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Escrito por Jaime Septién   
Domingo 21 de Octubre 2007

PÓRTICO

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La libertad religiosa no es una dádiva del gobierno, es un derecho humano fundamental que todo gobierno que se diga democrático, además de respetarlo, debe fortalecerlo.

Por Jaime Septién

La libertad religiosa no es una dádiva del gobierno, es un derecho humano fundamental que todo gobierno que se diga democrático, además de respetarlo, debe fortalecerlo.

Cuando los católicos pedimos ampliar el marco de la Constitución en su artículo 24, estamos pidiendo algo muy simple: que se deje de considerarnos ciudadanos de segunda por tener una fe; que se nos den los espacios para expresarla en público y en privado.

La fe es un bien para la sociedad, pero nos han hecho creer todo lo contrario.  Algunos gritones nos han metido en la cabeza que la fe es una traba para el desarrollo, un obstáculo para ser modernos.

¿Qué sentido tiene pensar así?  Nadie lo sabe.  Lo que sí es cierto es que, mientras no resolvamos este asunto, seguiremos viviendo en una especie de inopia, en una tregua simulada, en el país de las simulaciones.

Los gritones de los medios y los jacobinos de por ahí argumentan que la Iglesia quiere volver a sus fueros; que desean ganar, de nueva cuenta, millones con las limosnas y, encima, poner a padrecitos en el poder.  Que no se tiene por satisfecha con «el poder» del púlpito (¿cuál?) y ahora anda en pos del poder de una curul.

Quien eso expone o supone anda muy errado.  La verdad, lo que quiere la Iglesia no es que los otros piensen como ella, sino que los que estamos en ella tengamos derecho a pensar y a actuar en consecuencia de lo que pensamos y creemos.  La Iglesia no quiere que los no creyentes desaparezcan, ¿por qué los no creyentes quieren que la Iglesia desaparezca?

Unos y otros debemos establecer un compromiso claro de respeto; una acción conjunta para iniciar diálogos constructivos, que hagan crecer a México en su reconocimiento de identidad y en su camino de consolidación del bien común.  Pregunta: ¿se puede avanzar en la identidad de México sin reconocer –por citar un ejemplo- el acontecimiento guadalupano? 

La respuesta es no.  Y si se reconoce, se asume también la fe de una porción mayoritaria de los mexicanos.  Y si es así: ¿por qué se le niega su expresión pública o se le tiene por retraso mental?


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