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VIGIA
Hugo Chávez, al pronunciar uno de sus más recientes peroratas en contra de la Iglesia, puso en entredicho el sensus fidei de la Iglesia al desacreditar pública, ruidosa y burlonamente la creencia de que el Papa y los obispos poseen una autoridad especial para gobernar y enseñar en nombre de Cristo.
Por Javier Algara / San Luis Potosí
Una frase atribuida a Boecio, filósofo romano del siglo V, dice: Si tacuisses, philosophus mansisses. «Si te hubieras quedado callado, hubieras seguido siendo un sabio». Suele pasar que el temor de aparecer débiles o con poca iniciativa, o mansos, nos lleva a abrir la boca y decir impertinencias, palabras fuera de lugar, irreflexivas. Un silencio mesurado, que sólo se rompe para pronunciar palabras sabias quizás no emocione a la audiencia, pero sí colmará su necesidad de acercarse a la verdad. Hugo Chávez, al pronunciar uno de sus más recientes peroratas en contra de la Iglesia, puso en entredicho el sensus fidei de la Iglesia al desacreditar pública, ruidosa y burlonamente la creencia de que el Papa y los obispos poseen una autoridad especial para gobernar y enseñar en nombre de Cristo. El que él tenga un desacuerdo con los pronunciamientos del episcopado venezolano respecto a sus políticas y acciones de gobierno no lo autoriza en principio a mofarse de los obispos. No es propio ni inteligente (aunque pueda ser políticamente rentable ante sus incondicionales) que una cabeza de Estado haga burla pública de lo que constituye un contenido fundamental de los principios del adversario. Hacerlo es característico de pandilleros, mafiosos o tiranos, menos desarrollados moralmente, cuya única arma es la violencia.
Por otra parte, el señor Chávez, en su esfuerzo por enlodar al Papa y a los obispos, llegó a afirmar que Jesucristo no necesita ni a la Iglesia ni a ningún representante, que Él solo puede acercarse a los pobres y defenderlos de sus victimarios. Probablemente, en su afán de vilipendiar a la Iglesia, Chávez se olvidó de que es imposible conocer a Jesucristo sin la Iglesia católica, y sin la Tradición y el Magisterio del Papa y de los obispos. Así lo dispuso el mismo Señor. Todo lo que sabemos de Jesús nos ha llegado a través de la Iglesia. Cristo no existiría en la mente de la humanidad si no hubiera sido porque la Iglesia católica lo ha anunciado. Si no hubiera sido por el Evangelio, escrito por la Iglesia católica, nadie —ni los protestantes, ni siquiera Chávez— sabría nada de Jesús. Afirmar la necesidad de Cristo pero negar la de la Iglesia, de su Magisterio y Tradición, es algo que raya en lo absurdo. Si se niega la Iglesia debe negarse a Cristo también. Pero, claro, Chávez presume de saber más que la Iglesia. Por eso no aguantó las ganas de abrir la boca una vez más. Quizás, si se hubiera quedado callado, y optado por la verdadera política, la más noble de las artes humanas, todavía hubiera quien creyera en su legitimidad y buen juicio. En vez de eso, lo que va a pasar es que, eventualmente, el actual presidente de Venezuela va a seguir el camino de Nabucodonosor, como todos los tiranuelos que a lo largo de la historia han tenido cabeza de oro y pies de barro.
Quizás se podría aplicar más apropiadamente al señor Chávez esa otra joya de la sabiduría romana: Stultus quoque, si tacuerit, sapiens reputabitur. «También el necio, si se queda callado, será tenido por sabio». |