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Cri-Crí muestra el secreto de la felicidad PDF Imprimir Correo
Escrito por Yusi Cervantes   
Domingo 28 de Octubre 2007

FAMILIA

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Casi todos recordamos las canciones de Cri-Crí, al menos un par de ellas. Su riqueza, variedad, sencillez y ternura son sorprendentes.

Por Yusi Cervantes

Casi todos recordamos las canciones de Cri-Crí, al menos un par de ellas. Su riqueza, variedad, sencillez y ternura son sorprendentes. Un experto en música podría, por ejemplo, ilustrarnos acerca de la versatilidad de Gabilondo Soler al escribir polka, vals, blues, tango y balada, entre otros géneros musicales. Pero se nos están olvidando sus deliciosos cuentos, llenos de humor, sentido común, valores humanos y consejos prácticos.  Por ejemplo, aquellos donde transcribe las recomendaciones que Periquín Plumero escribió para el hijo que nunca llegó a tener, como él mismo comparte, ya anciano, en el último capítulo de su libro:

Los consejos de Periquín Plumero

Periquín Plumero, en su tratado, aconseja: Si alguna vez llegas a ser propietario de un automóvil, reflexiona en que esa compra sólo se refiere al vehículo, no a la calle entera. Para conducir un automóvil, recuerda la fórmula PPC que equivale a pericia, precaución, cortesía.  No vayas a creer como muchos que PPC signifique «por poco choco».  Toda vez que guíes ten presente el proverbio: «Más vale coche sin tacha que voltear tras cada muchacha».

En otro capitulo el paternal Periquín Plumero previene a su hijo contra los caprichos del carácter, porque hay temperamentos muy extraños, dice; muchos tienen salud, tienen trabajo, y si no están como para arrebatar en la pantalla siquiera caminan derechos y peinan copete, pero lamentan su suerte. Otros son listos, juegan al tú por tú con los logaritmos o con los idiomas, mas viven amargados y creen que nadie los comprende. Los pobres anhelan dinero, los ricos crían ulceras para crear mas dinero y los millonarios tienen unas tragaderas que ya quisieran los hipopótamos. Hijo mío, nacerás en un mundo extraño, aquí nadie está conforme, el planeta tierra debía llamarse planeta quejas.

El secreto de la felicidad

Vivir dichoso es algo muy sencillo, aseguró Cri-Crí a su auditorio, basta con sentirse pequeño. Yo no soy chiquito porque después de lo que sufrí siendo un grillo indefenso procuré convertirme en un señor de estatura superior a la acostumbrada, pero me refiero al estado de ánimo. Admirar todo aquello que nos rodea es algo tan bueno que convierte al más miserable en fabuloso marajacha. Los marajachas eran unos magnates de oriente que viajaban en elefante hasta para trasladarse a la habitación contigua.  Según los mayores, los niños se maravillan con las cosas más tontas. Es triste dejar de ser niño y suponer tontas las cosas que antes nos gustaban. El secreto de la felicidad consiste en seguir admirando las cosas pequeñas. 

El arte de reír

Las personas afectas a trasnochar, a vivir de noche como si fuera de día, son taciturnas y poco propensas a reír. Podría objetarse que los animales, aunque se acuestan temprano, tampoco ríen ni son expresivos, pero un observador atento, que se tomara el trabajo de permanecer varios años en la selva africana, quizás llegaría a sorprender la amplia sonrisa de un león en el instante preciso en que al cazador se le acaban las balas. No es necesario ir hasta el África, basta el jardín para captar el suspiro alegre de la tortuga que por fin llega al extremo lejano de la senda.

El valor de la seriedad es muy apreciado por los personajes importantes; cuanto más serios se muestran, más categoría les concede el mundo. ¿Sabe alguien de algún payaso que haya llegado a ser jefe de Estado?

Contener la risa es una disciplina esencial... pero en la intimidad hogareña podemos reír cuando nos venga en gana, sobre todo si nos reímos de nosotros mismos; reírse de uno mismo es altamente saludable y mucho más generoso que estallar en carcajadas cuando un semejante va a dar al suelo con dos docenas de hermosos huevos.

Sobre el tedio

Aquéllos que trabajan nunca se hastían, si es que de veras trabajan; pero los desocupados, no sabiendo cómo usar el tiempo, caen en el tedio. Ignoran el placer que entraña una activa cacería de moscas, no se les ocurre rascarse la barriga, movimiento especial que dio origen a la invención de la guitarra, y ni siquiera contemplan las nubes algodonosas para observar los perfiles cambiantes que semejan cabezas de gigantes o de animales fantásticos. A lo más que se esfuerzan los ociosos, si tienen con qué, es a meterse en algún sitio nocturno como «El Barril Desvencijado», establecimiento en donde comen por dos, beben por cuatro y les cobran por ocho.

Muchos cuentos más contó Cri-Crí.  Algunos están en su conocida colección de cuentos y canciones, originalmente en discos LP.

Los cuentos tienen un rico lenguaje que, sin embargo, no llega a ser pesado.  Al contrario, nos permite gozar de la belleza de las palabras y sus sonidos.


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