Soy una viuda mayor con un único hijo. Le ofrecí mi casa a él y a su familia, por necesidad les di espacio; pero la esposa no congenió conmigo. Ahora mi hijo me enfrenta…
Por Carolina Rebollo
Soy una viuda mayor con un único hijo. Le ofrecí mi casa a él y a su familia, por necesidad les di espacio; pero la esposa no congenió conmigo. Ahora mi hijo me enfrenta, me dice que soy loca. Me insulta, es violento, no encuentro cómo defenderme. Rezo y siento que mis oraciones no son oídas. Sufro, vivo callada, encerrada en un cuarto: sólo salgo a comer, les cuido a la niña durante la semana. Me cuesta aceptar esa situación, no me gusta hablar con mis amigas y mi familia de este drama. Tengo miedo a mi hijo por su violencia. Lo quiero, pero siento me está siendo indiferente. Ayúdenme.
Gracias por escribirnos. He leído tu caso y quisiera comentarte varias cosas. El amor por los hijos es un gran don que Dios da; este amor debe ser un amor responsable que acompañe todos nuestros actos como padres; la autoridad que tenemos nos concede el derecho y la responsabilidad de educar en límites, respeto y autoridad, por lo cual es necesario que hables con tu hijo respecto a las reglas de la casa en la que vive gracias a una concesión tuya; no importa el tiempo que ya hayas dejado pasar, siempre es bueno y necesario hablarlo.
Respecto a su violencia, el mejor escenario para hablar es en un lugar público con el fin de evitar arranques violentos o una discusión mayor; cítalo en una cafetería o restaurante y lleva bien escritos los planteamientos que quieres tocar en la conversación, separando los argumentos emocionales de los argumentos de respeto a la autoridad y de logística respecto al compartir un techo, para que queden claras las ideas. Entre esos argumentos puedes referirte a la relación con tu nuera, el cuidado de la hija, la manutención de la casa, el ambiente que quieres y deseas que se tenga en TU casa, y las reglas mínimas de convivencia.
Respecto a tu situación personal, no dejes que este problema permee en todos los ámbitos de tu vida, no descuides todas las demás áreas de tu vida; frecuenta a tus amistades; busca alguna actividad que te motive, ya sea ejercicio, clases de algo, grupos parroquiales, etc. ; existen muchas actividades actualmente y muchos horarios, así como diferentes costos que pueden ser accesibles para todo tipo de presupuestos. No descuides tu salud, recuerda que la salud también se cuida mentalmente; despéjate, cambia de rutina, sal a caminar y combínalo con tu vida espiritual: reza el rosario, realiza reflexión, ordena tu vida y en razón de ello plantea a tu hijo los días y momentos que tendrás libres y disponibles para apoyarlo con el cuidado de su hija. Recuerda que cuidar a tu nieta es una acción de apoyo, no una responsabilidad tuya.
No te sientas mal de no querer compartir tu intimidad; es normal tanto querer dejarla en lo más privado de nuestras vidas como, a veces, sentir que somos los únicos que tenemos este tipo de problemas; pero no estamos solos, ni está mal compartirlo con alguien de tu más profunda confianza, así como buscar ayuda profesional en caso de sentirte rebasada por el tema.
No dudes que el Señor escucha tus oraciones, y un consejo es ver todo lo bueno que tenemos y no concentrarnos en lo malo que hay, por más grande que nos parezca; Dios nos regala muchas cosas a través de pequeños detalles que, a veces, dejamos de mirar por concentrarnos en lo malo.
Por último, quisiera decirte que no te sientas culpable de poner límites en tu relación con tu hijo: es una responsabilidad que tenemos como padres.
Que Dios te bendiga.
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(Un espacio para la orientación familiar - Damos la bienvenida a Carolina Rebollo, pedagoga especializada en orientación familiar y con experiencia en diversas instituciones. Desde ahora se suma a las colaboradoras que, con sus consejos profesionales, auxilian a los lectores que experimentan dificultades familiares o personales: La Redacción).
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