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COLUMNA ABIERTA 
En una guerra aparentemente a muerte entre medios y gobierno me pregunto cuáles son sus intenciones o expectativas. ¿A qué suponen ellos que nos puede conducir esta guerra, suponiendo que la ganen?
Por Walter Turnbull Las seres humanos -oí decir a alguien alguna vez- son torpes, lentos, inseguros, pero inteligentes; las máquinas son rápidas, precisas, confiables, pero estúpidas. Así, una computadora siempre aventajará al hombre a dibujar, hacer cálculos, crear gráficas, administrar datos, editar música o jugar ajedrez.. Nuestra vida está prácticamente en sus manos. Hasta el momento en que el hombre decide apagarla. Algo parecido sucede con los medios de comunicación. Ellos nos informan, nos entretienen, nos educan. Ellos nos muestran lo que es realidad y la realidad es lo que ellos nos muestran; la realidad es lo que ellos quieren. «El cuarto poder» se les ha llamado, posición que hoy sería discutible: tal vez ya sean el segundo o el primero. Nuestra visión del mundo está prácticamente en sus manos. Hasta el momento en que un hombre decide neutralizarlos. Así como ha pasado recientemente en Venezuela. Hoy contemplamos en México un fenómeno curioso: dos monstruos mediáticos que evocan amargamente los tiempos de la represión mientras atacan sin miramientos al gobierno que les ha dado libertad, en una guerra aparentemente a muerte. Argumentan que el gobierno quiere quitar la libertad de expresión, de la que claramente han abusado todos. Y dramatizan los errores y los peligros y acuñan frases altisonantes: «¡EL GASOLINAZO!». Me pregunto cuáles son sus intenciones o expectativas. ¿A qué suponen ellos que nos puede conducir esta guerra, suponiendo que la ganen? Una posibilidad es que el gobierno se intimide y decida de hoy en delante ceder a todos sus caprichos y ponerse incondicionalmente a su servicio. La otra es que el actual gobierno caiga y su lugar lo ocupe otro, que muy probablemente (casi seguramente) regresará a los tiempos de la represión. Olvidan que las máquinas se pueden apagar. Un problema de México es que la inmensa mayoría de sus gobernantes, desde el primer tlatoani azteca hasta el último presidente constitucional (o tendría que decir «primer»), han tenido actuaciones de cuestionable probidad. El otro es que los mexicanos somos como niños inconcientes a los que hay que amarrar para que no se maten. ¿Será necesario, para vivir en paz, que se apague la computadora? ¿Necesitaremos los mexicanos forzosamente, para entrar al orden, a un Ahuízotl, un Iturbide, un Santa Anna, un Don Porfirio, un Victoriano Huerta, un Díaz Ordaz, un Fidel Castro, un Hugo Chávez...? Algunos parecen desear que sí. |