|
CONTEXTO ECLESIAL
Las apariciones de la Virgen fueron una ventana abierta por Dios cuando el hombre cerró la puerta…
Por Walter Turnbull
Confieso que no tengo idea sobre la posición del actual gobierno de Portugal ante la Iglesia. Sé que el presidente estuvo en la Misa en Fátima, lo cual me da cierta esperanza, pero el ambiente general en Europa, y en otras muchas partes, es de individualismo, secularismo y culto a la muerte, justo como lo era en el tiempo de las apariciones.
Nada más llegar, en el aeropuerto, Benedicto manda al mundo un mensaje cortés, pero puntual e incisivo, que aclara algunos puntos que ojalá el mundo escuchara.
Las apariciones de la Virgen fueron una ventana abierta por Dios cuando el hombre cerró la puerta, para restaurar la solidaridad fraterna que sólo se logra en el reconocimiento de un mismo Padre. Vino a recordarnos verdades del Evangelio que son una fuente de esperanza para una humanidad sin amor y sin esperanza de salvación. Esta esperanza se define no por una relación con los semejantes, sino por una relación con Dios, que es constitutiva del ser humano, creado por Dios y destinado sólo a Dios.
La conciencia es cristiana en la medida en que se abre a la vida plena y a la sabiduría plena, que tenemos en Jesucristo; y agrega sin falsas modestias: Mi visita pretende ser una propuesta de sabiduría y de misión, porque el justo ordenamiento de la sociedad deriva de una sabia visión de la vida y del mundo.
Como aludiendo a la postura laicista que trata de erradicar a la Iglesia de la vida pública, asienta que la Iglesia está abierta a colaborar con quien no elude ni reduce al ámbito privado la consideración del sentido humano de la vida —y no lo dice, pero se entiende que con los que sí lo eluden, pues no podemos colaborar—. La discrepancia —explica— no reside en que unos sean creyentes y otros laicos, sino en que unos ven el sentido humano de la vida y la importancia de considerarlo en la vida pública, y otros no.
A los católicos nos recuerda que vivir en la pluralidad de sistemas de valores y de cuadros éticos —es decir en la confusión y el relativismo— requiere un viaje al centro del propio yo y al núcleo del cristianismo para reforzar la calidad del testimonio hasta la santidad, para encontrar caminos de misión hasta la radicalidad del martirio.
Palabras oportunas y urgentes, igual o más que el mensaje de Fátima. Para los portugueses, para todos los europeos, para los librepensadores, para los laicistas, para los políticos, para los intelectuales progres, para los católicos mediocres... para un mundo que le cierra la puerta a Dios, frío de amor y sin esperanza de salvación, igual —o peor— que en los días de las apariciones. |