|
OBRAS Y RAZONES
Uno de los problemas más urgentes de atender en nuestro México es la formación de una ciudadanía independiente. En esta lógica, es bueno tener en cuenta que uno de los principales agentes educativos para la ciudadanía es el político, el cual da lecciones a través de su testimonio de vida.
Por Jorge E. Traslosheros
Uno de los problemas más urgentes de atender en nuestro México es la formación de una ciudadanía independiente. En esta lógica, es bueno tener en cuenta que uno de los principales agentes educativos para la ciudadanía es el político, el cual da lecciones a través de su testimonio de vida. La salud de toda república empieza por la conducta de quienes la dirigen, algo que la Roma clásica conoció muy bien y que Cicerón señaló de muy distintas formas. No podemos evadirnos del hecho incontestable de que el ejercicio de la política está ligado a la ética. Un buen gobernante debe ser moralmente probo. No se trata de que sean santos, tan sólo hombres y mujeres virtuosos.
Don Carlos de Sigüenza y Góngora, gran pensador mexicano del siglo XVII, decía, en su Teatro de virtudes políticas que constituyen a un príncipe, que no puede existir un buen gobernante que no tenga como horizonte de vida el ejercicio de la virtud y ponía como ejemplo a los emperadores del México antiguo. Encontraba en ellos el espejo de la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia y los ponía como norma de conducta a los gobernantes de la Nueva España. Mucha falta hace a nuestra clase política una lectura de la obra del sabio Sigüenza.
Esta verdad ha brillado por su ausencia en el accionar de algunos de nuestros políticos. Queden como ejemplo los desfiguros de gente como Fernández Noroña y Muñoz Ledo, por citar los más notorios. Y qué pensar de esa mala comedia de equivocaciones llamada Iztapalapa en donde el candidato que ganó las elecciones es traicionado por el partido que lo postuló y, al final del día, queda gobernando una señora que había sido rechazada por el Tribunal Federal Electoral en razón de sus prácticas corruptas. Las imágenes de políticos groseros, perdidos en sus pasiones, sin la mínima noción de la virtud, poco o nada tienen que ver con el ejemplo que deben poner a la ciudadanía a la cual se deben.
Sería necesario recordarle a nuestra clase política que, ante su inhabilidad para ejercer la virtud republicana propia de una democracia, no hay explicación que valga. Ante el espectáculo que nos regalaron a lo largo del año, y conste que sólo nos hemos referido a lo escandaloso y público, yo pregunto: ¿qué confianza puede tener la población en unos políticos y en unos partidos que no cumplen con una legalidad que, por precaria que sea, enmarca la vida de nuestra sociedad? ¿Qué confianza podemos tener en un partido, para el caso el PRD, que lejos de impulsar la civilidad y el bien común defiende y practica la troglodita ley del más fuerte? Ya es tiempo de que los políticos de todos los colores asuman su responsabilidad primera, que es servir a los ciudadanos. Ahora que, pensándolo bien, ya va siendo hora de que los ciudadanos dejemos de esperar milagros de los políticos y asumamos nuestra responsabilidad. Eso suena mejor. |