|
INTERNACIONAL En Cuba la Iglesia es el único lugar donde las personas pueden encontrar soporte ante la desesperanza y la habitual escasez 
La Iglesia en Cuba prefiere construir y fundar, antes que vivir desafiando inútilmente al Estado comunista.
Por Eduardo Mesa / Cuba / periodismocatolico.com Cuando alguien vive en Cuba y se compromete con la Iglesia católica, en seguida se convierte en un enemigo más o menos tolerado, alguien a quien el gobierno no quiere, excluye y reprime de una forma sutil y selectiva. Esta experiencia es común a cualquier católico cubano; así viven los laicos, las religiosas, los sacerdotes y los obispos. El comunismo fracasó en su lucha por destruir la religión Monseñor Adolfo Rodríguez definía con acierto esta atmósfera de tensión permanente: «La Revolución comprende que ha fracasado en su intento de eliminar la religión. Ahora se preguntan en qué fallaron, revisan la metodología y tratan de hallar la estrategia correcta para eliminarla, todo esto en vez de preguntarse por qué la fe es consustancial al género humano». Los «buenos» y los «malos» Con cierta frecuencia aparecen en los medios de comunicación opiniones sobre la Iglesia cubana, que pretenden establecer quiénes son los obispos que luchan contra el gobierno y los que servilmente se pliegan a sus decisiones, estableciendo una caricaturesca clasificación de obispos buenos y valientes ante los obispos malos y cobardes. Se suma a esto que desde hace unos años se viene dando un paulatino relevo en la Conferencia Episcopal Cubana, relevo que obedece fundamentalmente a razones de edad pero que ha contribuido a alimentar la teoría de una «conspiración vaticana» que prentende sustituir a los obispos por otros más afines al régimen. Aspectos positivos No obstante, me gustaría comentar algunos aspectos positivos que sucumben en la crítica desmesurada, o que se soslayan: 1- La Iglesia es el único lugar donde las personas pueden encontrar consuelo espiritual y algún soporte emocional ante la desesperanza y la habitual escasez de las cosas más elementales. 2- La Iglesia es el único espacio de libertad que no ha sido secuestrado por el régimen. 3- La Iglesia no tiene poder de mediación ante las autoridades cubanas. 4- La Iglesia, aunque tiene muy limitado acceso a las cárceles, tiene una pastoral de prisiones que funciona a nivel nacional y que trabaja sistemáticamente con los familiares de los presos, sean éstos políticos o comunes. También desarrolla un trabajo pastoral sistemático con los enfermos de SIDA. 5- La Iglesia en Cuba ha contribuido a conservar valores de la cultura cubana, casi siempre a contracorriente de las ofensivas ideológicas. 6- La Iglesia es la única institución independiente que funciona en la Isla, de forma organizada y con un liderazgo visible. 7- La Iglesia, además del trabajo pastoral, desarrolla una invaluable promoción humana que se concreta en infinidad de pequeños proyectos no religiosos que constituyen un servicio a la sociedad. La Iglesia cubana es una Iglesia que a través de la historia ha denunciado las injusticias, aunque evite el enfrentamiento constante con un Estado que no duda en usar su poder. Una Iglesia que prefiere construir y fundar antes que desafiar. Una Iglesia que trabaja por un cambio más profundo que el sólo cambio de los poderes establecidos. ********** Mi vida en Cuba De niño yo no podía repetir lo que escuchaba en casa; y en esa partida terminó ganando lo que convenía decir, un ejercicio de supervivencia que embota la libertad hasta dejarla inerte. Un niño no debe soportar el peso de unas verdades «que no se pueden decir»; ningún niño debe ser entrenado para tener dos vidas, dos respuestas, dos caras. Recuerdo cuando me enseñaron en la escuela que sólo éramos materia evolucionada, una materia sin antes ni después, y yo, que vivía momentos muy difíciles, me hundía en un gran abismo. ¿De qué vale vivir si venimos de la nada y vamos hacia la nada? No sé cómo le pueden enseñar estas cosas a un niño, un niño sin esperanza es un hombre enfermo. Llegó la adolescencia en el «paraíso socialista», un paraíso sin alternativas, el lugar ideal para que las familias y las personas se fragmenten. Yo pensaba que alguien vendría en mi ayuda, y mi padre se atrevió a hablarme por primera vez de Dios: lo hizo como un acto de clandestinaje, como quien ensaya un remedio con poca fe. La mención de un Dios abstracto no podía salvarme. De aquellos años tengo una sensación de cansancio, de calor sofocante, de días que amanecen en vano. Una vida sin futuro y sin presente, esperando a salir de Cuba todos los años, todos los meses. A pesar de todo, en el fondo de mi existencia me aferraba a la esperanza de que algo bueno iba a suceder; y vino Dios a mi encuentro, no sé por qué, pero desde entonces tengo la certeza de que Dios me quiere, que soy su hijo amado porque Él así lo ha querido, y en el tiempo he podido confirmar esta convicción. Si me preguntaran por lo mejor de mi vida hasta aquel momento, tendría que decir que es el encuentro con la Verdad en la Iglesia católica. Encontré en la Iglesia un lugar. La Iglesia es la parte visible de la roca donde me aferré para vivir una vida, cada vez más digna. La Iglesia en Cuba anuncia la Esperanza en un lugar que muere. Yo vivo porque mucha gente escogió anunciar esa Esperanza, ofrecer su vida y yo les debo la mía. Han pasado veinte años desde que me acogió aquella Iglesia. De niño yo veía los templos como lugares raros de los que nadie se atrevía a hablar. Pasaba frente a uno y me asomaba a las puertas entreabiertas y veía a la gente rezar. Yo decía que era la casa de los locos. Tuve que crecer y llenarme de valor para buscar mis propias respuestas y atreverme a entrar. Eduardo Mesa |