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¡EUROPA POR CRISTO! 
Muchas personas vienen a esta parte del mundo porque existe esta tradición de tolerancia y, a pesar de las propias tradiciones, pueden acoger calurosamente a quienes no las comparten.
Por Joseph Weiler / www.europe4christ.net Mientras la mitad de la población en Europa vive bajo una constitución que hace mención explícita a Dios y a la Cristiandad, podemos decir que excluir esta mención ridiculiza el lema europeo «unidos en la diferencia», válido aparentemente siempre y cuando esta diferencia no contenga a Dios ni a la Cristiandad. Le pregunté a Valérie Giscard d’Estaing cuál era su postura sobre la cuestión del invocatio Dei o de las raíces cristianas. Y me dijo que estaba a favor, pero que no había consenso y que ellos trabajaban para obtener consenso. Sí, no había consenso, pero ¿por qué adoptar por defecto la no-mención? Y le pregunté al Sr. Giscard d’Estaing: «¿Por qué no ha introducido el invocatio Dei puesto que es creyente? diciendo a continuación: ‘no puedo quitarlo porque no hay consenso’». ¿Por qué ha prevalecido el laicismo francés sobre la fe alemana en la responsabilidad ante Dios y los hombres, o sobre la convicción irlandesa de que toda autoridad mana de la Trinidad, o sobre la elegante solución polaca que reconoce ambos? La tolerancia no es simplemente una práctica social, es la capacidad del alma a sobreponerse, superar, aceptar o a tolerar todo aquello que le es opuesto o contradictorio. ¿Es tolerante decir: «no puedo juzgar, por lo tanto se debe permitir todo»? La verdadera tolerancia, esa disciplina del alma que se esfuerza por no dominar a los otros, no puede más que reposar sobre el reconocimiento de ciertas verdades. Porque la postura de «todo está permitido» no reside en el respeto sino ¡en el desprecio al encuentro con los otros! ¿Cómo puedo respetar la identidad de los otros cuando ni siquiera respeto la mía? ¿Y por qué motivo los musulmanes o los judíos, en tanto que minorías, deberían sentirse seguros en una sociedad que se separa de la evidente identidad religiosa propia? Muchas personas vienen a esta parte del mundo porque existe esta tradición de tolerancia y, a pesar de las propias tradiciones, pueden acoger calurosamente a quienes no las comparten. No puedo respetar verdaderamente a los otros si no me respeto a mí mismo. Debemos festejar, por lo tanto, la riqueza de la herencia cristiana. Olvidarnos de ella es una manía europea, una especie de amnesia del pasado cristiano de Europa. |