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La parroquia, espacio de fe Imprimir
Escrito por El Observador   
Domingo 31 de Enero 2010

ESPECIAL: LA PARROQUIA

Image Los católicos no caminamos solos: hay hombres y mujeres que se esfuerzan por vivir su compromiso cristiano, y la parroquia, junto con su párroco, acompaña de forma íntegral a las personas y las familias a lo largo de su existencia.

Luisa se enteró de la existencia de la «parroquia» cuando tuvo que hacer sus «pláticas prematrimoniales». Entre los temas que se trataron estuvo el de cumplir con los sacramentos, prepararse para mejor entenderlos, y todo ello hacerlo, de preferencia, en su parroquia. Hasta ese momento se dio cuenta de que como católica no caminaba sola. En el templo más cercano a su casa había otros hombres y mujeres que se esforzaban por vivir su compromiso cristiano.

Luisa percibió algo que menciona una y otra vez la Iglesia: la parroquia es un espacio privilegiado para las actividades pastorales.

Vocación misionera de globalidad

La parroquia ejerce un monopolio sacramental y tiene una relativa autonomía pastoral. Esto posibilita que acompañe de forma integral «a las personas y  familias a lo largo de su existencia, en la educación y crecimiento». En otras palabras, cuenta con los elementos para iniciar y dar un seguimiento en la fe. Esto se hace a través de la palabra de Dios, la Eucaristía, la comunidad y los ministerios

Simbolismo

En la parroquia, rostro visible de la Iglesia, se dan los sacramentos y prácticas que nos identifican como católicos: Bautismos, catequesis de Primera Comunión, bodas, funerales, Misas dominicales, etc. La importancia simbólica se muestra cuando se niega alguno de los servicios o sacramentos que asumimos tenemos derecho a recibir o cuando se reestructura su territorio. La parroquia es un espacio simbólico para los católicos

Responde a las demandas

Se dice que el primer ministerio de una parroquia es la acogida. Acudimos a la parroquia por demandas de diversos tipos: sacramentales (Bautismo, Comunión, Reconciliación), catequéticas ( formación para la Primera Comunión, grupo de jóvenes, escuelas prematrimoniales) morales ó psicológicas (consejos y orientación en momentos difíciles) y económicas. La parroquia tiene o debe tener los mecanismos necesarios para, en la medida de sus posibilidades, solventar las inquietudes del Pueblo de Dios.

Ejerce la educación religiosa en todos los niveles

El hecho de que la parroquia sea punto de reunión de un grupo variado de individuos, le posibilita instruirlos según su edad y preparación. Educar en la fe a jóvenes y adultos es todo un reto en la situación actual; pero desde el espacio parroquial se pueden emprender catequesis focalizadas y adaptadas a las diversas situaciones de edad, de preparación y de nivel socioeconómico.

Celebra los sacramentos

Es el ámbito idóneo para los sacramentos llamados de repetición: Reconciliación y Comunión, que son los que con mayor fuerza sostienen nuestra vida cristiana con apoyo de los otros cinco llamados puntuales. En la celebración de la Eucaristía se congrega la asamblea parroquial. De forma visible se le hace partícipe de la promesa de Cristo. Por ello debe cuidarse la homilía, el canto y los gestos. La liturgia es un asunto comunitario, de allí que exista un grupo formado para preparar las celebraciones.

Espacio de fe

Debido a su naturaleza, la parroquia es un espacio para expresar nuestro compromiso personal y comunitario con Cristo. Lamentablemente, como Luisa, muchas veces percibimos la realidad parroquial como lejana a nuestra existencia. Eso debe cambiar, pues es un centro desde el cual vivimos nuestros sacramentos, nos formamos y así hacemos vida el mensaje de Cristo.


El párroco siempre se equivoca...

Las líneas que presentamos a continuación nos llevan a la risa, pero también nos invitan a reflexionar sobre nuestras actitudes en la parroquia y con los párrocos

Si se alarga en una homilía:        ¡Qué aburrido!

Si es breve en sus homilías:      ¡No se ha esforzado en preparalas!

Si sube un poco el tono de voz :                                 ¡Nos está regañando!

Si habla normalmente:     ¡No se le oye!

Si un día se ausenta:      ¡Siempre está fuera!

Si nunca se mueve del templo:    ¡No se mete en la sociedad de hoy!

Si visita a la gente:      ¡Nunca está en la iglesia!

Si está siempre en la parroquia:    ¡Nunca visita a nadie!

Si habla de economía de la parroquia:   ¡Le gusta demasiado el dinero!

Si nunca habla de economía:     ¡No están las cosas claras con él!

Si organiza fiestas y celebraciones:    ¡Nos está cansando!

Si no organiza nada:      ¡La parroquia se muere por su culpa!

Si se toma su tiempo al hablar     ¡Este hombre no acaba con la gente: nunca!

Si se da prisa en las entrevistas:    ¡Este hombre no escucha nunca!

Si comienza las celebraciones a su hora:   ¡Su reloj está adelantado!

Si comienza un minuto más tarde:    ¡Nos retrasa a todos!
 
Si restaura el templo:      ¡Está derrochando el dinero!

Si no hace obras:      ¡Tiene todo abandonado!
 
Si es joven:       ¡Le falta experiencia!

Si es mayor:       ¡Debería retirarse!
 
Si muere...        ¿Quién lo remplazará?

Fuente: Boletín diocesano de Tarbes (Francia)


¿Cómo nacieron las parroquias?
Por Omar Árcega E.

Si preguntamos por Yolanda un domingo por la mañana, sus familiares y vecinos nos contestarán: «Está en misa en la parroquia». Después nos enteramos de que el barrio y las colonias aledañas se preparan para la «fiesta parroquial». Lo cual nos lleva a preguntarnos, exactamente: ¿Qué es una parroquia? ¿Por qué diversas actividades se generan en torno a ella? Antes de bucear por estos abismos, respondamos algo más sencillo: ¿Cómo nacieron las parroquias?

El cristianismo empieza a crecer

Cuando los cristianos dejaron de ser una minoría y se empezaron a crear comunidades a lo largo de todo el imperio romano, surgió la necesidad de establecer un orden. Entonces se recurrió a la división por territorios, aunque en ese tiempo el criterio primordial para pertenecer a una parroquia no era por cuestiones geográficas, sino por elección; es decir, yo podía asistir a orar y a Misa a una comunidad de la cual viviera físicamente lejos.

Hace 1600 años las comunidades cristianas empezaron a crecer, originalmente estaban concentradas en las ciudades pero empezaron a fundarse en zonas rurales. Al mismo tiempo el «catecumenado», es decir el proceso para bautizar a gente adulta, dejó de ser una práctica común, dando paso al bautismo de niños tal como hoy lo conocemos. Cien años después inicia la construcción de edificios especiales para celebrar los ritos católicos.

Y llegó el emperador Carlomagno

Entre los siglos VIII y IX fue un momento significativo en la evolución de la parroquia porque el emperador Carlomagno dividió el imperio en diócesis y parroquias, «buscando mejorar la vida espiritual y la unidad en torno a la dependencia jurídica del obispo frente a las injerencias de los señores feudales». Aquí se designa que los fieles pertenecen a la parroquia por circunscripción y no por libre elección.

En los siglos XVIII y XIX la parroquia vive la influencia de los cambios sociales: el mundo ya es más parecido al que conocemos, la era de los reyes había quedado atrás, ahora el mundo se dividía en repúblicas y países; la Iglesia tenía que convivir con otras formas de pensamiento, con ideas contrarias incluso a ella. Se empieza a ver la importancia de los laicos en la acción pastoral y la necesaria independencia de la Iglesia respecto de los poderes públicos.

En la actualidad

El movimiento misionero, nacido en Francia en los años 40 del siglo XX, puso en crisis el modelo de parroquia aludiendo a la falta de misión de la institución. Empezó a nacer la «sociología de la misión», y una ponencia de Yves Congar, titulada «Misión de la parroquia», proclamó la necesidad de la parroquia abierta a la sociedad. Empezaron actividades parroquiales para acoger a jóvenes, marginados etc. Entonces se empezó a ver la parroquia no como el mero lugar para celebrar sacramentos, sino para acoger a distintos grupos sociales con el fin de mostrarles la riqueza cristiana e instruirles en ella.

En la actualidad, nuestras parroquias acogen diferentes movimientos, tienen diversos grupos, existe un consejo parroquial formado por representantes de las distintas expresiones que surgen en esa comunidad de fieles, se propone una parroquia rica en las actividades litúrgicas, pastorales, sociales y misionales; éste es el reto.


«Parroquia, comunidad de comunidades»

La parroquia en el documento de Santo Domingo
Por Omar Árcega E.

En 1992 se realiza la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo. Allí se reflexiona sobre diversas realidades y retos de la Iglesia en América Latina y se tienen diversas perspectivas de análisis: 1. La conmemoración los quinientos años de la Evangelización del Continente y cuando termina un milenio cristiano y se inicia otro. 2. Los pueblos, que duramente golpeados por diversos problemas económicos y sociales, anhelan de la Iglesia una palabra de esperanza. Eso quiere ser el Documento de Santo Domingo: una palabra de esperanza. Un mensaje renovado de Jesucristo, fundamento de la promoción humana y principio de una auténtica cultura cristiana.» (DSD «Presentación»). Así lo expresa el título del Documento, que da cuenta de los contenidos del mismo: «Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana.» Y su lema: «Jesucristo, ayer, hoy y siempre». Dialogando con el mundo y no condenando; denunciando responsable y proféticamente, pero en el contexto del anuncio salvador y misericordioso; renunciando a su aislamiento y peregrinando con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no creyentes, que buscan una sociedad más justa, fraterna, libre y solidaria; siempre en movimiento y reestructurándose, no sólo para hacer mejor su servicio evangelizador, sino, sobre todo, para dejarse llevar y conducir por el Espíritu Santo.

En este contexto, la parroquia no se entiende por sí sola ni para sí misma. Ella existe en una Iglesia de comunión y está llamada a ser «comunidad de comunidades y movimientos», es decir debe acoger, apoyar y orientar las diversas expresiones del catolicismo, debe ser lugar de unión fraterna entre los distintos movimientos laicales; cada uno con su riqueza complementa el mensaje de la Buena Nueva

La parroquia es «espacio de madurez de las personas, las familias y las asociaciones cristianas, que, en un proceso gradual de crecimiento y profundización de sus relaciones, buscan ser sujetos y no objetos de la historia, para que así puedan, entre todos, hacer de este Continente un pueblo fraterno y solidario, digno y libre». Es decir, debe ser el lugar privilegiado para la catequesis, instrucción y profundización en la fe,  fuente de testimonios edificantes, donde el amor de Dios por el mundo se vea reflejado.

Para lograr esto, la parroquia debe estar «siempre en movimiento y en diálogo con Dios, entre sí y con el mundo»,  debe tener perspectiva de anuncio de Cristo es decir, lo ideal es que tenga espíritu misionero y esto debe repercutir en su sentido y acciones de solidaridad.


Propuesta para crear parroquias misioneras

El cardenal Camillo Ruini, obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma, hace unas reflexiones sobre la pastoral en las parroquias

En un encuentro con párrocos el cardenal Ruini les Invitó a no quedar aprisionados por «dos tendencias parcialmente contrastantes, pero poco abiertas a la misión: la de verse como una comunidad cerrada, en la que sus miembros se encuentran  bien cuando están juntos, y la que se concibe como un «área de servicio» para la administración de los sacramentos, que da por descontado en quienes los piden una fe con frecuencia ausente».

Pastoral integrada

Para que se dé esta conversión de la parroquia en el nuevo contexto social, el purpurado propuso una «pastoral integrada», proceso que requiere que «las parroquias abandonen las tentaciones de la autosuficiencia, para intensificar en primer lugar la colaboración y la integración con las parroquias cercanas».

De este modo, explicó, podrán «desarrollar juntos y sin discordancias, en un mismo ámbito territorial, esas atenciones y actividades pastorales que de hecho superan las posibilidades normales de una parroquia».

Esta «colaboración e integración», dijo, «deben promoverse además con las demás realidades eclesiales, que pueden estar presentes en el territorio, por las comunidades religiosas, las asociaciones y movimientos laicales».

«El marco de referencia fundamental del proceso de integración es evidentemente la diócesis, ante todo en la persona del obispo y en sus orientaciones pastorales, pero también en los órganos de participación y en las oficinas que atienden los diferentes ámbitos de la acción pastoral y que están llamados en primer lugar a vivir una lógica de colaboración e integración».

Tres orientaciones

El cardenal propuso tres orientaciones para ayudar a la parroquia a «asumir en concreto  una configuración misionera».

La primera es «formar a los cristianos que participan en nuestras comunidades, en primer lugar a los mismos sacerdotes y seminaristas, en una fe que sea conscientemente misionera, en las diferentes situaciones de vida y no sólo dentro del ámbito parroquial o eclesial».

El segundo «camino que hay que recorrer es el de discernir, valorar y desarrollar las posibilidades misioneras que ya están presentes, aunque con frecuencia de manera latente, en nuestra pastoral ordinaria, que nos permite encontrar a muchas personas que pertenecen a la Iglesia de manera débil o precaria, así como a los no creyentes: si nos acercamos a ellos con espíritu evangélico y con empuje misionero no faltarán los frutos».

Una tercera orientación de fondo propuesta por Ruini es la de «dar un espacio central a la pastoral de los adultos, y por tanto, ante todo, de las familias, pero también a los ambientes de trabajo y de vida en los que se encuentran los adultos».

Por eso pidió, en la medida de lo posible, «remodelar los ritmos de vida de las parroquias de manera que sean realmente accesibles a los adultos que trabajan y a las familias: para alcanzar este objetivo. Más que organizar numerosos encuentros, puede ser más útil un estilo pastoral caracterizado por relaciones humanas profundas y cultivadas sin ese estrés que produce la falta de tiempo disponible».

«De todos modos, la importancia de la pastoral de los adultos y de las familias no debería implicar un debilitamiento del compromiso a favor de las generaciones más jóvenes; sería un error gravísimo», explicó.

El cardenal consideró que la conversión de una parroquia misionera no es un «desafío imposible»: «hace falta «remar mar adentro», con la confianza, la creatividad y la valentía apostólica que nacen de la fe».

Zenit-El Observador


Soltar las amarras y trabajar juntos por la parroquia

El padre Enrique Ugalde Chávez tiene 40 años ejerciendo su labor sacerdotal en parroquias, durante 8 años como vicario y 32 como párroco. Comenta para El Observador sobre los retos y potenciales de las parroquias

¿Qué ha sido lo más graficante de trabajar en una parroquia?

«Lo más gratificante ha sido el trabajo humano y social. Desde un principio me preocupé por elevar las oportunidades de mis feligreses. Al principio mandaba a decenas de personas a estudiar y he llegado a enviar unas 500. Ahora estoy en Cáritas y desde ahí impulse un programa de vivienda; hemos construido unas cien casas y en este año planeamos unas 75; se ha trabajado en apoyos al migrante, en salud. También me ha sido grato trabajar con grupos juveniles; un tiempo fui encargado diocesano de pastoral juvenil».

¿Cuáles son las dificultades de trabajar en una parroquia?

«Pues las dificultades son humanas y espirituales. Muchas veces tienes que luchar contra gente con intereses muy materiales: se preocupan por su posición y autosuficiencia; esto entorpece la acción pastoral».

¿Cómo ha visto la participación de los laicos en el trabajo parroquial?

«La he visto limitada en todos los lugares, y principalmente en las cabeceras municipales; necesitan otro tipo de trabajo, otro tipo de promoción. Son grupos de fieles muy pequeños, pero creo que siempre será así; numéricamente son pocos, por eso el compromiso debe ser profundo».

¿Qué aspectos positivos ve en los consejos parroquiales?

«Pues es una parte de toda la pastoral diocesana, es un apoyo para los sacerdotes, es una forma de trabajar en conjunto y en una sola dirección de acuerdo con las circunstancias. El sacerdote tiene muchas actividades y es imposible que esté en todas. Para eso se auxilia del consejo parroquial y sus comisiones».

¿Qué dificultades se encuentran en los consejos parroquiales?

«Algunas veces son muy internos e intraeclesiales; creo que no nos ha llegado bien el mensaje del Evangelio en el sentido de buscar al otro, de trabajar más por los que están más alejados. En estos aspectos aún nos falta mucho».

¿Qué haría falta en las parroquias para cumplir su labor?

«Creo que todas van trabajando de acuerdo con su medio, circunstancias y situaciones. Los sacerdotes vamos trabajando a nivel de nuestra conciencia, educación y preparación;  todo esto se conjuga con la sensibilidad especial que cada uno tiene»

Mucho se habla de que cada vez más gente comulga sin confensarse. ¿Qué tan cierto es esto?

«Creo que mucha gente por costumbre comulga pero falta evangelización.  Por otro lado, hay gente que comulga como debe ser, y otros  se acercan sin la preparación necesaria; en esto parte de culpa la tienen ellos, y parte la tenemos los sacerdotes».

¿Qué cualidades debe tener un buen párroco?

«Debe ser pastor, padre, amigo, con capacidad para escuchar a la gente; es necesario que sea un hombre de fe, preocupado por capacitarse constantemente en lo humano, espiritual, intelectual y pastoral. Debe ser unido a sus demás hermanos sacerdotes, a las instancias intermedias como al decanato.  En plena comunión con la diócesis, el Magisterio y la Tradición de la Iglesia».

Se habla de que es el tiempo de los laicos, ¿qué tan cierto es?

«Hay que tenerles confianza; ellos sabrán hacer muchas cosas desde su ámbito y donde la Iglesia propone y quiere que ejerzan su vocación bautismal. Debemos soltarnos las amarras unos y otros para verdaderamente ser cristianos en nuestra familia, persona, ambiente, sociedad, en la política; la Iglesia esta llamada a iluminar todos los campos».

¿Qué recomendaría a los laicos insertos en los consejos parroquiales?

«Que abandonen la idea de un conjunto de pastorales para hacer una pastoral de conjunto. Así daremos un mejor uso a nuestras capacidades».


 

Los baches de la dinámica parroquial
Por Omar Árcega E.

Tiranía del ritualismo social.-Para muchos creyentes la parroquia se convierte en un mero centro de ritualismo social, es decir, es el lugar donde se celebran bodas, bautizos, primeras comuniones y funerales. Un espacio de encuentro en situaciones significativas pero esporádicas. Esto genera que algunas parroquias se refugien en lo ritual. La asamblea parroquial, en el mejor de los casos, es meramente eucarística. Por lo tanto, desaparecen o se encuentran muy disminuidas en sus aspectos de espacio, de comunicación, de educación en la fe, de sentido de pertenencia y de compromiso.

Heterogeneidad ideológica.- En la práctica se dan tres visiones del mundo dentro de una parroquia: 1) Los que piden autenticidad cristiana, compromiso concreto y agrupación comunitaria; cuando sienten que esto no es ofrecido por el ámbito parroquial, buscan en otros ámbitos. 2) Los que simplemente acuden a la Eucaristía dominical pero no se comprometen más, y 3) Los que demandan específicamente algún sacramento, por ejemplo bautismo o boda, y nunca se vuelven a parar en un templo.  Esto ocasiona que los esfuerzos por catequizar no siempre sean tan fructíferos, pero siempre hay que apelar a formas novedosas para llevar el mensaje cristiano.

Laicismo mal entendido.- Debido a la sociedad plural en la que nos encontramos, en la parroquia hay multiplicidad de tendencias políticas. Estos temas no suelen ser verbalizados, por un lado, para evitar tensiones y, por  otro, debido a la educación recibida de no mezclar temas sociopolíticos con religión. Esto nos lleva a vivir nuestra fe en el ámbito meramente privado, desconectándonos de las decisiones políticas en las cuales, como católicos, tenemos mucho que aportar.

Coordenadas sociogeográficas.- Las parroquias están situadas en un territorio geográfico concreto; esto las hace vulnerables a los planes de ordenación urbana, a la falta de infraestructura carretera, al difícil acceso a ciertas regiones.


La parroquia ayuda a la formación de valores
Por el P. Saúl Ragoitia

Fragmento de una ponencia en el VI Encuentro Mundial de las Familias

En la parroquia, la familia cristiana es la primera y más básica comunidad eclesial. En ella se viven y se transmiten los valores fundamentales de la vida cristiana. 

Las parroquias deben ser lugares de formación permanente. Para lograr un trabajo más eficaz y fecundo, a favor de la promoción y el fortalecimiento de la vida de las familias, y ayudar a la familia en su grave tarea como formadora de valores, es necesario:

+ Anunciar con valentía, celebrar con gozo y vivir con esperanza la buena nueva de la familia, del matrimonio y de la vida.

+ Frente a un mundo en donde se vive el relativismo moral, el pragmatismo, el hedonismo, el egoísmo, la ambigüedad y la superficialidad, es necesario dar razón de nuestra fe; por eso hay que formar discípulos misioneros.

+ Que cada parroquia procure la implementación de un equipo, impulsado y promovido por su párroco como responsable, junto con el obispo, de la pastoral familiar.

+ Que la parroquia sea un lugar de encuentro en donde confluyan los diversos organismos y movimientos que trabajan a favor de las familias, y trabajar en comunión, bajo la coordinación del párroco, con los diversos grupos parroquiales, para la promoción y desarrollo de la familia.

+ Que la parroquia sea también un lugar de encuentro entre los diversos grupos apostólicos, pastorales, y que tengan en cuenta en todos sus programas formativos la pastoral familiar.

+ La parroquia debe procurar la preparación y la formación adecuada a los novios, especialmente de los que están próximos a casarse; de los matrimonios jóvenes, de los matrimonios de edad madura; la orientación y consejería de los matrimonios que viven alguna situación de conflicto, de las familias que viven en situación especial e irregular, de las viudas, de los niños de la calle, de las madres solas, de la formación de adolescentes y jóvenes, de la educación en la sexualidad, de la promoción y defensa de la vida en todas sus etapas, y de promover en todos los ámbitos la cultura de la vida.


Consejo parroquial, cerebro de la acción pastoral
Por Omar Árcega É.

Quiénes lo forman.- En el consejo parroquial de pastoral (CCP) deben estar representadas las distintas tareas pastorales y los diversos carismas eclesiales. Su cometido es estudiar, reflexionar y, por supuesto, realizar, en el ámbito parroquial, las prioridades emanadas de la Iglesia diocesana. El consejo parroquial se convierte en lugar de escucha de las líneas diocesanas y se hace eco de las necesidades parroquiales. Debe discernir, indicar y sugerir las líneas de actuación, proponiendo el camino a seguir.

El consejo parroquial está formado por: los sacerdotes de la parroquia, un religioso y una religiosa elegidos por sus respectivas comunidades (en caso de haber dentro del territorio parroquial), un seglar representante de cada una de las acciones pastorales: cáritas, liturgia, catequesis de niños, jóvenes y adultos, movimientos apostólicos, pastoral educativa, hermandades y cofradías, economía , y algún representante de otros sectores o zonas de la parroquia.

Funciones.- Sus funciones consisten en tener una idea clara de la realidad a evangelizar, crear y desarrollar la realidad parroquial, programar la acción pastoral en cada uno de sus sectores, coordinar todas las tareas, servir de cauce para la reflexión, ser promotor de unidad en todos los niveles y revisar que se cumpla con lo programado. Su función particular es ser órgano de expresión, de consulta, de estudio, de exposición de necesidades y de concreciones, que permita establecer propuestas y acuerdos de acción pastoral conjuntada. Sus decisiones serán tenidas en cuenta por los responsables de la pastoral parroquial, como líneas a seguir o acciones a realizar.

Trabajar en comunidad.- Por supuesto, el consejo parroquial no debe ser un «grupo de presión» que asfixia la riqueza parroquial y esclaviza la responsabilidad pastoral de los sacerdotes creando discusiones o tensiones innecesarias; tampoco puede ser un «grupo estufa» que alimenta la vanagloria de sus miembros y actividades; y, por supuesto, no puede ser sólo un «elemento decorativo» en el organigrama parroquial o diocesano. Más bien, es la «pequeña comunidad», el grupo de representantes de las acciones pastorales que intentan hacer realidad la común-unión de sacerdotes, religiosos y seglares, para cumplir adecuadamente la misión de evangelizar intensa y extensamente el ámbito parroquial. El párroco no puede ignorar el deber que tiene de escuchar las opiniones de todos los miembros del consejo parroquial; persuadido, no obstante, de que  sólo a él le toca la delicada función de tomar las decisiones.


La parroquia en el documento de Aparecida

Entre las propuestas de Aparecida está iniciar una nueva etapa pastoral de acuerdo con las circunstancias actuales de los pueblos de América. Se propone renovar las comunidades eclesiales y las estructuras pastorales. Se habla de ser discípulos y misioneros. Desde estas dimensiones de análisis se reflexiona sobre la parroquia.

Se invita a que las parroquias sean formadoras de «laicos misioneros». El documento reconoce que sólo a través «de la multiplicación de ellos [los laicos misioneros] podremos llegar a responder a las exigencias misioneras del momento actual».

 Para lograr esto es menester que la parroquia fortalezca la práctica sacramental. También la parroquia tendrá como tareas irrenunciables iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados, así como a los no bautizados que, habiendo escuchado el kerigma, quieren abrazar la fe.

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