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Federico Nietzsche, o cuando se malentiende la compasión PDF Imprimir Correo
Escrito por Carlos Díaz   
Domingo 21 de Octubre 2007

CULTURA

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La hostilidad al fenómeno compasivo va además asociada en Nietzsche a su rechazo del cristianismo, lo cual me aflige de suyo, pero también por la desgraciada forma de hacer «caridad» sin buscar a la vez justicia.

Por Carlos Díaz

No entra en mis hábitos hacer leña del árbol caído, ni siquiera cuando el caído es Federico Nietzsche, el cual despierta mis sentimientos compasivos, y hablo de com-pasivos, no de moralina. Sin embargo,| me aterra su propuesta de un mundo sin compasión, acompasivo, un mundo que se obstina en substituir la compasión por la compulsión que se alimenta de lo que ha sido dado en llamar voluntad de poder. ¡Qué difícil parece a lo largo de los siglos conjugar compasión y voluntad de poder, y no solamente en los denostados ámbitos políticos!

Como es bien sabido, la hostilidad al fenómeno compasivo va además asociada en Nietzsche a su rechazo del cristianismo, lo cual me aflige de suyo, pero también por la desgraciada forma de hacer «caridad» sin buscar a la vez justicia con que muchos cristianos se han comportado a lo largo de la historia.  Sea como fuere, demos la palabra a Nietzsche:

«¿En qué lugar del mundo se han cometido tonterías mayores que entre los compasivos? ¿Y qué cosa en el mundo ha provocado más sufrimientos que las tonterías de los compasivos? ¡Ay de todos aquellos que aman y no tienen todavía una altura que esté por encima de su compasión!. Así me dijo una vez el demonio: "También Dios tiene su infierno, es su amor a los hombres", y hace poco que oí esta frase: "Dios ha muerto a causa de su compasión por los hombres"» (Así habló Zaratustra, 319).

Ciertamente, por amor a los hombres, sufre Dios y se ve arrastrado por las calles, apaleado y  maldecido. Sí. Ciertamente muere también: Dios muere en el Hijo. Pero también, querido Federico, hermano en el dolor, pero también ha resucitado a partir de esa muerte ignominiosa destinada a las peores gentes y aplicada al mejor hombre. Morir amando ¿acaso no es una bella forma de resucitar beneficiando?A mí me resulta duro pensar que Nietzsche no supo, no quiso, o no pudo entrar en esta dimensión de la compasión, porque se quedó en la lógica animal. Mucho tiene que haber mirado hacia abajo el ave rapaz para llegar a tan devastadoras conclusiones.

«Al cristianismo se lo llama religión de la compasión. La compasión es antitética de los efectos tonificantes, que elevan la energía del sentimiento vital; produce un efecto depresivo. El padecer (leiden) mismo se vuelve contagioso mediante el compadecer (mitleiden). La compasión obstaculiza en conjunto la ley de la evolución, que es la ley de la selección. La compasión es la praxis del nihilismo. Este instinto depresivo y contagioso obstaculiza aquellos instintos que tienden a la conservación y a la elevación del valor de la vida: tanto como multiplicador de la miseria cuanto como conservador de todo lo miserable, es un  instrumento capital para la intensificación de la décadence, ¡la compasión persuade a entregarse a la nada! No se dice "nada": se dice, en su lugar, "más allá", o "Dios", o "la vida verdadera", o nirvana, redención, bienaventuranza» (El anticristo, 31-32).

Si nos atuviésemos escrupulosamente a lo que acabamos de leer, ¿habría que suponer que Nietzsche hubiera bendecido los campos de exterminio de todas las épocas en las que los imperios despiadados y sin entrañas de misericordia han emporcado la imagen del hombre  y degradado su condición humana misma?


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