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Habla el sacerdote mexicano Antonio Sandoval, desde Puerto Príncipe
«Desde mi llegada, producto de la Providencia, lo que me encontré fue un pueblo devastado en sus construcciones. Por la noche la gente invade los camellones, cuando los hay, o cierra las calles para organizarse para dormir ahí. La energía eléctrica está suspendida en toda la ciudad. Fogatas en diversos lados hablan de la incipiente organización de la gente para prepararse sus escasos alimentos.
«He recorrido con la gente de Cáritas diversos puntos de Puerto Príncipe. Los sobrevivientes entre los escombros cada día naturalmente han de ser menos. Hoy fueron rescatadas personas vivas del hospital que colapsó, algunos con miembros ya en grado avanzado de putrefacción, a los que no hubo otro remedio que amputarles. Seguetas, cinceles y martillos han suplido la carencia de material quirúrgico adecuado. Las mesas de trabajo plegables se han convertido en lugares para hacer las cirugías necesarias. Las religiosas mexicanas y los médicos que han atendido en el hospital son un ejemplo de entrega incansable. De igual modo nuestros rescatistas mexicanos «topos», que han dejado sus familias y su trabajo para tratar de atender a este pueblo.
«Después de nuestra primera reunión de coordinación de todas las Cáritas presentes en el país para la emergencia, nos dirigimos a visitar las comunidades afectadas fuera de Puerto Príncipe. Petit Goave y Leogane fueron nuestros destinos. La primera con la iglesia destruida y muchas casas, imposibles de contar, a lo largo del camino totalmente en ruinas. En Leogane no pudimos llegar hasta el centro de la ciudad en automóvil porque las vías estaban bloqueadas; caminamos por la avenida principal, que parecía haber sido víctima de un bombardeo, en donde cuatro de cada cinco edificaciones estaban en el suelo. En el centro de la ciudad, en la plaza principal, frente a la iglesia en ruinas, se asentó un campamento con unas 500 tiendas y entre cinco y ocho personas en cada una. Se parece a Puerto Príncipe en su destrucción, pero sin la atención que la capital ha captado. No parece estar llegando la ayuda a estas comunidades.
«Las religiosas de la madre Teresa improvisaron un pequeño hospitalito en una casa que tienen en una zona marginada de la ciudad. De nuevo atendiendo a los enfermos a la intemperie, apenas cubiertos por una lona de media sombra y sobre mesas y camillas improvisadas. La gente que no tiene a dónde recurrir carga a sus enfermos sobre los hombros a veces varios kilómetros. El transporte público es escaso y está saturado, imposible introducir a un enfermo». |