|
PORTADA 
El problema sigue siendo el divorcio entre la fe y la cultura - Debemos salir a buscar los fieles y no esperar a que vengana las parroquias - Habla el presidente de la CEM
Monseñor Carlos Aguiar Retes, obispo de Texcoco y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), dio la semana pasada una conferencia magistral sobre las claves para entender y valorar la Quinta Asamblea del Consejo Episcopal de América Latina (CELAM), en Aparecida, Brasil. El Observador resume en diez puntos este importante acto. 1. Aparecida es la gran oportunidad de replantearnos la misión de la Iglesia. Estamos viviendo un cambio de época. Hay signos esperanzadores. Está resurgiendo la sed de Dios: hay un anhelo de lo espiritual. La forma como trabaja hoy la Iglesia no satisface a ese anhelo. Por tanto, es necesario replantearnos una conversión pastoral. 2. Hay signos positivos en este cambio de época; por ejemplo, la necesidad del diálogo y el respeto a la dignidad de la persona. Cada vez nos hacemos más conscientes de que la dignidad de la persona humana le viene dada por sí misma. Aquí tenemos una gran ocasión de hacer valer la obra de la Creación del hombre a imagen y semejanza de Dios. 3. La fe se transmitía casi en automático. Los padres y el ambiente cultural en el que nos movíamos en América Latina eran católicos. Cuando se resquebraja el modelo cultural vigente, la transmisión de la fe enfrenta retos que solamente la transformación del discipulado puede acometer. 4. ¿Cómo contrarrestar el divorcio entre la fe y la vida? Solamente con la convicción de que el Señor me ha llamado, y me está llamando, para una misión. Y tengo que conocer al que me ha llamado, a Jesucristo, y tengo que ser su seguidor. Por lo tanto tengo que conocerlo, amarlo y servirlo. 5. El discípulo aprende y comparte la vida en comunidad. El discipulado tiene, entonces, que hacerse una experiencia de vida en comunidad. La Iglesia tiene que transformarse para que sus instancias sean promotoras de la dimensión comunitaria de los discípulos de Cristo. 6. Jesucristo es la expresión del Reino de Dios: vino a traernos la buena nueva de que Dios nos ama. Cristo sigue vivo mientras tenga discípulos, prolongando el misterio de la Encarnación en cada uno de los miembros de la Iglesia. Pero esa experiencia requiere la comunión. No hay discípulos aislados. 7. Una clave de Aparecida es la conversión pastoral. No es la conversión de los pastores, solamente, es algo que toca a todos: es creer el anuncio de Cristo de que el Reino de Dios se encuentra en medio de nosotros, es creer que a mí me está llamando Dios para manifestar el amor y ser testigo del amor. 8. En esta situación en la que estamos, la Iglesia necesita transformar sus estructuras y orientarlas para que sean misioneras. Ya no podemos estar en una atención clientelar, que venga el «cliente», el fiel, sino que tenemos que tener estructuras para ir hacia donde nos necesitan, hacia donde no han escuchado la buena nueva del Reino. 9. Entonces, con gran creatividad, tenemos que ver cómo nos hacemos presentes en los ambientes de la sociedad y hacer que las parroquias sean instancias que lancen a la acción en esos ambientes. La conversión pastoral es hacer de una Iglesia clientelar, una Iglesia misionera. 10. La vida en Cristo es aquella que pone su fundamento en la relación con Dios, que le da el primer valor a la relación espiritual. A través de esa vida se obtiene la justa apreciación de la vida terrena. El creyente sabe que la vida no se agota en el mundo. Y la vida verdadera se hace como discípulos y misioneros de Jesús. |