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Escrito por El Observador   
Domingo 10 de Enero 2010

Image Del 18 al 25 de enero, Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Un año ecuménico, el que acaba de concluir

El 2009 será recordado como un período de avances ecuménicos. En efecto, especialistas en el diálogo con las distintas divisiones del cristianismo percibían un estancamiento en este proceso; sin embargo, la noticia de «abrir las puertas» a los anglicanos para su plena comunión con Roma (ver El Observador No. 748), generó una ola de optimismo. Pero veamos los pasos dados para hacer de la Iglesia de Cristo una y santa.

Acercamiento a los lefebvrianos

El 21 de enero de 2009 se hizo público el levantamiento de la excomunión a  tres obispos de  la Fraternidad Pío X,  la cual les fue impuesta en 1988 por consagrar obispos sin autorización de la Santa Sede. Esta acción es un  esfuerzo del Santo Padre Benedicto XVI para  facilitar  el diálogo  cordial:  «así se daba  un  signo  esperanzador  para  caminar  hacia  la  unidad  plena  en  la caridad  de  la  Iglesia  universal  y  su  deseo  de  llegar  a  poner  fin  al escándalo de la división».

El 26 de octubre se lleva a cabo una primera reunión entre delegados católicos y representantes de los seguidores de Marcel Lefebvre. Allí  se plantearon los temas y el método con que, a partir de ahora, tendrá lugar el diálogo. Los puntos a tratar serán «las cuestiones relativas al concepto de Tradición, al Misal de Pablo VI, a la interpretación del Concilio Vaticano II en continuidad con la Tradición doctrinal católica, a los temas de la unidad de la Iglesia y de los principios católicos del ecumenismo, de la relación entre el cristianismo y las religiones no cristianas, y de la libertad religiosa».

Como podemos apreciar, algunos de los temas tienen que ver directamente con los motivos de la separación. No será sencillo encontrar puntos de acuerdo con respecto al concilio Vaticano II o la comprensión de la Tradición; pero dejar de hacer este fuerzo implicaría hacer caso omiso al deseo de Cristo de la unidad de la Iglesia. El diálogo con ellos está abierto, hay voluntad de las partes por llegar a puntos en común.

En tierra santa

Del 8 al 15 de mayo Benedicto XVI visitó Tierra Santa. Allí tuvo diversos encuentros que fortalecen el el ecumenismo. El 9 de mayo celebró Vísperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y movimientos eclesiales en la catedral greco-melquita de San Jorge. En la tarde de este sábado, las plegarias se elevaron sobre todo en árabe y griego. La Iglesia greco-melquita, de rito bizantino, es una iglesia particular de la Iglesia católica que goza de autonomía y está en plena comunión con el obispo de Roma, y que en Oriente Medio y en la diáspora cuenta con un millón y medio de fieles, casi todos de lengua árabe. Días después, en Jesusalén, participó en un encuentro ecuménico con representantes de las iglesias ortodoxa, anglicana y luterana. Allí Benedicto XVI reconoció la vergüenza que supone la desunión entre cristianos. Por ello les exhortó  a «encontrar la fuerza para redoblar nuestro esfuerzo por perfeccionar nuestra comunión, por hacer que sea completa, para llevar un testimonio común del amor del Padre, que envía al Hijo para que el mundo conozca su amor por nosotros».

Los ortodoxos

Del 16 al 23 de octubre se realizó un encuentro entre ortodoxos y católicos. A la reunión asistieron veinte representantes católicos y estuvieron representadas todas las Iglesias ortodoxas, con la excepción del patriarcado de Bulgaria. Todos los miembros ortodoxos de la Comisión reafirmaron que «el diálogo continúa con la decisión de todas las Iglesias ortodoxas y avanza con fidelidad a la Verdad y a la Tradición de la Iglesia». Los representantes católicos consideran que el documento alcanzado y presentado en calidad de borrador es «una buena base para nuestro trabajo», y confirmaron la intención de continuar el diálogo. El primero de diciembre, el patriarca ortodoxo de Constantinopla reafirmó «el deseo de eliminar los impedimentos acumulados en el transcurso de un milenio para llegar a la plenitud de la comunión» y recordó que el diálogo para llegar a un acuerdo respecto al primado del Papa es difícil pero no debe abandonarse.

Los anglicanos

Por estas fechas se dio anunció que el Vaticano estaba dispuesto a recibir a los fieles y clero anglicanos (El Observador no. 748) que así lo desearan. Esta noticia es fruto del diálogo entre un grupo de la iglesia anglicana autodenominado Iglesia Tradicional Anglicana y la Santa Sede. Este sector está en desacuerdo con la ordenación de mujeres y homosexuales, práctica que se extiende rápidamente por el anglicanismo. Consideran que esto es un desvío grave, por lo cual piden su vuelta al catolicismo. Días después se publica la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, en donde se establecen las reglas, métodos y formas para que los anglicanos alcancen la comunión plena. En noviembre se anunció que en 2010 empezará la tercera fase de la «Comisión Internacional entre Anglicanos y Católicos» (ARCIC), que es una comisión teológica encargada de analizar las diferencias doctrinales. Este esfuerzo surge en 1970. Ahora, 40 años después, inicia una tercera etapa, un paso más en el camino ecuménico.

La Iglesia Una y Santa

El arduo proceso ecuménico ha sido revitalizado. Aún faltan muchas horas de discusión sobre acuerdos doctrinales y disciplinares; sin embargo, parece haber el espíritu, la voluntad e intención de encontrar los puntos en común en medio de las diferencias. La comunión plena entre los cristianos sería un gran paso en la construcción del Reino de Cristo. Sería el triunfo de la caridad; por ello oremos para que esto se pueda lograr.


Orar por la unidad

Del 18 al 25 de enero, Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
Redacción de El Observador

Jerónimo y Verónica salieron de Misa. Habían escuchado al sacerdote hablarles de «arrimar el hombro»  para que los evangélicos, los protestantes, las distintas divisiones del cristianismo encontraran los puntos que los unen y se lograra la «Unidad de la Iglesia». Esto les parecía bastante lejano pues el  párroco les comentó que una parte importante de ese esfuerzo eran  las reuniones que tenían sesudos teólogos de las distintas confesiones. Ellos, católicos de a pie, ¿qué podrían hacer?, pues, obviamente, el diálogo a nivel teológico es cuestión de expertos. Sin embargo, colaborar para restituir la unidad de la Iglesia es algo que está a la mano de todos los católicos, pues cualquiera puede destinar unos minutos a orar.

Un poco de historia

Este es, precisamente, el espíritu que guía el llamado «Octavario por la Unidad de los Cristianos». Esta propuesta surge en 1740, en Escocia, al calor del movimiento pentecostal;  su mensaje por la renovación de la fe llamaba a la oración por todas las Iglesias y con ellas. Un siglo después el reverendo Ignatius Spencer, un anglicano convertido al catolicismo,  sugiere una «Unión de oración por la unidad». Esta propuesta caló hondo en los anglicanos. En 1867 la asamblea de obispos Lambeth  insiste en  la oración por la unidad, en la introducción a sus resoluciones. Veintisiete años después el Papa León XIII recomienda esta práctica. En 1908 se realiza la Celebración  del  «Octavario  por  la  unidad  de  la  Iglesia»,  bajo  la iniciativa del reverendo Paul Wattson. Para muchos, es el nacimiento formal de esta labor. En 1968 la organización de esta actividad recae en la Comisión  «Fe  y Constitución»  del Consejo Ecuménico  de las Iglesias y  el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. A partir de 1975 la elaboración de los materiales de oración corresponde a alguna iglesia local. Esta modalidad le tocó inaugurarla a Australia. En el 2008 se celebraron los cien años de esta práctica.

La estructura

Tal actividad consiste en reflexionar y orar a partir de unos textos bíblicos previamente escogidos; inicia con un canto, después se hace una profesión de fe, se leen los fragmentos de la Biblia, se hacen unas peticiones, termina con una oración de envío y una bendición final. En este año el lema es «Ustedes son testigos de todas estas cosas» (Lc 24,48) y serán las iglesias de Escocia quienes coordinen el evento. Para ellas es especialmente significativo, pues en 1910 los miembros de la asamblea de Edimburgo proponían testimoniar que  la  división  de  los  cristianos  no  solamente  debilita  la eficacia misionera, sino la naturaleza misma de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y su misión.  La asamblea fue conformada por delegados de las distintas ramas del protestantismo y del anglicanismo, a  las que se unió un  invitado ortodoxo.

Como no tenía  capacidad  de  decisión  alguna,  la  Conferencia  limitó su objetivo a ayudar a  los misioneros a forjarse en un espíritu común y a coordinar sus actividades. Ahora, cien años después, Escocia vuelve a ser protagonista de este esfuerzo ecuménico.

La tarea

Jerónimo y Verónica ven cómo cada día aumentan los mexicanos que encuentran compresión pastoral y espiritual en las iglesias protestantes o evangélicas. Es por eso que los católicos debemos prepararnos en primer lugar para dar testimonio de nuestra vivencia y, en segundo, para tener las herramientas que requiere esta nueva realidad. Ambas cosas son y serán siempre sustentadas por la oración.

Celebrar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos es contribuir a que el diálogo teológico rinda frutos, pero también es fortalecer nuestra fe, sensibilizarnos en la tolerancia y abrir nuestros corazones al mensaje actual y universal de Cristo.


Ecumenismo, ¿cuál es nuestro papel?
Por Omar Árcega E.

Alejandra y Myriam han sido vecinas desde los cinco años. Han vivido las tristezas y alegrías de su barrio. Ahora, el día domingo, salen casi simultáneamente a su encuentro semanal de fe. Sin embargo, toman rumbos distintos: Myriam se dirige a un templo católico y Alejandra a uno de otra confesión cristiana. Esta escena se repite a lo largo y ancho del país. Ante esta realidad los católicos debemos tener claridad sobre las actitudes y el ser ecuménicos.

¿Qué es el ecumenismo?

Se entiende por ecumenismo el conjunto de actividades de la Iglesia encaminadas a restablecer la plena unidad de todos los cristianos: es decir, de aquéllos que han recibido válidamente el sacramento del Bautismo e «invocan al Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador» (UR 1) . Con las actividades ecuménicas se pretende que, «superados todos los obstáculos que impiden la perfecta comunión eclesiástica, todos los cristianos se congreguen en una única celebración de la Eucaristía, en orden a la unidad de la una y única Iglesia» (UR 4).

El ecumenismo es una exigencia de la misión de la Iglesia de conducir a los hombres a la salvación, predicando el Evangelio y proporcionando los medios de santificación, porque la unidad de los cristianos es necesaria para que el mundo crea en Jesucristo: «ut omnes unum sint..., ut mundus credat» (Io 17,21), y también porque la Iglesia ha de ofrecer a los mismos cristianos separados «la plenitud total de los medios salvíficos» (UR 3).

Una forma de contribuir a la unidad de la Iglesia

Los católicos de a pie, usted y yo, también tenemos que poseer actitudes ecuménicas, es decir, desde nuestra vida diaria contribuir a esa tan querida unidad. En primer lugar, apoyar el ecumenismo a través de la oración; para ello se creo el Octavario para la Unidad de los Cristianos. Se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta elección tiene un significado simbólico.

En segundo lugar, tener un espíritu de respeto por los hombres y mujeres insertos en comunidades distintas a las católicas; son nuestros hermanos separados, son personas que, por diversas razones, no han sido educadas en el culto católico o han decidido abandonarlo. En tercer lugar, incrementar nuestra formación como católicos; para ello, asistir a los cursos que se impartan en nuestras parroquias, y acercarse a los distintos medios de comunicación católicos; todo esto para tener mayor exactitud y claridad de la riqueza y propuestas de la Iglesia, y así, en el diálogo cotidiano con nuestros compañeros de trabajo, vecinos y/o amigos, tener razones y argumentos de nuestra fe.

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