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¿Sigue vigente hoy en día la doctrina de la infalibilidad del Papa? PDF Imprimir Correo
Escrito por Walter Turnbull   
Domingo 02 de Diciembre 2007

RESUELVE TUS DUDAS

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«...tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.» (Mt. 16, 17) 

Pregunta:

¿Sigue vigente hoy en día lo de la infalibilidad del Papa? Creo que, como personas, todos nos podemos equivocar; la Iglesia se ha equivocado algunas veces (la inquisición, las cruzadas, los judíos, la marginación a la mujer); el papa Juan Pablo II pidió perdón y el papa Benedicto XVI causa gran problema con sus palabras en Ratisbona.
Gloria

Respuesta: 

Sí. La creencia en la infalibilidad del Papa sigue vigente y seguirá hasta el fin de los tiempos, porque no se basa en una decisión u ocurrencia humana, sino en la voluntad de Cristo cuando dijo a Pedro: «...tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.» (Mt. 16, 17) 

Para que la Iglesia, como custodia y maestra del depósito de la Verdad revelada por Cristo, pueda cumplir cabalmente su misión, conservando la pureza de la fe sin mutilaciones y sin errores, Cristo la hace participar de su propia infalibilidad, asegurando la inspiración del Espíritu Santo al Papa y al cuerpo episcopal unido con el Papa, «cuando proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y de moral» (Catecismo de la Iglesia Católica, No. 891)  Es decir, el Papa como ser humano puede cometer pecados o tomar decisiones equivocadas (cosas que muy raramente suceden) o hacer mal unas cuentas, pero no puede equivocarse al definir solemnemente un dogma como la Inmaculada Concepción o una norma de moral como la prohibición de matar niños. En este sentido, la Iglesia no se ha equivocado nunca, ni nunca lo hará. Pensar que la Iglesia se ha equivocado en cuestiones de moral o de fe, equivaldría a pensar que las puertas del Hades sí han prevalecido contra ella y que Cristo faltó a su promesa.

Cuando el papa Juan Pablo II pidió perdón, lo hizo por algunas decisiones equivocadas y, sobre todo, por abusos que algunos cristianos han cometido de manera personal, situaciones que en ningún momento comprometen el dogma de la infalibilidad.

Ahora bien, con respecto a esos errores de la Iglesia, permíteme hacer algunas observaciones.

La Inquisición.- Bochornoso como es el asunto de la Inquisición, estudios serios han demostrado que la situación habría sido mucho peor si no hubiera existido. En el tiempo en que la Inquisición estuvo en funciones, hubo miles de ajusticiados por herejía o por brujería en todo el mundo, por parte de autoridades civiles o de tribunales protestantes. En los lugares en que la Inquisición católica estuvo más presente hubo menos (mucho menos) víctimas.

Las cruzadas.- Desastrosas como son todas las guerras, las cruzadas tuvieron más de guerras en defensa propia que de guerras de religión. Si las cruzadas no hubieran ocurrido, tal vez la cultura occidental habría desaparecido y nunca habrían llegado a nosotros la democracia, la cultura de los clásicos, la supresión de la esclavitud, la igualdad entre los hombres, el gobierno laico, la doctrina social, todas ellas aportaciones de la cultura de raigambre cristiana.

La marginación de la mujer.- La Iglesia católica recomienda que el hombre sea la autoridad en la familia y prohíbe la ordenación sacerdotal de mujeres. De ahí en fuera, no existe ninguna disposición dentro de la Iglesia que margine a la mujer en ningún sentido. Si alguien lo duda, basta con comparar la situación de la mujer en sociedades de cultura cristiana con su situación en sociedades ateas o que practican otras religiones como África, los países árabes o los países orientales. La principal promotora de la dignidad de la mujer (si no es que la única) siempre ha sido la Iglesia católica.

En ese famoso discurso en Ratisbona, que algunos consideran un error, Benedicto XVI en ningún momento atacó la fe o las costumbres del verdadero Islam, y en cambio sí dirigió una advertencia a la cultura occidental, de que se evite «el desprecio de Dios y el cinismo que considera la irrisión de lo sagrado un derecho de la libertad». La frase que ofendió a algunos es parte de un diálogo archivado en 1391 entre un emperador bizantino y un persa, y el Papa la usó como ejemplo para enfatizar valientemente la contradicción que yace en la motivación religiosa de la violencia, cosa que todos sabemos que es completamente cierta y que mucha falta hace que alguien se atreva a declararlo. Lo curioso es que el discurso levantó indignación entre musulmanes fanáticos y católicos tibios, y en cambio fue bien recibido por musulmanes serios y bien preparados.

Walter Turnbull

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