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ANÁLISIS
La Iglesia también tuvo que sortear otro tipo de dificultades: una serie de ataques debido a sus firmes posiciones en temas capitales como la defensa de la vida, la moral, los derechos humanos y las relaciones internacionales.
Por Gilberto Hernández García Ya desde los albores del 2009, el Papa Benedicto XVI nos había invitado a los cristianos a «no tener miedo» a pesar de las dificultades que se veían venir. Si bien es cierto, Su Santidad se refería a la crisis económica mundial, a la cuestión del cambio climático y otros tópicos mundiales, la Iglesia —en su papel de conciencia de la humanidad— también tuvo que sortear otro tipo de dificultades: una serie de ataques debido a sus firmes posiciones en temas capitales como la defensa de la vida, la moral, los derechos humanos y las relaciones internacionales.
Después de todo, como alguna vez dijera Rafael Navarro Valls —antiguo vocero vaticano—, es natural que «los oleajes mediáticos golpeen con fuerza sobre el Vaticano», ya que la autoridad moral del Papa se ha globalizado de tal forma que se ha convertido en el primer referente espiritual en la Tierra, y con sus mensajes «ha demostrado ser un experto en humanidad».
Volver los ojos a los pueblos sedientos de justicia y paz
Durante el 2009, la paz, la reconciliación, la solidaridad concreta con los pueblos en desarrollo, el respeto a los derechos humanos —entre ellos la libertad religiosa—, la lucha contra el hambre, el respeto a la creación, fueron los temas que con más insistencia trató Benedicto XVI, vicario de Jesucristo.
En el memorable viaje que realizó a África en marzo de este año, Benedicto XVI invitó a la comunidad mundial dirigir los ojos a África, ese «gran continente, tan lleno de esperanza, pero que todavía sigue tan sediento de justicia, de paz, y de un desarrollo sano e integral, que pueda asegurar a su pueblo un futuro de progreso y de paz», porque «nuestro corazón no puede quedarse en paz mientras haya hermanos que sufren por falta de comida, de trabajo, de una casa o de otros bienes fundamentales», afirmó.
En abril el Papa estuvo en Tierra Santa; ahí deploró «la intensa violencia desatada en la franja de Gaza, en respuesta a otra violencia», y afirmó que «también la violencia, también el odio y la desconfianza son formas de pobreza –quizás más tremendas– que combatir». El pontífice mostró su convencimiento del «profundo deseo de vivir en paz que sube al corazón de la gran mayoría de las poblaciones israelí y palestina, una vez más puestas en peligro por la intensa violencia».
Mientras tanto, en su visita a la República Checa –uno de los países más secularizados– en septiembre, exhortó a la vieja Europa a retornar a sus raíces más profundas, donde el cristianismo es fundamento y principio de identidad. El objetivo de su visita fue dar esperanza ante el desencanto que la vida sin Dios ha traído al mundo moderno.
Economía con rostro más humano
En el escenario mundial, Benedicto XVI continuamente alzó la voz a favor de los más pobres de la tierra. Con ocasión de la reunión del G-8, en Italia, el Papa «quiso ofrecer una contribución a la reflexión sobre los temas del encuentro». «Se impone la urgencia de un sistema comercial internacional equitativo» donde se evite la especulación crediticia y se garantice el crédito público y privado al servicio de la producción y del trabajo, especialmente en los países y en las regiones más desfavorecidas», dijo en esa ocasión.
Pero, sin duda alguna, la mayor contribución que Benedicto XVI ha hecho para la superación de la crisis y para el apuntalamiento de una economía global más justa y solidaria, fue la encíclica Caritas in veritate. El documento, que plantea el camino de la ética y la solidaridad como camino, ha sido acogido con optimismo por muchos expertos en el tema económico. Aun hay mucho que descubrir sobre esta reflexión que propone.
Renovación espiritual de la Iglesia
A nivel Iglesia, destaca la apertura del Año Sacerdotal con el que ha querido «contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo», en un tiempo en el que el ministerio sacerdotal y la actividad de la Iglesia son denostados en muchas partes del planeta.
Sin embargo, uno de los acontecimiento que más ha atraído la atención en los últimos meses ha sido la publicación de la constitución apostólica Anglicanorum coetibus de Benedicto XVI, disponiendo algunas medidas de acogida de los anglicanos que han pedido ser recibidos en la Iglesia católica, y que responde a la gran preocupación del Papa por la unidad cristiana como Pastor de la Iglesia universal.
Agenda 2010
El año que apenas despunta se ve complicado para Su Santidad Benedicto XVI y para toda la Iglesia de Jesucristo. El Papa deberá hacer frente a ataques cada día más orquestados contra la autoridad moral que sin duda la Iglesia ejerce.
La cuestión de la libertad religiosa en un mundo que se empeña en vivir como si Dios no existiera, será también uno de los temas más recurrentes en los próximos meses del año.
La unidad de los cristianos, el esfuerzo por consolidar la paz y el entendimiento entre los pueblos, la protección a la infancia para asegurarle una vida plena, la erradicación de la pobreza y la vida digna para todos, son temas que ya se han puesto en la agenda 2010 de Su Santidad, el Papa. |