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Escrito por Sergio Ibarra   
Domingo 21 de Octubre 2007

DILEMAS ÉTICOS

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Periodistas, comunicólogos, cronistas, guapos y guapas a cuadro se han empeñado en desprestigiar a nuestra Iglesia.

Por Sergio Ibarra

La experiencia forma al ser humano. Mas, en una buena parte, es necesario ir mas allá, considerar las enseñanzas que cada quien recibe de sus padres, familiares, amistades y de sus maestros, empaquetadas en mensajes, en palabras, en ejemplos, en formas de actuar y en manifestaciones que finalmente se convierten en referencias, que luego ayudan a no perder el rumbo. Es muy probable que cada uno de nosotros haya tenido distintas formas y maneras de aprender y crecer con las acciones de otros, que hayamos entendido y comprendido que en más de uno de ellos Dios nos decía: aquí estoy.  El legado de cientos de hombres y mujeres hoy lo vemos reflejado en cientos de templos, misiones, parroquias, catedrales, monumentos increíbles que se convirtieron en la casa de Dios. Desde aquel testigo milenario de Zaragoza, España, del Pilar, hasta la Sagrada Familia, de Gaudi, del siglo XX, pasando por más de cientos y cientos, construidos con la fe de quienes nos antecedieron y nos regalaron la Catedral de Colonia o el Cristo de Río; sólo por mencionar algunos, que tomaron años en ser construidos y se convirtieron en una herencia. Ser parte de la Iglesia católica es ser y estar con Jesús, el Cristo, quien le dejó a Simón una tarea: construir la casa, la meritita casa de Dios, y por ello lo de Pedro, que significa piedra. Esa es la experiencia que Pedro nos legó. Ser piedras.

Periodistas, comunicólogos, cronistas, guapos y guapas a cuadro se han empeñado en desprestigiar a nuestra Iglesia. Ni siquiera vale la pena dar sus nombres. Usted, amigo lector, los ha escuchado y visto, cómo se regodean y a veces hasta con saña señalan los errores, faltas, abusos o lo que sea en contra de algún ministro de la Iglesia. Uno de esos días sería justo que, así como se gasta tanto tiempo  en este tipo de «esfuerzos» de comunicación, se gastase el equivalente, no digamos en revisar la pertinencia moral de ellos mismos, que sería algo muy lejano, sino que, con la misma enjundia que se descalifica, se hable de las acciones de la Iglesia, la lista interminable de acciones y aportaciones al bienestar de comunidades por los cinco continentes; sus tiempos al aire de años enteros no les alcanzarían. Nos vamos con la finta, ante una vorágine social que determina que lo importante es acumular, tener, poseer, lucimiento, cuerpos sin arrugas y con curvas falsas, rostros restirados que cualquier payaso envidiaría; total, que el hedonismo y el egoísmo motivan que muchos se luzcan y hagan lucir lo que tienen, ya que de eso se trata: tanto tienes, tanto vales.


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