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COLUMNA ABIERTA 
Nada de adornos, nada de interpretaciones, ningún intento de plasmar lo inabarcable y mucho menos de mostrar lo inexistente.
Por Walter Turnbull Apenas llevo dos capítulos (cómo me da coraje ser tan lento para leer), y aunque no es un libro para divertir, lo he disfrutado enormemente. Estoy plenamente seguro de que seguirá así hasta el final. Pero ya desde el principio me ha fascinado la portada. Es una expresión lograda de buen diseño gráfico. Me refiero, por supuesto, a Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI). Difícil decir cuál es el mejor libro sobre Jesús que se ha escrito en la historia, pero éste seguramente es un buen candidato. Aparte de ser un gigante ya de suyo, Benedicto XVI viene «subido sobre los hombros de otros gigantes», todos los grandes teólogos anteriores a él, que tanto han enriquecido nuestra visión sobre Jesús y que Benedicto XVI tan bien conoce; y, claro, tantos brillantes trasnochados que han armado tantas patrañas sobre Jesús, y que Benedicto XVI también conoce. Habríamos esperado un adusto icono bizantino, una hermosa pintura clásica o una expresiva abstracción moderna con letras originales. Nada de eso. En un fondo blanco, enmarcada por un filo dorado como la realeza, aparecen sólo dos letreros: el nombre de Benedicto y el nombre de Jesús, con letras grandes y sencillas. Nada de adornos, nada de interpretaciones, ningún intento de plasmar lo inabarcable y mucho menos de mostrar lo inexistente. Sólo la presentación del acontecimiento/misterio/hombre más importante de la historia a cargo del teólogo más preparado y la inteligencia más clara del momento. El libro es grande pero sorprendentemente ligero, así como la doctrina que contiene. No podía ser de otra forma. Sólo la verdad necesaria y completa. La verdad que da sentido a la vida terrena y que da entrada a la vida eterna, sin recortes y sin añadiduras. El mayor conocimiento disponible, el único conocimiento realmente necesario, la revelación de Dios asimilada por 2000 años de reflexión, puesta al alcance de cualquiera. Y con letra grande: sin mensajes ocultos ni frases incomprensibles. «El cristianismo no es un conjunto de creencias, sino un encuentro con una Persona», nos ha dicho en varias ocasiones Benedicto XVI. Hoy, con este libro, nos la viene a presentar exactamente tal como es: como lo anuncia la Biblia, como lo prueba la historia. Nos vuelve a decir que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre; que padeció, murió, resucitó y subió al Cielo; que su muerte y resurrección nos ganaron la salvación; que Él es el camino, la verdad y la vida... pero lo dice en forma completa, sencilla, brillante, clara y contundente. |