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Falsedades y errores Imprimir
Escrito por P. Mario Ángel Flores Ramos   
Domingo 29 de Agosto 2010

MIRADAS

Image No cabe duda que ha habido un error de parte del arzobispo de Guadalajara, el cardenal don Juan Sandoval Iñiguez, al afirmar que los ministros de la Suprema Corte fueron corrompidos. En realidad el problema es más profundo…

Por el P. Mario Ángel Flores Ramos

No cabe duda que ha habido un error de parte del arzobispo de Guadalajara, el cardenal don Juan Sandoval Iñiguez, al afirmar que los ministros de la Suprema Corte fueron corrompidos. En realidad el problema es más profundo, no es asunto de dineros, sino de juicio, tal como lo dice Jesús en el Evangelio refiriéndose a los escribas y fariseos, es decir, a los que se consideran expertos en la ley: «Guías ciegos que cuelan el mosquito y se tragan el camello». Se preocupan de la supuesta constitucionalidad  de algunas propuestas y se tragan sin mayor atención la justicia que está de por medio en los hechos que se discuten. Ya lo hicieron antes en relación al aborto; nada de extraño que lo hagan ahora sobre la adopción de menores por personas homosexuales.  Debemos decirlo con toda claridad: si la Constitución de la república mexicana pasa por encima de los derechos más elementales de los niños, debemos cambiar la Constitución y punto, todas las demás discusiones salen sobrando.

Queda claro que las decisiones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación son inapelables de acuerdo con nuestras instituciones,  pero por ello mismo los ministros que forman parte de ella deberían ser mucho más prudentes al emitir sus juicios. Señalemos algunas de las falacias que han invocado para justificar su decisión, argumentos tan débiles como absurdos:

Falacia 1: «En un matrimonio siempre hay problemas y no es el mejor ambiente para los niños adoptados».

Respuesta: ¿Y en una unión homosexual no habrá problemas iguales o peores? ¿Los homosexuales son extraterrestres, son ángeles perfectos caídos del cielo?

Falacia 2: «En un matrimonio se quiere más a los hijos adoptados, porque se les ha elegido y no a los propios hijos porque son un ‘accidente’ no deseado».

Respuesta: ¿Hace falta hacer algún comentario a esta argumentación tan absurda de alguno de los ministros?

Falacia 3: «Los niños no serán afectados por el ejemplo de los adultos homosexuales con quienes convivan  porque cada uno tiene su propia personalidad».

Respuesta: Ahora nos enteramos de que el padre del psicoanálisis Sigmund Freud estuvo totalmente equivocado; es la sicología moderna que se desarrolló a partir de él la que nos advierte sobre la importancia de los primeros años en la conformación de la personalidad, pero los ministros tienen nuevos avances «científicos» que nos dejan a nosotros en la prehistoria.

El error de la Suprema Corte es creer que con esto se hace más moderno a un país y se garantizan los derechos humanos de algunos; en realidad se están poniendo las bases de una sociedad decadente y se está pasando por encima de los derechos humanos de los más indefensos.

Nuestros ministros perdieron una gran oportunidad de dar un ejemplo al mundo entero de un acto de valor y de justicia: no porque una mentira se repita una y otra vez se convierte en verdad, no porque esto esté sucediendo en otras partes del mundo estamos ante un hecho de justicia.

Del jefe de gobierno del Distrito Federal, ni hablar. Un hombre que envuelto en su soberbia no se ha distinguido en gobernar para todos, sino para su grupo partidista, impulsando iniciativas de populismo, dejando de lado graves problemas. Un gobernante inmaduro que ha tomado banderas que no le corresponden, como son el aborto y la adopción de menores por homosexuales, y que ha dejado de lado sus verdaderas responsabilidades.

Ese hombre, más que presentar denuncias, debería pedir disculpas.

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