dios.
No sé si seré capaz de transmitir lo que deseo pero estoy muy feliz, Dios me ama mucho y lo siento. No sólo porque mis hijos, mi mamá y yo sufrimos un accidente y salimos bien de un choque. No hubo gota de sangre y le agradezco a Dios de manera infinita eso, pues mis hijos estaban asustaditos, nerviosos y ver sangre habría sido peor. Mi alegría y gozo no son sólo por que estamos sanos (aunque adoloridos) sino porque en todo veo el amor de Dios. Ahora inicia el proceso legal para que el responsable pague los daños; estoy tranquila pues el peritaje resultó a mi favor, por la gracia de Dios, pero aun si no hubiera sido así estoy segura de que dentro de la zozobra de no tener con que pagar encontraría la dulzura del amor de Dios. Sé que todo lo permite para mi propio bien, que todo está encaminado a llevarme a su lado, a vivir como Él desea que viva. Eso, el tener la convicción de que Dios ha permitido esto, es lo que me llena de alegría y me hace sentir tan amada. Dios me ama de manera especial y por eso me permite pasar por esta prueba. ¡Gracias, Señor! No tengo auto, tengo que depender de otros para transportar a mis hijos y a mí misma. ¡Gracias, Dios! Tengo que levantarme más temprano, sí, en la madrugada, a más tardar a las 5:30 de la mañana (¡cómo me cuesta!). Pero le doy gracias a Dios por cada esfuerzo adicional que tengo que hacer. En lo aparentemente «malo» encuentro la bondad y el amor incondicional de Dios y eso, ese encontrar, no es mérito mío sino de Dios mismo que me deja verlo. Rocío Hernández |