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Escrito por Sebastián Sánchez   
Domingo 14 de Octubre 2007

DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA

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Pensador español. Menéndez y Pelayo ha sido el principal estudioso del siglo XIX dedicado a la historia y la bibliografía literaria española e hispanoamericana.

Por Sebastián Sánchez

Pensador español. Menéndez y Pelayo ha sido el principal estudioso del siglo XIX dedicado a la historia y la bibliografía literaria española e hispanoamericana. Fue intelectual, historiador y esteta, tal como señala Pedro Laín Entralgo, pero, sobre todo, «católico y español». «Fue católico con fe viva, total e ingenua. Amó a la verdad sobre todas las cosas, porque siempre creyó que la verdad, la pálida verdad científica a que puede llegar la razón humana, es un reflejo de la absoluta omnipotencia divina». Y fue español no sólo «porque nació español sino, sobre todo, porque quiso serlo».

Dotado de una agudísima memoria y de una inteligencia fuera de lo común, don Marcelino fue un precoz estudiante que tempranamente intervino en las lides intelectuales. Políglota consumado y profesor distinguido, aunque siempre estuvo pronto a la polémica —en la España decimonónica proclive a desviarse de la recta doctrina— no cosechó enemistades sino un enorme respeto de sus contemporáneos.

Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona pero se licenció en Valladolid, luego de una breve estancia en la Universidad Central de Madrid, la que abandonó por el ambiente krausista —«una especie de masonería», le escribirá a su padre— que reinaba en aquella casa de estudios. Un año después se doctoró en Letras con su tesis sobre «La novela entre los latinos». Tenía sólo 18 años.

No le faltaron honores en vida a nuestro autor: fue miembro de la Academia Española de la Lengua, de la Academia de la Historia (de la que fue director), de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1898 abandonó la docencia para ocupar el puesto de director de la Biblioteca Nacional. Tampoco lo tuvo ausente la política, pues entre 1884 y 1892 fue diputado a Cortes, y luego senador, por la Universidad de Oviedo y por la Academia Española.

Los diecinueve tomos de sus obras completas —editadas en Madrid en 1911—– dan cuenta de los siguientes libros: Historia de los heterodoxos españoles, Historia de la poesía castellana en la Edad Media, Tratado de los romances viejos, Juan Boscán, Historia de la poesía hispano-americana desde sus orígenes hasta 1892, Orígenes de la novela española y estudio de los novelistas anteriores a Cervantes, Estudios y discursos de crítica literaria, Ensayos de crítica filosófica, La ciencia española, Historia de las ideas estéticas en España hasta fines del siglo XVIII, Historia de las ideas estéticas en Europa hasta fines del siglo XIX, Historia del romanticismo francés, Poesías completas y traducciones de obras poéticas, Traducción de algunas obras de Cicerón, Calderón y su teatro, Bibliografía hispano-latina clásica, Opúsculos de erudición y bibliografía, Horacio en España y Estudios sobre el teatro de Lope de Vega.

La figura inmensa de Menéndez y Pelayo nos inhibe de realizar más ponderaciones acerca de él o su obra. No diremos más por temor a terminar por decir nada. Sólo nos permitimos transcribir uno de sus poemas —«Roma»— con el que pretendemos dar una pequeñísima muestra de su talante creador:

¡Y nada respetó la edad avara...
Ni regio pueblo ni sagradas leyes!
En paz yacieron extranjeras greyes
Do la voz del tributo resonara.
No hay del triunfador por gloria rara
Siguen al carro domeñados reyes,
Ni de Clitumno los hermosos bueyes
En la pompa triunfal marchan al ara.
Como nubes, cual sombras, como naves
Pasaron ley, ejércitos, grandeza...
Sólo una cruz se alzó sobre tal ruina.
Dime tú, oh Cruz que sus destinos sabes:
¿Será de Roma la futura alteza
Humana gloria o majestad divina?


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