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LOS VALORES DE MÉXICO
¿Pueden las Iglesias, las distintas religiones, criticar a las leyes? ¿Pueden sus autoridades, su clero, decir a sus seguidores y a todo quien quiera escucharlos que no les parece una ley?
Por Antonio Maza Pereda
¿Pueden las Iglesias, las distintas religiones, criticar a las leyes? ¿Pueden sus autoridades, su clero, decir a sus seguidores y a todo quien quiera escucharlos que no les parece una ley? La pregunta es pertinente cuando vemos a los políticos atacando a las Iglesias que se oponen al aborto, al matrimonio homosexual o a otros temas con los que algunos políticos se visten de modernos.
Tal vez la pregunta debería ser otra: ¿Por qué se les quiere prohibir que critiquen a las leyes? Es muy claro que los gobernantes quieren estar por encima de la crítica. Se necesita ser muy democrático y muy convencido de sus propios argumentos para permitir la crítica. Entre más se acerca un gobernante a la tiranía, más trata de silenciar a sus críticos.
Hay una frase, probablemente apócrifa, atribuida indistintamente a Lincoln, a Washington y a varios revolucionarios franceses: «No estoy de acuerdo con sus ideas, pero pelearé hasta la muerte para defender su derecho a expresarlas.» Eso es, probablemente, una de las bases de la democracia. ¡Qué lejos están nuestros partidos políticos de este ideal democrático!
Las religiones tienen el derecho de decir sus creencias. No es un derecho que les dan los políticos ni las leyes. Más aún, sus dirigentes tienen la grave obligación, en conciencia, de ser claros en exponer los criterios de su religión. ¿Por qué? Porque creen firmemente que esas enseñanzas son para el bien de los fieles de su congregación. No tienen derecho a imponer sus creencias por la violencia (como en algunos tiempos, desgraciadamente, ha ocurrido con muchas religiones) pero nadie les puede quitar la libertad de expresarse. Como nadie tiene derecho a quitarnos la libertad de expresión o de creencia a los individuos.
Hoy que, una vez más, los partidos políticos quieren acallar a las Iglesias mexicanas, podríamos preguntarnos: si tienen éxito y las callan, ¿qué sigue? ¿Acallar a organizaciones civiles? ¿A los individuos? No es un asunto menor. Callar a los gobernados cuando critican a las leyes es ponerse en el camino de la tiranía. Si sus argumentos son poderosos, la propia fuerza de la razón los impondrá, sin necesidad de que nos impidan a los distintos grupos opinar en contra. Si no tienen argumentos, por favor, no quieran callarnos. |