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Afraates el «Sabio» PDF Imprimir Correo
Escrito por El Observador   
Domingo 02 de Diciembre 2007

LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO

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Benedicto XVI habló en audiencia general sobre la figura del obispo san Afraates el «Sabio».

«En nuestro viaje al mundo de los Padres de la Iglesia, hoy quisiera guiaros hacia una parte poco conocida de este universo de la fe, es decir, a los territorios en los que florecieron las Iglesias de lengua semítica, aún no influidas por el pensamiento griego.

«Las comunidades siríacas del siglo IV fueron una representación del mundo semítico del que salió la Biblia misma, y fueron expresión de un cristianismo cuya formulación teológica aún no había entrado en contacto con corrientes culturales diversas, sino que vivía de formas de pensamiento propias.

«Quisiera presentar este mundo a través de la gran figura de Afraates, conocido también con el sobrenombre de ‘Sabio’, uno de los personajes más importantes y, al mismo tiempo, más enigmáticos del cristianismo siríaco del siglo IV.

«Originario de la región de Nínive-Mosul, hoy Iraq, vivió en la primera mitad del siglo IV. Tenemos pocas noticias sobre su vida. Dirigió un monasterio y fue consagrado obispo. Escribió veintitrés discursos conocidos con el nombre de Exposiciones o Demostraciones, en los que trató diversos temas de vida cristiana, como la fe, el amor, el ayuno, la humildad, la oración, la misma vida ascética y también la relación entre judaísmo y cristianismo, entre Antiguo y Nuevo Testamento.

«Afraates era originario de una comunidad eclesial que se encontraba en la frontera entre el judaísmo y el cristianismo. Era una comunidad muy unida a la Iglesia madre de Jerusalén, y sus obispos eran elegidos tradicionalmente de entre los así llamados ‘familiares’ de Santiago, el hermano del Señor (cfr. Marcos 6, 3); es decir, eran personas con vínculos de sangre y de fe con la Iglesia jerosolimitana. La lengua de Afraates era el siríaco, por tanto, una lengua semítica como el hebraico del Antiguo Testamento y el aramaico hablado por el mismo Jesús. La comunidad eclesial en la que vivió Afraates era una comunidad que trataba de permanecer fiel a la tradición judeocristiana, de la que se sentía hija. Por eso mantenía una relación estrecha con el mundo judío y con sus libros sagrados. Afraates se definía significativamente a sí mismo como ‘discípulo de la Sagrada Escritura’ del Antiguo y del Nuevo Testamento, que consideraba su única fuente de inspiración.

«Fiel a la tradición siríaca, presentó a menudo la salvación realizada por Cristo como una curación y, por consiguiente, a Cristo mismo como médico. En cambio, considera el pecado como una herida, que sólo la penitencia puede sanar: ‘Un hombre que ha sido herido en batalla ?decía Afraates?, no se avergüenza de ponerse en las manos de un médico sabio (…); del mismo modo, quien ha sido herido por Satanás no debe avergonzarse de reconocer su culpa y alejarse de ella, pidiendo el remedio de la penitencia’».


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