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Escrito por Sergio Ibarra   
Domingo 02 de Diciembre 2007

DILEMAS ÉTICOS

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Es el primer tiempo del año litúrgico. El surgimiento de esta tradición tiene sus raíces en los primeros misioneros.

Por Sergio Ibarra

La Iglesia Católica se ha distinguido, entre muchas cosas, por generar símbolos y tradiciones que se asocian a las fiestas o conmemoraciones que son clave y que corroboran la conformación y pertenencia de la comunidad cristiana. Es parte de la interpretación que los santos, los sacerdotes y los laicos en un momento hicieron de los Evangelios, tema fundamental para mantener, entender y compartir en cada familia y en cada comunidad el reto de dar vida a los mismos y de extenderlo hasta la oración. Quien lleva una vida en oración se encuentra listo para afrontar la vida, para renovar y expandir su vida, para afrontarla sin temor, recorrer y desplazarse por el mundo libremente. El tiempo de Adviento es un tiempo de oración.

La palabra Adviento es de origen latino: de la palabra adventus, que quiere decir: venida. La llegada del Redentor. El Adviento, por lo tanto, es un tiempo de espera para los cristianos; época de preparación espiritual. Es el primer tiempo del año litúrgico. El surgimiento de esta tradición tiene sus raíces en los primeros misioneros que, aprovechando una tradición pagana de encender velas para invocar al sol durante el invierno, la emplearon para esperar la Navidad. Otros testimonios ubican al surgimiento de la Corona de Adviento en lo que es hoy Alemania. Las familias de la Edad Media, en la época de invierno, recolectaban ramas de los árboles para formar un círculo que era colocado en la puerta de la casa. Los tiempos hicieron que esta tradición se extendiera y tuviese algunas adiciones. Las ramas, la forma, las velas, los adornos y los colores. Los cuatro domingos han sido asociados con la Vigilancia, la Conversión, el Testimonio y el Anuncio. Los significados de cada elemento se han ido complementando con las interpretaciones de las épocas y de las circunstancias de cada generación. Pero lo que nunca ha cambiado es su esencia, la preparación hacia la celebración del nacimiento de Jesús el Cristo. La Navidad y el Adviento no están separados, son dos tradiciones que se complementan. Asumirlos es parte de una manifestación de fe en Dios hacia nuestra comunidad, de que somos cristianos.

El reto mas grande que encierra el Evangelio probablemente tenga que ver con la invitación de aceptar un don por el cual no podemos dar nada que le pueda ni siquiera de manera mínima equivaler, que es el hálito de vida de Dios. Tiempo de Adviento, tiempo de oración para escuchar a la naturaleza, en donde se origina la tradición de la Corona de Adviento, los días cortos del invierno. Tiempo para tener la paciencia y la tranquilidad para escucharnos a nosotros y a los otros.


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